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Edición 640

Salud

Coronavirus: guerra de datos

El fuego cruzado entre el gobierno, la prensa y la oposición agrava el caos informativo que existe en torno al brote de COVID-19. La escasez de pruebas y la manipulación de cifras hacen que el país navegue a ciegas por el pico de la curva de contagios

Gerardo Moyano

Vale la pena aclararlo: la escasez de datos científicos y estadísticos en torno al brote de COVID-19 no es privativa de México. La mayoría de los países enfrentan la emergencia sanitaria con los datos que tienen y hacen lo mejor que pueden con los recursos a su alcance.

Sin embargo, a cinco meses de que la nueva cepa del coronavirus fuera detectada en China, existe un consenso general en torno a cuáles son los países que han reaccionado mejor para aplanar la curva de contagios. México no es uno de ellos.

Si bien resulta difícil elaborar un índice que tome en cuenta cada uno de los factores que contribuyen a contener el número de contagios y muertes por coronavirus, los informes más confiables consideran diversas variantes: la fecha en la que se declara la emergencia, el tiempo transcurrido hasta que se toman las primeras medidas de protección, las medidas dictadas y el nivel de aplicación en cada división política del país y, claro, el número de pruebas de diagnóstico efectuadas. Otras encuestas aportan datos sobre la efectividad de la comunicación entre el gobierno y sus ciudadanos.

México no solo reprueba en cada uno de estos temas, sino que además padece de otra severa enfermedad: una alta polarización política, la cual agrava la guerra de datos entre el gobierno, la prensa y la oposición. Esto hace más difícil recolectar, verificar y valorar la información y sus fuentes.

«Si la razón por la que en México se hacen tan pocas pruebas fuera por los costos, sería bueno que así se dijera, en lugar de presentar excusas justificatorias. El problema es que esto resulta en un falso ahorro».

Jaime Sepúlveda
Epidemiólogo

La postura del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tampoco ayuda. Mientras el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, trata de ser cauto y reconoce que las cifras de contagios y muertes por COVID-19 pueden ser más altas debido a la dificultad de aplicar pruebas universales y para determinar las causas de muerte, AMLO interpreta los datos oficiales como una prueba fehaciente de que el país ha «domado» la epidemia. Este tipo de declaraciones ha dado pie a sus detractores para que lo acusen de ocultar y manipular números.

Por otra parte, el sensacionalismo y la falta de rigor de la prensa para abordar el tema echan más leña a un fuego atizado por la oposición, columnistas y ejércitos de bots en las redes sociales. En respuesta, cada mañana, el presidente vuelve a su andanada contra el periodismo «fifí». El círculo vicioso complica aún más el panorama cuando el país atraviesa el pico de la curva de contagios, según López-Gatell.

De acuerdo con el funcionario, si se respetan las medidas de distanciamiento, el próximo 1 de junio el país podría regresar a la «nueva normalidad». La reapertura será escalonada y se dividirá en tres fases: la primera comenzó el 18 de mayo con el reinicio de actividades en los llamados «municipios de la esperanza», es decir, aquellos sin contagios —269, ubicados en 15 estados—; la segunda será la reapertura general de actividades «esenciales», del 18 al 31 de mayo; y la tercera iniciará el 1 de junio con la reapertura escalonada de las actividades sociales, educativas y económicas, a través de un «semáforo semanal por regiones».

Los otros datos

México es el integrante de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con menos test: 0.4 por cada 100 mil habitantes; el promedio en los países afiliados es de 22.9 y en Islandia sube casi a 135. México ha realizado alrededor de 128 mil pruebas de diagnóstico. El mayor número en un día fue de 4,600; Estados Unidos aplica 300 mil en el mismo lapso.

¿Por qué tan pocas pruebas? De acuerdo con Jaime Sepúlveda, profesor de Epidemiología y Salud Global y director del Instituto de Ciencias de Salud Global de la Universidad de California, podría deberse a su costo.

Sepúlveda explica que existen tres tipos de pruebas —PCR, serológicas y de antígenos— cuyo costo puede variar entre 15 y 100 dólares en Estados Unidos. En México, apunta, «al IMSS le cuesta 600 pesos el material para cada prueba genómica. Buena parte de sus pruebas, sin embargo, las manda a laboratorios privados, con un costo de 1 mil 660 pesos por prueba. En laboratorios privados, los costos varían desde 1 mil 300 a 5 mil 550 pesos» (Reforma, 12.05.20).

