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Edición 631

Historia

Los arreglos de Sabinas en 1920

Un gobierno federal provisional surgido del cuartelazo que le urgía controlar el país y un revolucionario carismático como era el Centauro del Norte en franca disminución, necesitaban correcciones

Lucas Martínez Sánchez

Lucas Martínez Sánchez*

El asesinato de Venustiano Carranza a finales de mayo de 1920, como efecto de una poco eficaz estrategia en la sucesión presidencial, se produjo de igual manera en un contexto de falta de reglas políticas que no acuñó el carrancismo. Éste sucumbió bajo la presión de los intereses regionales que no controlaron sus personeros los gobernadores que, de una forma u otra, habían sido designados o impulsados desde la presidencia, como fue el caso del abogado Gustavo Espinoza Mireles en Coahuila. A éstos y a los jefes con mando de tropa, sorprendió y rebasó la organización, estrategia coyuntural y «colmillo» del grupo sonorense. Los aguaprietistas no surgieron por generación espontánea.

En el caso de Coahuila, una poco conocida gira del general Álvaro Obregón por el estado, semanas antes de la muerte de Carranza, le permitió estar el 2 de marzo en Saltillo. Pasó por la región centro y el 9 estuvo en Piedras Negras, lugares donde pronunció discursos y trató con la clase política carrancista en su mayoría, pero con un grupo resentido electoralmente y opuesto al gobernador Espinoza Mireles que encabezaba fuera de escena, pero relacionado con Obregón, el general Luis Gutiérrez Ortiz.

Con la salida del presidente Carranza de la ciudad de México, se consiguió un efecto sin retorno. Las lealtades buscaron seguridad y como sucedió en épocas anteriores con los titulares del ejecutivo que dejaron la sede simbólica del poder, se produjo un vacío político que terminó llenando el avance del Plan de Agua Prieta, el plan político que fue la expresión de militares surgidos de una guerra inmediata, hombres del momento que aún mantenían frescos los laureles de sus victorias y reclamaban su parcela de poder, como finalmente lo consiguieron.

En Coahuila, luego de semanas de cierta confusión, tomó las riendas por tiempo fugaz el general Luis Gutiérrez Ortiz, obregonista de la primera hora, al que desplazarían tiempo después otros más cercanos al grupo sonorense y quienes tuvieron como jefe al general Manuel Pérez Treviño. En el ámbito nacional, la figura del general Adolfo de la Huerta, presidente provisional, buscaba calmar las aguas después del asesinato del presidente, asunto nada menor que requería de habilidad para tranquilizar al país.

De tal manera que la clase política de Coahuila y su población vivieron en el primer semestre de 1920, varios sucesos que marcarían el reacomodo trágico de las fuerzas nacionales en dos casos y en otro un intento por evitar la inestabilidad al precio que fuera necesario: la gira de Obregón y su encuentro con los políticos de todo el estado, el asesinato del coahuilense Carranza con todo el efecto que tuvo entre sus paisanos y un tercer momento, el que nos ocupa, los arreglos del gobierno federal con el general Francisco Villa en la villa de Sabinas. Armisticio es la palabra que ha buscado conservar el buen nombre de las partes involucradas, que por supuesto no eran en sentido estricto dos ejércitos frente a frente, rendición le llaman algunos con la idea de denostar al guerrero en decadencia. Fue ante todo un arreglo, una especie de amnistía, como se usó en siglo XIX, olvidando lo sucedido y obligándose las partes a no entrar en beligerancia.

El suceso no ha estado exento de leyendas y puntos inexactos, veámoslo en parte desde su origen, que de alguna manera nos explica el momento. El presidente De la Huerta inició desde su posición los acercamientos necesarios con Villa a través del ingeniero Elías Torres, quien se entrevistó con Villa en la hacienda de Encinillas de la jurisdicción de Camargo, entre el 2 y 4 de julio. Al menos parece partir de ahí la negociación efectiva, según las investigaciones realizadas. Villa envió una serie de exigencias para salvaguardar su margen de maniobra en Chihuahua que —si bien serán al final otras— fueron las que dieron idea al gobierno federal de sus intenciones que, como toda negociación, al conocerlas, De la Huerta manifestó una posición dura pero abierta a negociar, no aceptó el pedido de Villa pero le hizo una contrapropuesta, que como planteó el investigador Paco Ignacio Taibo, aceptaron y firmaron Plutarco Elías Calles y Benjamín Hill.

Bajo ese contexto, las operaciones en contra de Villa por parte del general Gonzalo Escobar llevaban la mano del general Joaquín Amaro, intervención que hizo fracasar una nueva reunión entre Villa y Torres en Saucillo, habiéndola planificado desde Torreón. Era pues el eje Calles como ministro de guerra y Obregón candidato presidencial, quienes no justificaban la negociación. Villa quedó entonces dueño de armar su propia estrategia frente al gobierno en pleno reacomodo.

