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Edición 611

Sociedad

El secuestro de un ideal

Las horas pasaban, y el humo blanco sobre el candidato electo no salía del tercer piso del entonces y después derrumbado Palacio de Gobierno, lo que originaba que los dirigentes que esperaban en la Plaza de Armas tal designación, se mostraran preocupados mirando el avance de las manecillas del reloj de Catedral.

J. Jesús Santos González

Todo empezó aquel sábado 24 de marzo de 1973 —próximo a cumplir ya 46 años—, cuando alrededor de las 11:00 a.m., comenzaron a llegar a la Plaza de Armas los dirigentes estudiantiles más connotados de la FESUC (Federación de Estudiantes de Saltillo de la Universidad de Coahuila), con el fin de esperar los resultados de la reunión que para elegir rector, se llevaba a cabo en el Despacho del entonces gobernador del Estado Ing. Mario Eulalio Gutiérrez Treviño, la Junta de Gobierno, órgano máximo de autoridad de nuestra Casa de Estudios, que integraban dicho mandatario estatal en su calidad de presidente exoficio, el secretario General de Gobierno, Lic. Oscar Villegas Rico, y los vocales Ing. Guillermo García Siller, Ing. Enrique Reyna Hermosillo y el Lic. Alejando V. Soberón.

Cabe hacer notar, que esta elección era esperada con mucho interés por la comunidad estudiantil de las diversas escuelas preparatorias y profesionales, tanto de Saltillo como de Torreón, por dos razones: la cuestión de la autonomía que desde meses atrás había surgido como tema principal dentro de los grupos estudiantiles que opinaban que ya existían las condiciones para que la Universidad de Coahuila lograra dicho rango, como a nivel nacional otras casas de estudios superiores habían optado por dicha forma de gobierno; y la principal, los nombres de los candidatos que se habían propuesto a dicha Junta de Gobierno por parte de las organizaciones estudiantiles para ocupar tal cargo: el Lic. Armando Fuentes Aguirre, entonces secretario General de la Universidad propuesto por la FESUC, y el Lic. Jorge Mario Cárdenas González, director de la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales de Torreón, apoyado por los universitarios de la escuela de aquella ciudad.

Las horas pasaban, y el humo blanco sobre el candidato electo no salía del tercer piso del entonces y después derrumbado Palacio de Gobierno, lo que originaba que los dirigentes que esperaban en la Plaza de Armas tal designación, se mostraran preocupados mirando el avance de las manecillas del reloj de Catedral.

En tal situación de espera de noticias, se encontraban Pablo Reyes Dávalos, presidente de la FESUC, Mario H. Arizpe, expresidente, José Humberto Valdés, presidente de la Sociedad de Alumnos de la Escuela de Ciencias Químicas, y Wenceslao García, secretario General; Carlos Fonseca, de la Escuela de Economía, Juan Sánchez Segovia, de la entonces Escuela de Jurisprudencia, y José Guadalupe Robledo Guerrero dirigente de la Escuela Preparatoria Nocturna, entre otros, acompañados por diversos estudiantes de diferentes escuelas entre los que para mi ventura me encontraba como columnista del periódico El Independiente, dirigido por Don Antonio Estrada Salazar, viejo lobo de mar del periodismo en México.

Alrededor de las 14:40 horas, por fin se dio la tan esperada noticia, que cayó como balde de agua fría entre los presentes, al ser informados que a pesar de las muestras de apoyo externadas en favor del Lic. Armando Fuentes Aguirre, la Junta de Gobierno había decidido designar al Lic. Jorge Mario Cárdenas González, director de la Escuela de Derecho y Ciencias Sociales de Torreón, como rector de la Universidad.

Ante tal noticia, fue en la misma Plaza de Armas, donde los dirigentes de la FESUC, tomaron la decisión de sesionar a las 6:00 p.m., de ese mismo día, en la planta baja de la Escuela de Ciencias Químicas, en un local abarrotado por mas de 100 estudiantes, que en protesta por la decisión de la Junta de Gobierno, decidieron tras largo debate, tomar las instalaciones de la Rectoría de la Universidad, para exigir ya no tanto la revocación del Lic. Jorge Mario Cárdenas González como Rector —quien por cierto ni siquiera tomó protesta del cargo—, sino para buscar y luchar por la autonomía como forma de gobierno de la Universidad.

Tal acto se llevó a cabo a las 11:26 p.m., de ese mismo sábado 24 de marzo de 1973, por más de 150 estudiantes, que en una acción relámpago y sorpresiva ocuparon de manera pacífica y ordenada dichas instalaciones, iniciándose así el más destacado, limpio y generoso de los movimientos estudiantiles en la historia de la Universidad, como fue la lucha por su autonomía; que tras la toma y bloqueos de las rutas de camiones entonces existentes, de diversos mítines y manifestaciones por las principales calles de la ciudad que desembocaban en la Plaza de Armas en apoyo al movimiento, así como la toma de las estaciones de radio XEDE, XEAJ y XEKS, y bloqueos de la carretera Saltillo-Monterrey, concluyó a las 12:10 p.m., del miércoles 4 de abril de aquel año, en dos momentos: el primero, cuando el comité de lucha recibió en Palacio de Gobierno del Gobernador del Estado, el Periódico Oficial con las reformas a la Constitución Política estatal, reconociendo a la Universidad la autonomía como forma de regir sus destinos; y el segundo, cuando dicho comité de lucha entregó a las 17:00 horas el edificio de Rectoría que había estado en su poder desde el sábado 24 de marzo, al Lic. Melchor de los Santos Ordoñez, entonces rector interino.

A 46 años de tales sucesos, no solo las actuales generaciones sino también las egresadas de la UAC, a partir de la época de los 80’s, no saben ni tienen la menor idea de lo que significó el movimiento de autonomía. Culpa no es toda de su parte, pues a tal desinformación y despolitización han contribuido los que durante el tiempo han traicionado los ideales más limpios y puros de la generación de 1973; los que al amparo de la autonomía han amasado cuantiosas fortunas, y constituido verdaderos cotos de poder, convirtiendo a la Universidad en una dependencia más del establishment, muy distante de los ideales de una generación que en pleno auge de la sicodelia y del lema parisino de «seamos realistas exijamos lo imposible», hace 46 años soñaron e hicieron posible, aquella jornada y primavera luminosa. E4

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