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Edición 620

Imaginario colectivo

Violencia y vida se escriben con «I»

Ese miedo registrado en el cerebro del vulnerable hombre de las cavernas ante los infinitos peligros es el miedo del cerebro del vulnerable hombre en la posmodernidad. Y esas conexiones neuronales prehistóricas que asociaron poder, seguridad e incluso placer al ejercer violencia son las conexiones neuronales que hoy, casi en el 2020, nos llevan a optar por el odio al otro, por congelarnos ante el otro, por huir del otro

Renata Chapa
Twitter: @RenataChapa
Email: centrosimago@yahoo.com.mx

El doctor Mario Alonso Puig, desde España; el neurocientífico Facundo Manes, desde Argentina; y la sicoterapeuta Ginette Paris, desde Canadá y Estados Unidos, me dieron un mismo regalo, a su manera. Me enseñaron que nuestro cerebro —con sus infinitas posibilidades de aprender en esta «sociedad de la información» o «sociedad del conocimiento» que ahora nos toca vivir— se encuentra histórica y genéticamente condicionado para sobrevivir, y no para «ser feliz», cuando se ve amenazado y le invade el miedo.

Ese miedo registrado en el cerebro del vulnerable hombre de las cavernas ante los infinitos peligros es el miedo del cerebro del vulnerable hombre en la posmodernidad. Y esas conexiones neuronales prehistóricas que asociaron poder, seguridad e incluso placer al ejercer violencia son las conexiones neuronales que hoy, casi en el 2020, nos llevan a optar por el odio al otro, por congelarnos ante el otro, por huir del otro. Cerebro-supervivencia-violentación. ¿Es posible desafiar semejante legado?

Por elemental que parezca mencionarlo, la palabra «violencia» se escribe con «V»; y la letra «V», con una dosis de imaginación —un tanto lúdica y no— está compuesta, a su vez, por dos grafías. Son dos letras «I» latinas, inclinadas, las que conforman la «V».

Hasta donde yo alcanzo a leer y, sobre todo a sentir, la primera «I» con que trazamos la «V» de «violencia» es la de la palabra «ignorancia». La segunda «I» corresponde a la del vocablo «impunidad». «Ignorancia» e «impunidad» van por la parte frontal de la «V» de «violencia»; y, por atrás, como duro soporte, la «I» de «indolencia» y la «I» de «insensibilidad». ¡Vaya escenario gramatical de tanta «I»njusticia!

Continentes-culturas-paz

Quizá estos lentes míos, con los que he podido distinguir que «violencia» se escribe con «I», por supuesto que con otra graduación, con otra marca, con otro estilo, son como los que porta Alfredo Rojas. Sé que a través de sus gafas él ha visto —y ha actuado— durante más de treinta años como activista a favor de la paz y la democracia mundiales.

Ejemplos contundentes de su ejercicio altruista abundan, pero vale subrayar su intervención como promotor del diálogo para la resolución pacífica del conflicto armado en Chiapas con el EZLN; de los derechos de pueblos indígenas; y de docenas de misiones de paz en diferentes puntos intercontinentales.

Irak le brindó el empoderamiento necesario para presentar un «tratado de paz» ante las Naciones Unidas (NU) y el Vaticano. El gobierno de Irán lo reconoció como aliado constructor de paz. En los conflictos políticos de Corea del Norte intervino para lograr resoluciones pacíficas. Su intermediación a favor de la paz suma acuerdos con líderes gubernamentales de primer nivel en Palestina, Israel, Arabia, Cuba, por citar algunos países, y ha logrado la liberación de docenas de prisioneros políticos.

Es clave su interlocución con activistas, periodistas, políticos, líderes religiosos y profesionales del ramo de la abogacía entregados por la defensa de los derechos humanos. Este 2019 registra participaciones en el Encuentro Internacional por la Paz en la Frontera Sur, el Foro por Espacios Libres de Humo de Mariguana en defensa de derechos humanos de mujeres y menores y en las NU por la Independencia de Puerto Rico. Por éstas y más razones, Alfredo Rojas se encuentra nominado a un reconocido Premio Internacional por la Paz.

