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Edición 609

Aniversario

Expedición punitiva

Brown exigía una satisfacción por lo de Parral, además el derecho de establecer una base de aprovisionamientos sobre la vía del ferrocarril y el de usar éste para sus movimientos de heridos y provisiones.

Luis García Valdez

Parte II

Después de lo sucedido en Parral (Espacio 4, 607), (en Santa Cruz de Villegas se celebró una conferencia entre el general Brown (que había acudido en auxilio de Tompkins) y los generales Luis Herrera e Ismael lozano.

Brown exigía una satisfacción por lo de Parral, además el derecho de establecer una base de aprovisionamientos sobre la vía del ferrocarril y el de usar éste para sus movimientos de heridos y provisiones.

El valiente general Herrera contestó que no había lugar a satisfacción ninguna por parte de México y rechazó las otras dos demandas del yanqui. Al día siguiente, los norteamericanos empezaron a retirarse hacia el norte.

El gobierno mexicano dio órdenes al general Jacinto B. Treviño de batir a Pershing si se movía al sur o al oeste. El día 21 de junio, se produjo un choque en El Carrizal, donde se presentó una fuerza norteamericana. El general Félix U. Gómez jefe de ese sector, comisionó al teniente coronel Genovevo Rivas Guillén para que advirtiera al jefe de la fuerza yanqui que no podía seguir adelante.

El norteamericano dijo que iba en busca de un desertor; luego, que en persecución de una partida de bandidos. Se le manifestó que no había ninguna partida de bandidos por la región. Como insistió, el teniente coronel Rivas Guillén informó al general Gómez; quien fue a ver personalmente al yanqui, sin lograr convencerlo y se dio la siguiente conversación:

–Tengo órdenes de llegar a Villa Ahumada y lo haré por sobre ustedes–, dijo el jefe norteamericano.

–Yo tengo órdenes de no permitir el avance de las fuerzas norteamericanas en otra dirección que no sea el norte.

–Pues pasaré por sobre sus órdenes a fuerza de balas.

–Si usted cree poder hacerlo, ¡hágalo!

Los jefes se retiraron a donde estaban sus tropas. El yanqui avanzó con la infantería en línea de tiradores y disparó a 80 metros. El combate duró dos horas, al cabo de las cuales los invasores huyeron dejando en el campo 22 prisioneros y 12 muertos (casi todos negros). Los mexicanos sufrieron 31 bajas y 40 heridos. Se recogió un gran botín y toda la caballada.

Don Venustiano Carranza y su ministro de relaciones exteriores, general Cándido Aguilar conocieron antes que el encargado de negocios de los Estados Unidos en México, Mr. John B. Parker, la orden que el Departamento de Estado le giraba para protestar por la retención de prisioneros de El Carrizal, la caballada y el botín. Dieron órdenes de que se regresara todo.

La situación era cada día más tensa. El motivo de la intervención, que era la persecución a Villa, se había olvidado. Wilson hacía constantes declaraciones de amistad, pero sus tropas seguían en territorio nacional.

La nota “descortés”

La cancillería mexicana envió entonces, el 22 de mayo, a la Casa Blanca una de las notas más enérgicas y valientes que se hayan producido en toda nuestra historia diplomática contra el vecino del norte.

Lo siguiente es parte de esta nota que mandó el secretario de Relaciones, general Cándido Aguilar: «el gobierno americano viene haciendo protestas de amistad desde hace mucho tiempo. El presidente Wilson ha hecho la declaración de que no pretende intervenir en los asuntos de México ni invadirlo, de que no desea ni una sola pulgada de su territorio y que no atentará en ningún caso contra su soberanía. Los hechos contradicen esa aparente buena intención. El gobierno mexicano tiene sin embargo la pena de hacer notar que los actos de las autoridades militares americanas están en absoluta contradicción con las anteriores declaraciones y se ve en el caso de tener que apelar al presidente, al Departamento de Estado, al Senado y al pueblo americano para que, de una vez por todas, se dé fin a la verdadera tendencia política de los Estados Unidos de América con relación a México.

«Es necesario que el gobierno americano defina sus propósitos respecto a México para que las naciones latinoamericanas puedan apreciar las protestas de amistad y fraternidad que hace muchos años viene haciendo. Los generales Scott y Funston declararon que la gavilla (villista) está disuelta y sin embargo las fuerzas no se retiran, violando la promesa de Wilson de que se irán tan pronto como fuese alcanzado ese objetivo. Además de haber pasado sin autorización, después siguieron enviando más tropas a la expedición Columbus. Las fuerzas de ocupación han actuado sin informar de sus movimientos al Ejército mexicano como lo habrían hecho si realmente quisieran cooperar. Esa falta de acuerdo fue causa del choque de Parral.

«La expedición entró con la infantería y artillería. Para lo que se proponía, supuestamente hubiera bastado la caballería ligera. No se compadecen las protestas de cooperación amistosa hechas por las autoridades americanas, con el uso de la infantería y la artillería destinadas exclusivamente a ser empleadas contra las fuerzas regulares de México.

