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Edición 613

Homenaje

Al pie del árbol del saber

Disfruto en compañía de quienes me han dispensado su amistad y en paralelo acepto mis soledades; amo la intimidad, y sé por experiencia la fuerza que puede dar y la alegría que puede llevar al corazón del hombre. Y también conozco esos ratos, esas horas, esos instantes de obscuridad en que la soledad lo llena todo.

José Fuentes García

El honor es una de las mayores virtudes, pero como afirma Aristóteles, enaltece más a quien lo tributa que a quien lo recibe. La sentencia del filósofo Estagirita que Dante llamó «El Maestro de los que saben», resulta justa. No creo tener merecimientos especiales para hacerme acreedor a este honor. He luchado y sufrido como todos; he tratado de remediar aflicciones y acallar violencias; el trabajo duro ha sido siempre uno de los componentes de mi vida, quizás a veces con exceso, y ni presumo ni me avergüenzo de ello, simplemente lo digo.

Como catedrático empecé a frecuentar las aulas en 1957, esto es, hace más de 60 años y el interés por la cátedra me ha mantenido activo en el ejercicio académico. También, por más de 55 años he servido a la Justicia en las más diversas formas, y la seguiré sirviendo mientras alguien considere útiles mis servicios, aun cuando todos los días le pido a Dios que me quite el orgullo de mis experiencias pasadas y la impresión de considerarme indispensable, cuando ya ni tan siquiera soy necesario.

Es cierto que siento con profunda nostalgia el recuerdo de las aulas, por lo que ahora agradezco desde lo más profundo de mi corazón, que la Universidad Autónoma del Noreste, instituya la «Cátedra José Fuentes García», que valoro no por lo que para mí significa en lo personal o por la responsabilidad y compromiso que asumo con gusto, sino porque a través de dicha cátedra contribuiré en la medida de lo posible al engrandecimiento de nuestra Casa de Estudios y al desarrollo profesional de sus estudiantes. Estoy cierto que en esta tarea habré de contar con el apoyo de muchos amigos míos, dueños de mis mismas inquietudes.

Siempre he sido partidario del diálogo y no de la polémica. Prefiero siempre a los que sueñan, aunque su sueño no se haga realidad; a los que esperan, aunque su esperanza no se cumpla; a los que apuestan por una utopía, aun cuando al final ésta no se realice. Apuesto por los que no se resignan a que el mundo sea como es, a los que confían en que puede cambiar y debe cambiar, a los que ignoran a los pesimistas y aseguran que hay un universo nuevo detrás de las estrellas.

Disfruto en compañía de quienes me han dispensado su amistad y en paralelo acepto mis soledades; amo la intimidad, y sé por experiencia la fuerza que puede dar y la alegría que puede llevar al corazón del hombre. Y también conozco esos ratos, esas horas, esos instantes de obscuridad en que la soledad lo llena todo.

He consagrado desde joven gran parte de mi vida a leer y estudiar una infinidad de libros y papeles, utilizando hasta los más breves momentos de una jornada, pensando en «no perder el tiempo»; una auténtica manía, como con frecuencia me lo han señalado mis familiares y amigos, que me conocen bien.

He alcanzado la tranquila conciencia, tranquila pero no feliz, de haber llegado solamente al pie del árbol del saber. Mi biblioteca sigue siendo mi despensa y el hospital de mi alma; en ella me lleno de vida y me curo de las heridas del tiempo, lo único malo es que no podré llevarla conmigo a la eternidad; espero que allá arriba mi buen Dios tenga para mí una biblioteca mejor y que su Hijo, Jesús, el Maestro de Maestros, ilumine en definitiva mi entendimiento y me haga digno de conocer la verdad eterna.

Tengo claro que muchas cosas que durante mi vida me parecieron de gran importancia han dejado de serlo, mientras que otras que consideraba insignificantes, han adquirido intensidad y peso. Ahora me encuentro más próximo al Eterno y me preocupo y ocupo por llevar mi barca a mejor destino; contemplo y disfruto el otoño de mi vida, en su infinita gama de colores y me preparo para gozar del encanto del invierno, colmado de amor y paz, si esta fuere la voluntad de mi Creador.

Como afirma Mario Benedetti, aceptaré mis sombras, enterraré mis miedos, liberaré el lastre, retomaré el vuelo y haré de cada día un comienzo, considerándolo la mejor hora y el mejor momento. Seguiré cumpliendo con las asignaturas de mi vida, día tras día y hora tras hora.

El sentir me ha hecho ser yo mismo, más que el pensar. Por ello he querido participarles de algunos de mis más íntimos sentimientos, los que me han parecido relevantes, como una forma de darles algo mío en muestra de mi gratitud por todo lo que ustedes nos han dado a mi familia y a mí en esta ocasión. A todos ustedes gracias, muchas gracias desde lo más profundo de mi corazón por su presencia, su bondad y su afecto. Que Dios los bendiga ahora y siempre. E4

*Fragmento de su discurso del 12 de abril del 2019, en marco de la constitución de la “Cátedra Jose Fuentes García” en la Universidad Autónoma del Noreste (UANE).

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