Un gobierno federal provisional surgido del cuartelazo que le urgía controlar el país y un revolucionario carismático como era el Centauro del Norte en franca disminución, así que ambos necesitaban de un arreglo, pero los generales lo estaban complicando. Se decidió entonces marchar a la región centro-norte de Coahuila, en ello influyó la opinión del general Sóstenes Garza, originario de San Buenaventura, Coahuila. La región, en términos reales, no le era tan desconocida al general, un año antes había estado en la villa de Múzquiz, que no guardó buenos recuerdos de él por su entrada furtiva. Conocía bien lo que significaba una travesía por el Bolsón de Mapimí y su extensión más al norte. Cuando entró a Múzquiz lo hizo desde la parte norte de Coahuila, donde encontró a un joven muzquense, Felipe Garza Guerra, que lo guió hasta el «oasis del norte».

El general Francisco Villa atravesó desde Encinillas el desierto con rumbo al municipio de Ocampo, al que tocó al norte en la hacienda del Guaje el 16 de mayo, avanzó con sus 850 hombres a Charcos de Figueroa a donde arribó el día 20, llevando como vanguardia de la columna al general Nicolás Fernández.

Prosiguen sobre la sierra, movidos por la sed al Presón de la Esperanza, donde permanecen dos días. Por el norte de San Buenaventura llegaron el 22 hasta el rancho de Santa Elena, lugar en donde encontró a Esteban Falcón Lozano, un joven oficial carrancista a quien Villa había tratado en el maderismo, pues fue parte de la escolta que lo condujo preso a la ciudad de México y conocido, por supuesto, por el general Sóstenes Garza, su paisano.

El contingente avanzó hasta el Fortín de los Zaldúa, el día 24. Con probabilidad, siguieron luego el bordo del ferrocarril, según un testimonio de la época, antes de llegar a la villa de Sabinas, Villa y su contingente encontraron un automóvil que procedía de la villa de Progreso, en él viajaba el antiguo diputado constituyente Jorge E. Von Versen, a quien Villa reconoció y le recordó alguna opinión en su contra que el diputado coahuilense había dicho con su estilo personal en la tribuna. El asunto no pasó a mayores, Villa iba sobre su objetivo.

Fue así que a las cuatro de la mañana del 26 la columna de Villa estaba frente a la villa de Sabinas a la que rodeó y se dirigió a tomar la guarnición. Si su larga y penosa cabalgata lo llevó a «renegociar» con el gobierno en otras condiciones, su entrada a la villa de Sabinas el 26 de julio no estuvo exenta de violencia, sea porque la pequeña guarnición de esa villa no tenía noticias de él. Lo más seguro es que se entabló un tiroteo, en que algunos soldados federales perdieron la vida, pero sólo eso pues, tomada la villa en los días subsiguientes, población y autoridades contemporizaron con el famoso general. Se ha sostenido que Villa se dirigió a Sabinas como punto neurálgico del abastecimiento de carbón a los ferrocarriles para desde ahí negociar con cierta ventaja, pero todo indica que no fue así, tanto como retirarse lo más posible de las fuerzas federales que lo perseguían en el sureste chihuahuense, de cualquier forma el general Amaro actuó enviando al general Medinaveitia hasta estación Hermanas, donde se mantuvo a la expectativa.

A la villa de Sabinas le quedaron varias anécdotas de los días que fue su huésped. En la casa del norteamericano Lamar, el famoso guerrillero y revolucionario, ahí se encontró en el cálido mes de julio con el general Eusebio Martínez procedente de Torreón con su respectiva escolta. Fue el enviado del presidente Adolfo de la Huerta para pactar las condiciones del retiro a la vida privada del creador de la División del Norte, situación de la que tuvieron al tanto vía telegráfica al jefe provisional del ejecutivo federal. Ahí se acordó la mañana del 28 de julio el número y paga que la escolta personal de Villa debía tener y su retiro a la hacienda de Canutillo, en Durango, como lugar de su residencia, propiedad que disfrutó hasta su muerte en 1923.

Concluidos los arreglos que tiempo atrás se habían iniciado, no sin contratiempos de sus futuros asesinos, el general Francisco Villa se retiró de Sabinas el día 28 a caballo y siguiendo en parte el camino por el que había llegado, pero para tal efecto su retorno fue tranquilo. Se le ofreció una comida en la villa de San Buenaventura en casa de la familia de Esteban Falcón Lozano el maderista y carrancista dueño del rancho de Santa Elena, cuyo mantel conserva su sobrina nieta Rosario Rivera Falcón, y de donde era también el villista general Sóstenes Garza. Ahí descansan algunos días y el 4 pasaban por la villa de Nadadores. El 5 hubo otra celebración en su honor en la villa de Cuatro Ciénegas, de la cual se conserva una fotografía con los hombres principales de la población; paradojas del destino. De Cuatro Ciénegas partió rumbo a San Pedro de las Colonias por El Hundido. Finalmente podemos comentar que lo ocurrido en Sabinas se originó semanas antes, por la voluntad del nuevo gobierno de tener un acuerdo con quien les representaba una constante amenaza, tal vez no con las proporciones de 1914 y 1915, pero amenaza al fin, y en ese escenario se escogió, alguien propuso. De cualquier forma, en la villa de Sabinas se acordó simbólicamente el fin de una década de guerra y de revoluciones. E4

*El autor es investigador de temas históricos regionales.

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Sabinas. Sede de la culminación de una década de guerra

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