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Edición 617

Imaginario colectivo

Sempiterno adolescente digital

El poder hipnótico de la comunicación virtual, así como esa especie de facultad voyeurista todopoderosa, intensamente emocional, coloca con una peligrosa frecuencia al usuario en el rol de inmaduro, visceral, agresivo y, de suyo, hipersensible

Renata Chapa
Twitter: @RenataChapa
Email: centrosimago@yahoo.com.mx

La Silent generation, la Baby Boom, la Generación X, la «Generación Y» (Millenials) y la «Generación Z», son las cinco divisiones de la «Taxonomía de generaciones», creada por Natalia Palazón, conforme a una muestra representativa de los residentes en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística en 2015 (www.lavanguardia.com). Al considerar las distintas circunstancias históricas que dieron origen a cada una de estas cinco divisiones, es posible adecuar sus contenidos, de una manera muy general, al tipo de conducta que desarrollamos a través de nuestro manejo de la Internet, redes sociales, correos electrónicos y diferentes modalidades de comunicaciones instantáneas a través de la telefonía celular.

Así pues, según la tabla creada por Palazón, los que pertenecen a la Silent generation se caracterizan por su austeridad; los Baby Boomers, por la ambición; la «Generación X», por la obsesión por el éxito; la «Generación Y», la de los Millenials, por la frustración; y la «Generación Z», por la irreverencia. En ese mismo orden de enumeración, las circunstancias históricas que arropan a cada una de estas clasificaciones taxonómicas son las siguientes: los conflictos bélicos (1930-1948); la paz y la explosión demográfica (1949-1968); la crisis del 73 y la transición española (1969-1980); el inicio de la digitalización (1981-1993) y la expansión masiva de Internet (1994-2010).

Las dos últimas clasificaciones —GY y GZ— serían, en un principio, las que marcan con más fuerza las pautas en materia de nuestros «usos y costumbres» ante los tantos monitores donde la interacción virtual encuentra su paraíso. Y, a pesar de que existen unas cuantas discrepancias en los rangos temporales de otras taxonomías generacionales, como los casos de los libros de Jesús Amaya Guerra, Educando a la generación Zombi (Ed. Trillas, México, 2016) y el de Patricia Frola y Jesús Velázquez, Me estás sacando canas verdes (Ed. Porrúa, México, 2017), el punto en común es que cada usuario, según su época, manifiesta rasgos que identifican su comportamiento y «filosofía» de vida.

Un tanto en sentido lúdico, y un tanto más en serio, mi apuesta es distinta a la de los autores arriba citados. Percibo que, independientemente de las huellas históricas que guían los pasos y percepciones de una persona de veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta o más años, el poder hipnótico de la comunicación virtual, así como esa especie de facultad voyeurista todopoderosa, intensamente emocional, coloca con una peligrosa frecuencia al usuario en el rol de «sempiterno adolescente digital». Es decir, inmaduro, visceral, agresivo y, de suyo, hipersensible.

Muchos libros pueden argumentar a favor de esta atrevida tesis de la inacabable adolescencia de los cíberusuarios en pleno 2019. Uno de ellos lleva por título, Del amor digital a la violencia física. Control obsesivo dentro y fuera del mundo digital (Ed. B, México, 2015). Su autora, Nora Rodríguez, nacida en Buenos Aires, estudió pedagogía y filología. Es pionera en el estudio de la violencia escolar y sustenta su experiencia profesional en trabajos con niños y adolescentes bajo contextos conflictivos, víctimas de agresiones y, sobre todo de «bullying».

Cita la maestra Rodríguez en la contraportada de su libro: «Vivimos en la era digital en la que se han acentuado los estereotipos y roles tradicionales de dominio-sumisión relacionado al romanticismo. Debido a lo anterior, los adolescentes suelen involucrarse en relaciones dañinas, aferrados a ideales de amor por los que aceptan violencia y control a costa de vivir una experiencia supuestamente apasionada. A través de estadísticas, estudios y análisis, (propongo) la detección oportuna de cualquier tipo de violencia de género o abuso en las relaciones entre adolescentes, (y explico) la razón de estos fenómenos actuales para erradicarlos y lograr, así, una sana convivencia».

Algunos de los títulos de los capítulos del libro Del amor digital a la violencia física pueden dar ideas útiles para revalorar nuestro ejercicio diario como ciberusuarios: «El ideal del amor adolescente entiempos de fragmentación», «Adolescentes liberadas besando sapos», «Amar a otro imaginado», «Educar las emociones en la era de la imagen» y «La construcción del amor inteligente». Vale darnos tiempo para revisar las propuestas de la maestra argentina y replantearnos el tipo de reputación virtual que construimos y proyectamos porque, con buena probabilidad, nuestro caso se sume al de millones de ciberusuarios instalados en la adolescencia prolongada, sin fin, sempiterna, en aras de la calidad de nuestras irrepetibles experiencias vitales.

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