De los libros escritos y coordinados por Alfredo, un par es imperdible: Del abuso al genocidio (Ed. Porrúa, 1a. ed., México, 2018), y Ecocrak: Rebus Sic Statibus o moratoria global. La pluma de Alfredo, así como la de las voces internacionales por él compiladas y contrastadas, evidencian en ambos textos que, tanto a nivel global como a ras de epidermis, la triada cerebro-supervivencia-violentación genera una fuerza centrífuga de pobrezas y dolores que nos llevan a sentir miedo dentro y fuera de nuestros hogares; miedo dentro y fuera de nuestros trabajos; miedo dentro y fuera de nuestros círculos familiares; miedo dentro y fuera de nuestro país. Pagamos altas facturas derivadas de la ignorancia, la impunidad, la indolencia, la insensibilidad.

Genocidio-Ecocidio-Horror

La periodista Rosa Gallardo abre su reportaje «Esgrima, salud para el cuerpo y la mente», con una puntual cita de la novela El maestro de esgrima del brillante narrador cartaginés, Arturo Pérez Reverte: «La esgrima es como la comunión. Hay que ir a ella en la debida disposición de cuerpo y alma. Contravenir esa ley suprema trae implícito el castigo». La palabra «esgrima», según consigna la Real Academia Española, procede del verbo «esgrimir» que tiene su raíz en el vocablo germánico skermjan, que significa «proteger». No es gratuito, entonces, que el deporte practicado por Alfredo Rojas durante años —con cuatro horas de entrenamiento al día— haya sido, precisamente, la esgrima. Es muy probable que de ahí haya aprendido la defensa propia para luego aplicarla en el activismo por los derechos del otro. Esta no es una misión para voluntades e intelectos tibios ni intermitentes, como lo deja ver el escritor y periodista ibérico, especialista en conflictos armados.

Con el foco puesto en el perfil del opositor, y con arma blanca en mano, el académico Rojas Díaz Durán hoy esgrime a su manera. Así como cuenta derrotas, así también un tranco de victorias en colectivo. Sus publicaciones pueden considerarse puntos a favor con alta dosis de polémica. A través de cada libro traído a la luz, gana él, ganan los ensayistas e investigadores compendiados, y ganamos, a través de sus plumas, millones de violentados alrededor del globo. Sin embargo, otros poderosos contendientes, al saberse perdidos, evidenciados, destronados y castigados página a página, optan por dar más batallas. Su táctica consiste en bajísimos golpeteos que vuelven más tortuosa la ya de por sí desgastante lidia por la paz.

En efecto: Del abuso al genocidio y Ecocrak representan dos triunfos tangibles. Dan cuenta en blanco y negro de repetidos escenarios de encono, destrucciones y muerte. Visibilizan la ignorancia que lleva al aniquilamiento personal y entre las especies; señalan la impunidad con la que actores bien definidos obran con sanguinaria alevosía para amedrentar y anular la existencia del semejante, aun a costa de la suya; ofrecen pruebas de la indolencia y de la insensibilidad ciudadanas, compartidas en dantesca corresponsabilidad, y la manera en que los roles del violentador y el violentado se entronizan cada día más.

Hasta aquí, parecería que el marcador favorece la libertad de expresión de equipo del maestro Rojas Díaz Durán. No obstante, el mismo par de textos, Del abuso al genocidio y Ecocrak, también entrañan una alarmante paradoja: a pesar de la fortaleza de las voces convocadas y sus robustas argumentaciones, a pesar de la presentación de sólidas evidencias multidisciplinarias, a pesar de sus aportes para el análisis profundo, el debate de altura, la construcción del conocimiento y de propuestas emergentes para elevar la calidad de vida. La palabra «violencia» sí que se escribe con «I». El lector promedio opta por la ignorancia, lee sin leer y menos aún sin poner en sana práctica lo leído; goza de su impunidad al comprobar que «la vida sigue», que «no pasa ni pasará nada, y concluye, indolente, que los estados de riesgo y de alta emergencia en materia de derechos humanos y la salvación del planeta no son problema suyo. El lector opta por esa blindada, ciega y muda insensibilidad —por su personalísimo LectoCrack— en lugar de entrenarse en el equipo mundial de esgrima y defender, unidos, lo que nos corresponde por derecho.

