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Edición 615

Crónica

El hacer, lo perdurable

Meter las manos en la mezcla de marmolina y aglutinantes, o el yeso para darle el preparado en forma rápida, antes de que se endureciera. Experimentar con los óleos y solventes, tratando de encontrar la esencia que revelara un único espíritu, el propio.

Aurora de Jesús Alvarado Cedillo

Puedo decir que dentro de aquellas cosas significantes, en las tareas y avatares al llevar la carrera de la plástica, tiene todo el sentido justificante en imperar por la adquisición indispensable del material, única razón para dar paso a la experimentación que nunca termina.

En ese entonces, cerca de la Escuela de Artes Plásticas Prof. Rubén Herrera, cuando la ubicación era el centro de la ciudad (del que tuve el privilegio de tener como casa los dos inmuebles hermosísimos, la de la calle de Hidalgo y en la calle de Juárez), existía casi todo al alcance para reunir los elementos indispensables para trabajar en clase. A la vuelta, por la calle de Allende, todo tipo de pintura, bastidores, pinceles. A unas cuatro o cinco cuadras, el linóleo que había que trabajarlo antes de usarlo como plantilla. A cuadra y media el lugar en donde podía adquirir los diversos papeles y jamás terminar de dibujar y dibujar.

Y con más frecuencia resultaba ir a la Ferretería Sieber. Me parecía querer adquirir muchas cosas, herramientas de todo tipo, pintura, brochas, pulidoras, sierras, se me mostraba tanto a la vista, que únicamente tenía que enfocarme a lo que necesitaba en ese momento. Los empleados ya estaban familiarizados con cada uno de los que íbamos a comprar material. Incluso darnos prisa porque el tiempo se iba de volada antes de que diera la hora de cerrar, a las 7:00 pm en punto y ellos no se quedaban ni un minuto más. Eran como auténticos relojitos. La puntualidad no era cuestión de sobrepasarla.

Todo esto, que tiene que ver con materiales, herramientas, es de mucho significado. Parte de la razón de que algo se creará, ayudado por ya sea con las propias manos o por un artefacto, ese oficio de generar, de producir, de hacer, es darle un sentido a la materia, que pueda decir algo o dar una funcionalidad cualquiera que esta sea.

El torno ayudaba a redondear los cinceles, y junto con el martillo de bola, golpetear la lámina de cobre o latón, después de haber sido sopleteada e introducida al agua para templarla. Escuchándose al instante su sonido: cshssss! Esto cada vez que se cincelaba hasta darle una forma. Y pulir una y otra vez, con la borla y brea, hasta alcanzar el brillo deseado. Un oficio muy noble el que me enseñó el Maestro Toñito. El sonido del martilleo me parecía estar en otra época, ruidos de antaño para mis oídos.

Al usar las gubias especiales, para tallar y tallar la madera, con el mazo hecho con un tronco de árbol para que el golpe no fuera tan duro. Protegerte de las rebabas con los lentes de seguridad, tus guantes por aquello de las astillas, la pulidora con sus borlas, apareciendo como si se saliera de una panadería. Solventes, aceites, y el resultado final, la satisfacción de que tu objeto ya se convirtió en algo así como tu hijo. Así le dije a mi maestro Lugo.

Meter las manos en la mezcla de marmolina y aglutinantes, o el yeso para darle el preparado en forma rápida, antes de que se endureciera. Experimentar con los óleos y solventes, tratando de encontrar la esencia que revelara un único espíritu, el propio.

Toda una odisea cargar con los materiales, las pinturas, los papeles, las maderas, las herramientas para realizar los bastidores, las lonetas, las grapadoras, los solventes, cosas que los dedicados a esto, cargábamos haciendo de los brazos, las manos y los dedos, muchos sujetadores para sostener un montón de materiales. Aquellas, las de uñas pintadas o el atuendo fashion, que no precisamente combinaban, pero lo hacían quién sabe cómo, solo quizás lo suficiente para no perder ese look. Siempre me quedé con esa duda.

Ésta negociación es la más antigua de Saltillo, fundada en 1885 por Don Clemente Sieber y don Pablo Suess, señores alemanes que llegaron a nuestra ciudad para iniciar su empresa, la primera tienda en vender herramientas y artículos de importación.

Atravesaron los siglos XIX, con lo difícil que fue la situación durante la Revolución Mexicana, el XX, con la Primera y Segunda Guerra Mundial nada fácil de sobrellevar, sin embargo avante han salido hasta la fecha, según las páginas de mi amigo Jaime Mendoza.

Así fue ese diario vivir, jornadas repartidas entre la escuela y la casa, llevar y traer trabajo hasta terminar los objetivos.

Aún sigo frecuentando esa ferretería para comprar material, y surge el mismo sentir, de que no se puede comer material, pero sí trabajar. E4

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