«Todos estos hechos demuestran que ha habido una gran discrepancia entre las protestas de sincera y amistosa cooperación de parte de las autoridades americanas y la actitud efectiva de la expedición que por su desconfianza, su sigilo en cuanto a sus movimientos y por las armas de que se componía, indicaba claramente una expedición hostil y una verdadera invasión de nuestro territorio.

«El gobierno americano ha declarado que quiere ayudar al gobierno constitucionalista a concluir la obra de pacificación. Los hechos indican que no solamente no presta ninguna ayuda a México en ese aspecto sino que parece poner todos los obstáculos posibles. Un gran número de hechos hace sentir la influencia del gobierno contra la consolidación del actual gobierno mexicano. El apoyo decidido que durante algún tiempo tuvo Villa de parte del general Scott y del Departamento de Estado mismo, fue la causa principal de que por muchos meses se prolongara la guerra civil en México.

«El gobierno yanqui reclama la protección de sus fronteras; sin embargo casi todas las bandas que atacan poblaciones yanquis se organizan en territorio norteamericano y se proveen de armas en aquel país con tolerancia de parte de las autoridades del estado de Texas y podría decirse que aun de las autoridades federales de los EUA.

«El gobierno americano que dice ayudar a México a la pacificación ha detenido las remesas de armamento comprado a EUA. El embargo no puede tener más interpretación que la que el gobierno americano pretende precaverse contra la emergencia de un conflicto futuro y por lo tanto trata de evitar que vengan a manos del gobierno mexicano armas y parque que pudieran emplearse contra las tropas americanas. Sería preferible encontrar una mayor franqueza en sus procedimientos.

«Si el gobierno americano desea decidida y francamente ayudar al gobierno mexicano a establecer la paz y si ese es el caso no debe impedir el paso de armas o los verdaderos propósitos del gobierno americano son otros.

«Si la guerra llegare a estallar sería indudablemente como consecuencia de un propósito deliberado de parte de los EUA.

«Por último, las autoridades americanas de Nueva York disque a moción de una sociedad neutral pacifista, ha ordenado la detención de una maquinaria que el gobierno mexicano trasladaba a México para la fabricación de municiones. Este acto es un indicio claro de que sus verdaderos propósitos hacia México no son de paz, pues mientras exportan diariamente millones y millones de dólares en armas y parque para la guerra europea.

«México tiene, como cualquier otra nación del mundo el derecho de proveer a sus necesidades militares, sobre todo cuando se haya frente a la tarea de lograr la pacificación interior. Las circunstancias antes mencionadas están en absoluta contradicción con las continuas protestas de amistad del gobierno americano hacia México. El gobierno y el pueblo mexicanos necesitan saber a qué atenerse y quieren estar seguros de que los conceptos tantas veces expresados por el gobierno de los EUA corresponden realmente a los sinceros anhelos de amistad entre los dos pueblos, amistad que debe existir no solo en el terreno de las declaraciones, sino cristalizada en hechos.

«El gobierno de México invita, pues, formalmente al gobierno de los EUA a hacer cesar esta situación de incertidumbre y apoyar sus declaraciones de amistad con hechos reales y efectivos. Estos hechos en la situación actual no pueden ser otros que la retirada de las tropas norteamericanas que se encuentran en territorio mexicano».

Esta extensa nota, que constaba de 35 puntos, fue publicada en todos los periódicos del día 1 de julio de 1916.

Está claro que esta nota no fue del agrado del gobierno americano pues Mr. Robert Lansing, secretario de Estado de los Estados Unidos se quejó del «tono y carácter descortés» de la nota del gobierno mexicano y presentó una serie de objeciones que la cancillería mexicana desbarató una a una.

Era efectivamente un lenguaje insólito en las relaciones diplomáticas entre México y el vecino del norte. A los oídos de los dirigentes de Washington no habían llegado frases tan claras y directas como estas de la diplomacia revolucionaria a la mexicana. Ese “tono descortés” no sería muy diplomático, ciertamente, pero resultó eficaz.

La otra carta

El patriotismo y energía del canciller mexicano, general Cándido Aguilar, nuestros vecinos del norte habían tenido ya alguna prueba.

Todo sucedió en el año de 1913, cuando estaban fondeados cerca de la Isla de Lobos, 13 o 14 barcos de la flota norteamericana. Encontrándose en Tanguijo, el general Cándido Aguilar recibió una nota del almirante Fletcher en los siguientes términos:

«Al jefe de las fuerzas, general Cándido Aguilar, que ocupa la zona petrolera de la región de Tuxpan: tengo instrucciones de mi gobierno de comunicarle a usted que si al termino de 24 horas no abandona la zona petrolera, enviaré tropas de desembarco de los Estados Unidos para garantizar la vida e intereses de los ciudadanos americanos y de otras nacionalidades. Firmado: almirante Fletcher».

