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Edición 626

Historia

Dos mundos completamente diferentes

Inesperado y sorprendente fue lo que los españoles encontraron en el Nuevo Mundo; así describe Bernal Díaz del Castillo el avance cultural y arquitectónico con el que se toparon

Luis García Valdez

Esta historia es presentada por cumplirse 500 años del encuentro entre dos culturas muy diferentes y que se supone que de este encuentro nació lo que hoy es conocido en el mundo como México. Esta historia es presentada por un cronista que acompañó a Hernán Cortez en su primer encuentro con Moctezuma en la llamada Tenochtitlan. Es muy importante lo que cuenta el Sr. Bernal Díaz del Castillo. Por ejemplo, narra que antes de llegar a lo que hoy es México, fueron aposentados como invitados por el señor de Iztapalapa. Él dice lo siguiente de los palacios donde descansaron. Se sorprende de cuán grande y bien labrados eran, de cantería muy prima, y de madera de cedros y otros buenos árboles olorosos, con grandes patios y cuartos, casas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodón.

«Después de bien visto todo aquello fuimos a la huerta y jardín, que fue cosa muy admirable verlo y pasearlo, que no me hartaba de mirar la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenía, y andenes llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra, y un estanque lleno de agua dulce. Otra cosa de ver, que podían entrar en el vergel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenía hecha, sin saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido de muchas maneras de piedras y pinturas en ellas que había harto que ponderar, y de las aves de muchas diversidades y raleas que entraban en el estanque».

Él sigue diciendo: «pasemos adelante y diré cómo trajeron un presente de oro los caciques de aquella ciudad y los de Cuyacan (Coyoacán) que valía sobre 2 mil pesos. Cortez le dio muchas gracias por ello y diré en aquella sazoner muy gran pueblo, y estaba poblada la mitad de las casas en tierra y la otra mitad en agua y ahora en estos tiempos está todo seco y siembran donde solía ser la laguna, está de otra manera cambiado.

«Que si no lo hubiera visto antes, dijera que no era posible que aquello que estaba lleno de agua que está ahora sembrado de maizales.

«Luego otro día de mañana partimos de Iztapalapa, muy acompañados de aquellos grandes caciques que atrás he dicho; íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México, que me parece que no se torcía poco ni mucho, y puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes que no cabían, unos que entraban a México y otros que salían, y los indios que nos venían a ver, que nos perdíamos de tantos que vinieron, porque estaban llenas las torres y cues y en las canoas y de todas partes de la laguna, y no era cosa de maravillar, porque jamás habían visto caballos ni hombres como nosotros. Y de que vimos cosas tan admirables que no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante, aparecía que por una parte en tierra había grandes ciudades y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchos puentes de trecho a trecho y por delante la gran ciudad de México y nosotros aún no llegamos a 400 soldados y teníamos muy bien en la memoria las pláticas y avisos que nos dijeron los de Guaxocingo y Tlaxcala y de Tamanalco, y con muchos otros avisos que nos dijeron para que nos guardásemos en entrar a México, que nos habían de matar desde que dentro nos tuviesen; ya que pasemos adelante. Íbamos por nuestra calzada, llegamos donde se aparta otra calzadilla que iba a Coyoacán, que es otra ciudad, donde estaban unas como torres que eran sus adoratorios. Vinieron muchos principales y caciques con muy ricas mantas si, con galanía de libreas diferenciando unos caciques de los otros, y las calzadas llenas de ellos, y aquellos grandes caciques enviaba el gran Moctezuma adelante a recibirnos y así como llegaban ante Cortez decían en su lengua que fuésemos bienvenidos, y en señal de paz tocaban con la mano en el suelo y besaban la tierra con la misma mano.

«Así que estuvimos parados un buen rato, y desde allí se adelantaron Cacamatzin, señor de Texcoco, y el señor de Iztapalapa, el señor de Tacuba y el señor de Coyoacán a encontrarse con el gran Moctezuma que venía cerca en ricas andas, acompañado de otros señores y caciques que tenía de vasallo.

«Ya que llegamos cerca de México donde estaban otras torrecillas se apeó el gran Moctezuma de las andas, e iba del brazo de aquellos grandes caciques debajo de un palio muy riquísimo maravilla y el color de plumas verdes con grandes labores de oro, con mucha argentería y perlas y piedras chalchiuis que colgaban de unas como bordaduras, que hubo mucho qué mirar en ello, y el gran Moctezuma ricamente ataviado, según su usanza y traía clazados unos como cotara, que así se dice lo que calzan; las zuelas de oro y no y preciada pedrería por encima de ellas. En este primer encuenro entre Cortez y Moctezuma el primero le regala a Moctezuma un collar de piedras de vidrio, que ya he dicho pues se dicen margaritas, que tienen dentro muchas labores y diversidad de colores y venía ensartado en unos cordones de oro con almizque para que diese buen olor. Por su parte, Moctezuma regala a Cortez un muy rico collar de oro de hechura de camarones, obra muy maravillosa y el mismo Moctezuma se lo puso al cuello a nuestro capitán.

«Después de estos nos retiramos a los aposentos a descansar» y cuando llegaron a descansar les tenían preparado una comida muy suntuosa, a su uso de costumbre que luego comieron. Y luego dice el cronista: «esta fue nuestra venturosa y atrevida entrada en la gran ciudad de Tenochtitlan México a ocho días del mes de noviembre, año de nuestro salvador Jesucristo de mil quinientos diecinueve años (8 de noviembre 1519) gracias a nuestro señor Jesucristo por todo.