17 estaciones

El paseo por las casi trescientas cuartillas que conforman Del abuso al genocidio ofrece 17 paradas a cargo de dos mujeres, una colombiana y una mexicana; siete interlocutores por parte de México; tres de origen argentino; y Bolivia, Paraguay, Uruguay, Guatemala y Puerto Rico hablan a través de sus correspondientes analistas.

Títulos y autores de los ensayos dan una primera muestra del nivel del combate y negociación. La introducción, «De la guerra y las promesas (Incumplidas) de la paz» corre a cargo del analista José Steinsleger. El capítulo primero, va por la pluma del compilador de Del abuso al genocidio, Alfredo Rojas Díaz Durán: «Alcances y limitaciones de la justicia internacional en materia de crímenes contra la humanidad».

Con «Desaparición forzada. Herida abierta de la guerra sucia», sacude el doctor en antropología, Gilberto López y Rivas. El doctor en política y mediador por la paz, José Enrique González Ruiz comparte el ensayo, «Nunca más una desaparición forzada. Continúa «Crímenes de lesa humanidad. Fundamentos y ámbitos de validez» por el catedrático de la Universidad de Buenos Aires, Marcelo Ferreira, Profesor titular de la Cátedra Libre de Derechos Humanos.

El periodista Jorge Mansilla levanta las tintas con «Bolivia, la gran lección de resistir». «Memoria y comprensión. El sistema jurídico-político nazi como experiencia social total» es el nombre de la entrega de César Benedicto Callejas, egresado de la carrera y posgrados en derecho por las universidades Iberoamericana y Nacional Autónoma de México. El maestro de economía y política, Carlos Verón de Astrada presenta la investigación, «La realidad de Paraguay». Las hijas subsecuentes son para «La larga lucha por la dignidad en Uruguay. Dictadura. Resistencia. Memoria. Justicia. Reparación de historiador y especialista en delitos contra la humanidad, Oscar Destouet. El guerrillero y columnista, César Montes, firma con fuego centroamericano, «Genocidio en Guatemala».

Por parte del ministro Jorge Drkos, aparece el ensayo, «Democracia y derechos humanos en Argentina». Fuertes experiencias jurídicas en la defensoría de los derechos humanos aparecen en «La nación que resiste el genocidio» del puertorriqueño Eduardo Gratie Villanueva. La mujer que representa a Colombia en esta compilación es la abogada e investigadora Anamaría Ramírez Ortíz. Defiende el ensayo «El genocidio político y la desaparición forzada como prácticas del poder político y criminal: una reflexión para hablar sobre Colombia».

«Limitación y exceso de justicia» es de la autoría del mexicano José Elías Romero Apis, ex presidente de la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados y ex subprocurador de la República y del Distrito Federal. Por «El genocidio armenio de 1915» responde el unamita e investigador especialista en los conflictos políticos de Armenia, Carlos Antaramián. El ensayo penúltimo es «La bomba atómica en la guerra. El ser humano ante esa cruel lección de la historia» del comunicólogo egresado de la UNAM, Ernesto Gonzalo González Gálves. Con la otra voz femenina cierra la estratégica reunión de ensayos por los derechos humanos: Palmira Telésforo Cruz desarrolla «Ruanda» desde su plataforma como académica, investigadora y experta en el tema del genocidio internacional. Es el distribuidor especializado en libros jurídicos, «Dijuris», la alternativa para solicitar, leer y replantear nuestra incidencia social con «i».