El general Aguilar se sorprendió e indignó mucho al recibir dicha nota y se reunió inmediatamente con los jefes a sus órdenes, entre ellos Agustín Millán, Antonio Portas, Guadalupe Sánchez y otros para dar a conocer el comunicado de Fletcher, diciéndoles que el asunto era muy grave y que los dejaba en libertad para que discutieran lo que su juicio debiera el responder, así como la conducta a seguir en tan delicada situación.

Era en realidad una situación bien difícil de resolver y los jefes a sus órdenes, después de cambiar impresiones, le mandaron la siguiente nota: «Los suscritos jefes de las fuerzas de la primera división, otorgamos al general Cándido Aguilar las más amplias facultades para que resuelva el conflicto planteado por el comandante norteamericano Fletcher. Como soldados y como mexicanos daremos nuestras vidas en el cumplimiento de nuestro deber y acataremos las órdenes que tenga a bien dictar nuestro jefe el general Cándido Aguilar». Y a continuación firmaron todos.

Después de reflexionar a solas sobre lo que debería contestar y hacer, y después de un corto tiempo, él escribió la siguiente respuesta.

«Me refiero a su insolente nota de hoy. La vida y los intereses de los norteamericanos y personas de otras nacionalidades han tenido, tienen y tendrán las más amplias garantías en la zona militar que está a mis órdenes. De llevar a cabo la amenaza de desembarcar tropas de los Estados Unidos en territorio mexicano me veré obligado a combatirlas y a incendiar los pozos petroleros que están en la región de mi dependencia y pasar por las armas a todos los norteamericanos que estén en la región. Firmado: Cándido Aguilar».

Inmediatamente después envió a Fletcher la nota escrita.

Al mismo tiempo, en prevención de cualquier ataque, se hicieron los preparativos, cavando fosas y trincheras y dando las órdenes de que se cumpliera lo referente a los pozos y a las familias americanas.

Al día siguiente el comandante Fletcher envió el siguiente comunicado. «Recibí su atenta nota en la que me da usted seguridades de que la vida y los intereses de los ciudadanos norteamericanos y de otras nacionalidades tienen las más amplias garantías bajo las fuerzas a su mando. Este almirantazgo no esperaba otra cosa de un jefe tan distinguido como usted y que siempre se ha mostrado partidario del respeto a la vida y a las propiedades. Como una cortesía de la marina de los EUA le ruego decirme en qué lugar, fecha y hora puede recibir una comisión que irá al mando del capitán Spencer, comandante del Nebraska. Firmado: Fletcher».

Ese general revolucionario de 26 años surgido del pueblo, que con decisión y patriotismo humilló la soberbia insolente del almirante yanqui, salvando el honor nacional, era el mismo que como canciller en el gobierno de Carranza envió la histórica nota que en forma tan importante contribuyó a que la Casa Blanca cambiara su política hacia México, dejando además un ejemplo y una lección que sigue teniendo validez en nuestros días.

Se impone México

El gobierno mexicano formó una delegación para tratar el problema de las tropas americanas en territorio mexicano. Primero, esta delegación, presidida por el Lic. Luis Cabrera, fue recibida por el presidente Wilson a bordo del Mayflower (el yate presidencial) donde fueron tratados de una forma muy amable, haciendo recalcar que la opinión pública americana era favorable a México. Posteriormente, las pláticas entre ambos gobiernos continuaron el 4 de septiembre de 1916 en el hotel Baltimore de Nueva York y terminaron allí mismo, el 15 de enero de 1917. Los norteamericanos se negaban a retirar las tropas, pero finalmente se llegó a un acuerdo sobre la retirada de la expedición.

El 22 de enero, se inició la evacuación de acuerdo a un plan cuidadosamente elaborado: a la vanguardia iría la infantería; luego la artillería; a continuación, seguiría la impedimenta; y finalmente, la caballería.

Veintieis mil 242 hombres, 10 mil caballos, 500 camiones, 100 automóviles, gran número de ambulancias y abundante material de aeroplanos, empezaron a movilizarse hacia el norte, el 22 de enero.

Todo este formidable aparato militar había sido lanzado en persecución de un hombre, de un mexicano: Pancho Villa. Si los Estados Unidos no reconocen que toda aquella fuerza había entrado a México con fines de conquista, tendrán que admitir que la Expedición Punitiva ha sido el fiasco militar más ridículo de todos los siglos.

El ejército en tal forma integrado, después de 11 meses de operaciones tuvo que regresar a su base sin haber alcanzado su objetivo, y después de haber gastado 170 millones de dólares.

El día 5 de febrero de 1917, cuando México anunciaba jubiloso la proclamación de su Constitución, el último soldado yanqui cruzaba la frontera. Las campanas en México repicaban a vuelo por el triunfo de la revolución hecha ley y por la victoria alcanzada sobre la política intervencionista de la Casa Blanca.

Ese triunfo es una lección vigente. Enseña cómo es posible en condiciones de inferioridad en enfrentarse con buen éxito al imperialismo. Pero eso sí, poniendo en ello mucha decisión, energía, valor y patriotismo. E4

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