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Edición 617

Sociedad

Politización de la empatía, ¿prioridad disfuncional?

La cultura ha cambiado. Como en muchas otras, una de las áreas cotidianas en que esa cuestión es relevante es la publicidad. Optar por una u otra línea de discurso para una campaña puede jugar a favor o en contra de quien lo emite, de ahí lo complicado que resulta delinear las estrategias, dice el mercadólogo Ángel Cáceres.

Javier Mariscal

En el ámbito social, la autopercepción de la forma en que los demás nos ven y la importancia que cada quien le da a ese asunto de la vida es elemento que juega de maneras diversas.

La cultura ha cambiado. Como en muchas otras, una de las áreas cotidianas en que esa cuestión es relevante es la publicidad. Optar por una u otra línea de discurso para una campaña puede jugar a favor o en contra de quien lo emite, de ahí lo complicado que resulta delinear las estrategias, dice el mercadólogo Ángel Cáceres.

En la actualidad, la evolución de ese tema es aparentemente fácil de notar. En su libro Semejanza y Comunidad; hacia una politización de la fenomenología, Carlos Belvedere devela cómo la mercadotecnia refuerza la tendencia a usar de pronto a personajes o temas afines a las mayorías, generalmente porque nos representan.

Un ejemplo, dice Cáceres, es el llamado «fenómeno de las ladies y los lords». En el interés de llamar la atención sobre lo que se hace, de manera individual o en grupos, las personas, empresas u organizaciones sociales están apostando por «capitalizar la viralización» del comportamiento de ciertos personajes que, «salidos de la nada», de pronto atraen fuertemente la atención por algo que, por lo general, fue improvisado y causa gracia o activa la empatía.

Como es de esperarse, agrega, este es un tema que los políticos, los partidos y los gobernantes no ignoran, por lo que constantemente hacen uso de este tipo de estrategias para mantenerse en el gusto del votante.

En opinión de Cáceres, en Coahuila, por ejemplo, el Gobierno del Estado ha lanzado la campaña «Sé el amigo guau que se merece». A través de radio, televisión e Internet la autoridad invita a los ciudadanos a llevar a esterilizar y cuidar a las mascotas, en pro de la vida digna que merecen, y enfatiza que «no hacerlo está penado por ley», de modo que esterilizar solo trae beneficios.

«El interés directo de frenar la sobrepoblación de animales en situación de calle que puede derivar de una campaña así no es mala», comenta Cáceres, pero reflexiona: «Para un estado que enfrenta una fuerte carencia de recursos derivada de la profunda deuda que gobiernos anteriores dejaron, la pregunta es ¿no hay de verdad temas de más hondo interés social a los cuales destinar una campaña publicitaria tan fuerte?».

Maricarmen Batancourt, licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Monterrey, coincide con Cáceres: «La campaña de las mascotas es muy correcta», dice, pero cuestiona que no se destine igual proporción de interés y recursos, por ejemplo, a una campaña para la prevención del suicidio.

«A mi parecer, el trasfondo es conseguir la inmediata percepción de que este estado tiene un buen gobierno», apunta.

Betancourt considera incoherente que, «con todo y que las cifras de personas que se han quitado la vida en ciudades como Saltillo son en realidad alarmantes, la autoridad actúe en procura de las mascotas por la empatía que ese tema genera».

Por el contrario, dice, «aunque también es muy necesaria una campaña de igual dimensión para prevenir el suicidio, probablemente no lo hace porque podría no resultarle políticamente redituable».

A decir de Betancourt, «si bien muchas veces la conducta suicida se relaciona con decepciones amorosas o la sensación de soledad, otro elemento raíz es no lograr el bienestar económico, ¿y quién debe trabajar en procura de ello?: el gobierno».

La psicóloga agrega: Un político en campaña suele recurrir al discurso del empleo, economía, mejora salarial y bienestar. Cuando ya tienen el puesto, sus informes de esos temas no suelen ser tan extensos.

«A veces, en la política hay prioridades disfuncionales. Si en el ánimo social la insolvencia económica motiva la separación de parejas, discusiones familiares o rechazo que deriva en depresión, ¿mediáticamente qué le convendrá más al gobierno, lanzar una campaña contra la ola de suicidios o distraernos con una en la que nos insta a cuidar nuestros perritos? Juzgue usted mismo», plantea Betancourt. E4

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