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Edición 617

Literatura

Migración sobre la mesa

Javier Sicilia fue el portavoz de los desplazamientos forzados en Latinoamérica, en un evento dedicado a la difusión de la literatura que cada año se fortalece más

Cirilo Recio Dávia

La edición 22 de la Feria del Libro de Coahuila pasó con cambios que muestran una evolución sobre las nuevas realidades de nuestro entorno cultural. Un espacio tan vasto como el campus de Arteaga de la Universidad Autónoma de Coahuila es más que suficiente para recibir multitudes y la feria del libro es un evento magno que hace posible la magia de llenarlo y, por lo menos ciertas fechas del año, permite dejar de verlo como un elefante blanco. Pero no se trata sólo de llenar el lugar. La distribución de las áreas resulta esencial para que los distintos públicos que acuden puedan, por decirlo así, respirar a sus anchas.

En ese sentido pudo notarse una mente rectora que formó una mejor disposición de las áreas: espacio específico para los medios institucionales y los invitados, una nueva distribución de las editoriales, áreas de alimentos con mejor atención a los asistentes, un pasillo central libre —tal vez la influencia del país invitado, Japón, reconocido por su excelencia en el diseño de atmósferas—, un foro al aire libre de mejor diseño, áreas para talleres con un acondicionamiento mucho más conveniente para los participantes. Todo representó, sin duda, un acierto de planeación.

Una novedad en particular fue la apertura de nuevos espacios para charlas, conferencias y presentaciones en algunas locaciones de Saltillo, como el Ateneo Fuente o el Centro Cultural Vito Alessio Robles, esquema que debe explorarse para el futuro, porque puede desarrollarse con mejores posibilidades. De igual manera, la redistribución de los locales para las editoriales mostró un redimensionamiento. La circulación de gente fue notablemente más sencilla y accesible que en versiones anteriores del festival de los libros.

No todo es literatura en materia editorial y las necesidades de una sociedad como la coahuilense se han multiplicado. Empero algo que hace falta desarrollar es el espacio informal. Existe una evidente falta de mobiliario de descanso y de lectura: bancas y mesas para leer en forma individual, entre amigos o familia, independientemente de las instalaciones del área de alimentos.

En relación con el transporte público que va hacia la feria, se siguen presentando los problemas del pasado. Existen varias rutas que cubren el recorrido desde Saltillo hacia las instalaciones en Arteaga. Los horarios de salida son puntuales, es cierto, pero no hay señalamientos específicos a lo largo del trayecto; los autobuses tampoco ofrecen una tolerancia, en ciertos puntos, digamos, de cinco a 10 minutos de para permitir que se genere un mayor flujo de usuarios.

Por otro lado, se realizó una readecuación de algunas rutas y esto excluyó, por ejemplo, la salida de la librería Carlos Monsiváis, cuya ubicación en ferias anteriores fue especialmente agradecible, pertinente y conveniente. Desconozco los motivos, pero por lo menos aparece aquí un desfase entre instituciones en lugar de un apoyo mutuo.

También sigue presentándose una situación curiosa. El acceso natural para equipamiento y el staff al foro artístico de la feria está dispuesto, desde el proyecto arquitectónico original del fallecido Teodoro González de León, por donde se instala el corredor de las artesanías. Este acceso pavimentado permitiría la entrada de camiones y tráileres que llevan el equipo hacia el foro artístico: pantallas, escenografía, paneles, mobiliario, etcétera. Existe una entrada específica para recibir este menaje por la parte posterior del foro, pero la instalación del corredor de artesanías en este punto impide el libre tránsito de los vehículos. Esto impide que el auditorio para eventos como conciertos, obras teatrales, performances o lecturas tenga la suficiencia que puede en cierto momento requerirse y desvirtúa el concepto original del proyecto arquitectónico. Hace ver por lo menos que el espacio del campus está subutilizado o se pensó como monumento faraónico de los tiempos sexenales políticos, más que para su función original. «Parece una fábrica enorme», es el comentario que he escuchado sobre un campus de Arteaga que pudo haber suscrito una mente tan brillante como la de González de León, pero que también parece haberse concluido al calor de los siempre volubles y discrecionales tiempos políticos.

Las actividades y eventos para presentar libros, conferencias, charlas, exposiciones y demás tuvieron igualmente una evolución positiva en tanto y cuanto las ediciones pasadas. El tema de la Migración apuntalado por la presencia de personalidades como Javier Sicilia, la intervención de los invitados especiales como Japón y Sinaloa fueron inolvidables, a su respectivo nivel y pertinentes para nuestro tiempo. Lecturas colectivas, cuentacuentos, presentaciones de autores locales, nacionales y de envergadura mundial abordaron toda clase de temas, conciertos, obras teatrales, performances y exposiciones expresaron con fuerza el pulso de la fiesta de los libros.