Comedia infernal

El de Ecocrak también es otro viaje alrededor del mundo, no menos lacerante que el del libro anterior. Pareciera una nueva edición, sin un ápice de fantasía, de la visión de Alighieri ahora en una comedia nada divina. Más bien, infernal. La lista, latigazo a latigazo, es condenatoria. Animales, plantas, recursos acuíferos, condiciones climáticas, fenómenos naturales y, sobre todo, el hombre. La contradictoria naturaleza humana y su triada cerebro-supervivencia-violentación.

Alfredo Rojas necesita y debe reverberar la palabra sostenida en Ecocrak: «El patrimonio de la humanidad más valioso está a punto de perderse y, junto con ello, muy probablemente la vida de la mayor parte de las especies, pasando por la del ser más inteligente del planeta. (…) Declaraciones del secretario general de la Organización de Naciones Unidas (NU), António Guterres, muestran la gran decepción por los resultados de la última reunión del G20 al colocar al cambio climático en los puntos menos relevantes. No se ha entendido que el futuro nos alcanzó por lo que debemos tomar decisiones urgentes desde los movimientos de resistencia alterglobalistas para reconstruir las instituciones multilaterales con una nueva visión y se actúe inmediatamente sin distinción de credo o raza, ante dos graves problemas que la humanidad enfrenta el día de hoy: la deuda externa de las naciones y el cambio climático».

Una pregunta apareció en los párrafos iniciales al abordar lo que hoy en día se convierte en un «Triángulo de las Bermudas» aún más oscuro y mortífero: «Cerebro-supervivencia-violentación. ¿Es posible desafiar semejante legado?».

Convencido de su propuesta, así responde el coordinador de misiones mundiales de paz en Ecocrak: «(Urge) Tomar la primera y gran decisión para evitar el crack de los sistemas ecológicos globales, Ecocrak; declarar inmediatamente la moratoria global (Rebus Sic Statibus Global) tanto de países subdesarrollados como desarrollados, y enfocar todos los recursos de todo tipo y en todo momento para reorganizar la nueva sociedad sin fronteras, con un espíritu de solidaridad empática. Es decir, construir la nueva forma de organización social: la empaticracia global o solidaridad comunitaria global. La clave para evitar el Ecocrak es evitar perder un solo minuto desde ahora para que sobreviva la especie más débil, el ser humano, al romer el principal yugo que actualmente se tiene sobre las naciones: la deuda externa y sus modelos de empobrecimiento y esporulación».

«Vida» se escribe con «I»

La misión a la que fue llamado Alfredo Rojas depara esperanzas. Varias revelaciones son compartidas en Del abuso al genocidio y Ecocrak. Así como la palabra «violencia» se escribe con «I», así también sucede con otro término igualmente sostenido por cuatro letras «I»: la «I» de «inteligencia»; la «I» de «involucramiento»; la «I» de «igualdad»; y la «I» de «ideales». Este último término, sin duda, es el que puede unirnos con la convicción de un ahora justo, fraterno, en paz. Un posible mejor mañana. Y esa palabra está aquí, en nuestra mano, y también se escribe con «V» con estas otras cuatro letras «I», por enfrente y por detrás: gracias a la «vida» que nos ha dado tanto.

Que la comunión de cierre, la estocada del gane vital, corra a cargo del esgrimista por los derechos humanos y la paz, Alfredo Rojas Díaz Durán: «Para algunos, el camino parece claro. Pero, para la mayoría, es como si fuera una película de terror interminable que prefieren eludir al saber que un sinfín de actos conducen al mismo destino. Transitan un laberinto del terror ecológico y financiero sin tener ruta visible de escape. Es el momento para que todos se incorporen a los movimientos de resistencia global, a la decostrucción que rompe con los marcos de referencia existentes ante los nuevos escenarios de convivencia. Aquellos en los que la vida sea menos material y mucho más espiritual: completamente integrada a la madre Tierra». E4

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