«Otro día acordó Cortez de ir a los palacios de Moctezuma y primero envió para que supiese que íbamos y llevó consigo 4 capitanes que fue Pedro de Alvarado y Juan Velázquez de León y a Diego de Ordaz y a Gonzalo de Sandoval y también fuimos 5 soldados, y como Moctezuma lo supo, salió a recibirnos a mitad de la sala, muy acompañado de sus sobrinos, porque señores no entraban ni comunicaban donde Moctezuma estaba si no era de negocios importantes.

«Después de este encuentro, Moctezuma los hizo sentar a Cortez a su mano derecha y a los otros en otros asientos. En esta ocasión Cortez aprovechó el momento para decirle que éramos cristianos y que adorábamos a un solo Dios verdadero, que se dice Jesucristo, el cual “padeció muerte y pasión para salvarnos”, y les dijimos que una cruz era señal de otra donde nuestro señor Dios fue crucificado por nuestra salvación, y que esta muerte y pasión que permitió que así fuese por salvar por ella todo el linaje humano, que estaba perdido, que este nuestro Dios resucitó al tercer día y está en los cielos y es el que hizo el cielo y la tierra, y el mar y arenas, y creó todas las cosas que hay en este mundo y da las lluvias y rocíos, y ninguna cosa se hace en el mundo sin su santa voluntad, y que en Él creemos y adoramos.

«Y luego le dijo muy bien dado a entender, de la creación del mundo y cómo todos somos hermanos, hijos de un padre y una madre, que se decían Adán y Eva.

«Y Moctezuma respondió: “muy bien tengo entendido vuestras pláticas y razonamientos antes de ahora, que a mis criados, antes de esto les dijiste en el arenal eso de tres Dioses y de la cruz y todas las cosas que en los pueblos por donde habéis venido habéis predicado; ni os hemos respondido a cosa ninguna de ellas porque desde Abinito acá adoramos nuestros dioses y los tenemos por buenos; así deben de ser los vuestros y no curéis más al presente de hablarnos de ellos; y en eso de la creación del mundo, así lo tenemos nosotros creído muchos tiempos pasados”.

«Después de esto sigue una serie de pláticas o conversaciones entre estos dos personajes. Moctezuma le dice a Cortez que supuestamente sus antecesores le habían dicho de personas que llegarían de donde sale el sol y que tenían noticias de capitanes que vinieron con navíos por donde ellos llegaron y Cortez les dice que ellos habían venido a ver el camino y mares y puertos para saberlo muy bien y después venir nosotros como veníamos refiriendo. Se contestó a los viajes de Francisco de Córdova y Grijalva cuando vinieron a descubrir la primera vez. Y Moctezuma le dijo que desde entonces él tenía el deseo de conocerlo y tenerlo en su reino y ciudades para honrarles y que se le habían cumplido sus deseos de tenerlos cerca y que si acaso había en el pueblo un poco de miedo hacía ellos era porque les habían contado que ellos echaban rayos y relámpagos, y que con los caballos mataban muchos indios, y que eran como teules bravos y otras cosas y ahora que había visto nuestras personas y que somos de hueso y carne y de mucha razón, y sabe que somos muy esforzados y por estas causas nos tiene en mucha estima.

«Y luego Moctezuma dijo riendo, porque en todo era muy regocijado en su hablar de gran señor, “bien que se te han dicho esos de Tlaxcala, con que tanta amistad hubiese tomado, que yo soy como Dios o teul y que cuanto haya en mis cosas es todo oro y plata y piedras ricas; bien tengo conocido que como sois entendido, que no lo creerías y lo tendrías por burla, lo que ahora veis mi cuerpo de hueso y carne como lo vuestro, mis cosas y palacios de piedra y madera y cal, de señor, yo gran rey sí soy y tener riqueza de mis antecesores sí tengo, mas no las locuras y mentiras que de mí os han dicho así que lo tendréis por burla, como yo tengo como de nuestro truenos y relámpagos”. Y Cortez respondio también riendo, y dijo que “los contrarios enemigos siempre dicen cosas malas y sin verdad de los que quieren mal”».

Es casi seguro que todos quisiéramos saber cómo era Moctezuma en su apariencia y en su físico y el Sr. Bernal Díaz del Castillo nos cumple este deseo.

«Era el gran Moctezuma de edad de hasta 40 años y de buena estatura y bien proporcionado, y cenceño, y pocas carnes y el color ni muy moreno, sino propio color y matiz de indio, y traía los cabellos no muy largos, sino cuanto le cubrían las orejas, y pocas barbas prietas y bien puestas y ralas, y el rostro algo largo y alegre, y los ojos de buena manera y mostraba en su persona en el mirar, por un cabo amor y cuando era menester gravedad; era muy pulido y limpio, bañábase cada día una vez, a la tarde tenía muchas mujeres por amigas, hijas de señores, puesto que tenía dos casicas por sus legítimas mujeres, que cuando usaba con ellas era tan secretamente que no alcanzaban a saber sino alguno de los que le servían. Era muy limpio de sodomías; las mantas o ropa que se ponía un día no se las ponía sino de tres o cuatro días; tenía como 200 principales de su guarda en otra sala junto a la suya».E4

Esta historia continuará…

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