Una lectura en clave

del ki de Japón

En esta ocasión, debido a compromisos previos, no participé dentro de las actividades de este evento. Sin embargo pude asistir a varias presentaciones de libros y exposiciones magistrales. Entre ellas sobresale, para mí, una participación entrañable: José Santana Díaz realizó una lectura de textos y poemas sobre la migración y por él invitado pude leer un par de textos en el foro alternativo. Leí un breve cuento de mi autoría llamado «Kriptonita», que trata sobre una banda de blues que es puesta en contacto con una admiradora ucraniana a través de las redes sociales que desarrolla una de las integrantes de la banda; la mujer de Ucrania lleva al grupo a la frontera donde permanecen aislados luego de ser acusados de proxenetismo por las autoridades migratorias.

Durante esa misma intervención, el poeta Santana Díaz leyó su texto: «El Kiosko imposible», un centro de plaza en El Mante, Tamaulipas, donde en aproximadamente 80 metros cuadrados tocaba la banda de la plaza y bailaban danzón 300 personas.

Martha Estela Serrano, compañera de José Santana, leyó, por su parte, un par de poemas suyos de amor y desencuentro amoroso, y yo mismo leí un cuento de Hiromi Kawakami titulado «Abandonarse a la pasión», el cual forma parte de un libro de ocho relatos que lleva el mismo nombre y que, curioso, adquirí en esa misma feria el año pasado. «Abandonarse a la pasión» trata sobre un par de adolescentes fugitivos que se han vuelto amantes y, tras varias peripecias, descubren su soledad, su miedo, su angustia y, sobre todo, su mutuo abandono a la pasión de sus vidas.

Significativo fue para mí leer algo de una autora japonesa sobre un par de adolescentes que viven una migración interior en su país, no como participante de la feria, sino como invitado por el poeta Santana. El foro alternativo en esta ocasión quedó situado en un lugar posterior al enorme edificio central de las instalaciones, frente a nosotros el declive cubierto de pasto y de sillas, luego las mesas de los comederos y locales de alimentos, al fondo un árbol, luego el horizonte, una imagen sin duda reverberante, posiblemente casual, del pueblo del sol naciente. Estuve en Tokio en 2005, en ocasión del Festival Internacional de Cine de Tokio, de modo que, de pronto, una serie de imágenes traían recuerdos de otros días.

El tema de la feria

La robusta presencia del poeta Javier Sicilia fue también otro de los hitos de esta feria. Sicilia habló pausadamente, aunque sin pausas durante un poco más de una hora, sobre el fenómeno y contradicción de nuestro tiempo que es la migración transfronteriza desde América Central hacia Estados Unidos. Desde luego, comentó ampliamente que los problemas de violencia, crimen, corrupción política y desesperanza económica y social llevan a grandes poblaciones a desplazarse de sus lugares de origen.

Llamó la atención acerca de las diferencias entre países como Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y Venezuela, desde donde, por razones bien distintas, se forman los contingentes de expulsados hacia Estados Unidos. De igual manera precisó que esos desplazamientos de comunidades enteras son heroicos y viven un hostigamiento permanente en territorio mexicano, no solamente por las bandas criminales de tratantes de personas o por los reclutamientos forzosos a que los someten narcotraficantes y delincuentes, sino de igual modo por autoridades de Migración mexicanas, procuradurías de justicia, policías y militares.

«Ya se volvió una condición por lo menos en este país de todos, el estado de indefensión en que vive el migrante porque no hay una legalidad que lo protege más que la buena voluntad y el derecho humano… se les puede dar nada más de medio comer y de mantener en estados de indefensión y mera sobrevivencia como literalmente sucede con los campos de refugiados en cualquier parte del mundo», expresó.

Señaló la labor de las matronas en Veracruz, de los albergues como el del padre Solalinde o el del padre Pantoja, pero mostró la preocupación de que el problema es muy complejo y necesita abordarse multidisciplinariamente y con intervención de varias instituciones a la vez, además de instancias internacionales y acuerdos multilaterales. En fin algo imposible.

El huevo de la serpiente

Durante los años 90 del siglo pasado, Estados Unidos presionó a México para que los mayas procedentes de Guatemala, que se encontraban refugiados —familias enteras— fueran expulsados a su país. México así lo hizo y en Guatemala sufrieron de nuevo las matanzas y persecuciones a manos de los temibles y criminales kaibiles, fuerzas paramilitares pagadas por el gobierno guatemalteco para acabar con su propio pueblo. Estados Unidos saqueó sistemáticamente a Centroamérica de fruta e intervino nefastamente con el famoso Instituto de Las Américas, alentó a gobernantes sátrapas que se enriquecieron y dejaron a sus pueblos en la guerra o la inopia, con las solas excepciones de Costa Rica y Belice.

El huevo de la serpiente ha dado sus frutos y las migraciones, los desplazamientos actuales, son una consecuencia de esas políticas de saqueo. México jugó un papel importante en la pacificación de El Salvador. Ahora apenas sí puede asomar la cabeza ante la desmesura del gobierno estadounidense en turno. La migración es un problema complejo. Como dice Sicilia, en este sentido fue muy acertado ponerla en cuestión, como fondo temático a la Feria Internacional del Libro de Coahuila 2019. E4

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