«Si la razón por la que en México se hacen tan pocas pruebas fuera por los costos, sería bueno que así se dijera, en lugar de presentar excusas justificatorias. El problema es que esto resulta en un falso ahorro. El precio de navegar a ciegas es infinitamente mayor. La única forma que tenemos actualmente para contrarrestar la epidemia es haciendo pruebas a todos los que presenten síntomas y a sus múltiples contactos (…) El subregistro de casos y muertes por COVID-19 es real y serio. Más que buscar culpables, tenemos que encontrar soluciones», advierte.

En este contexto, cada vez son más las voces que acusan al gobierno de ocultar o maquillar cifras. El pasado 8 de mayo, los tres principales diarios estadounidenses The New York Times (NYT), The Washington Post (TWP) y The Wall Street Journal (WSJ), así como el español El País, difundieron sendos reportajes donde cuestionan las estadísticas oficiales. Ese mismo día, López-Gatell publicó un video donde explica las dificultades para determinar la causa de muerte de muchos pacientes que acuden a los hospitales, cuyo estado de salud sufre deterioro.

«El impacto en las redes sociales fue tan explosivo como polarizado: unos pidiendo la cabeza de Hugo López-Gatell (…) y otros acusando a la prensa internacional de haberse prestado a una campaña de desprestigio azuzada por la derecha en contra de la 4T», señala el periodista y escritor Jorge Zepeda Patterson (Sinembargo.mx, 10.05.20).

Más que una campaña orquestada, Zepeda considera que las notas son «una reacción natural frente a la reiterada insistencia del presidente López Obrador de presentar a México como un caso excepcional (…). AMLO ha metido a López-Gatell en un problema: mientras que este último nunca ha ocultado que la cifra de muertos oficiales es la cabeza del iceberg, el presidente la ha tomado como un dato absoluto (...) Si la prensa mexicana no estuviera tan ocupada en acribillar al mandatario o en defenderlo, tendría que haber hecho lo mismo: un poco de investigación».

«A ratos da la impresión de que entre los detractores (de AMLO y López-Gatell) hay una suerte de frustración porque México no está padeciendo las tragedias por las que ha pasado Nueva York, Italia o España».

Jorge Zepeda Patterson
Analista político

También descarta un complot entre los principales detractores del mandatario. «Claudio X. González, Carlos Loret de Mola, Javier Lozano, Héctor de Mauleón, Raymundo Riva Palacio, Denise Dresser, Pascal Beltrán del Río, Felipe Calderón o León Krauze no iban a desperdiciar una nota negativa del NYT sobre el presidente y para eso no necesitan ponerse de acuerdo. Al margen de esto, bots orquestados de parte de los dos bandos operan permanentemente», advierte.

Al analizar el contenido de los reportajes, el columnista destaca que al menos los corresponsales de El País «Jorge Galindo y Javier Lafuente se tomaron la molestia de contextualizar —todos los países han tenido dificultades para contabilizar los casos—, recoger ampliamente las explicaciones de las autoridades y proponer una estimación de los casos probables —alrededor de 700 mil infectados—, sin hacer juicios políticos en contra del gobierno».

En contraste, critica a The New York Times por seleccionar datos que avalan la hipótesis del artículo «Cifras ocultas: México desatiende la ola de muertes en la capital». «“Los médicos… dicen que se está ocultando al país la realidad de la epidemia”, afirma el texto, pero solo pueden citar diciéndolo a José Narro el ex secretario de Salud de Peña Nieto (...). Los médicos restantes, cuyos nombres no son revelados, simplemente describen lo difícil de la situación en algunos de los hospitales. En otra parte hacen una interpretación que cabría en un editorial pero no en un reportaje: “Los desacuerdos han tenido lugar en gran parte tras bambalinas, ya que (Claudia) Sheinbaum… es reacia a avergonzar públicamente al presidente Andrés Manuel López Obrador”», indica.

Sobre López-Gatell, advierte que «los críticos lo acribillan como si hubiera una forma correcta de enfrentar la epidemia, cuando lo que existe es una gama de estrategias variopinta en todo el primer mundo, desde la permisividad de Suecia hasta el confinamiento punitivo en España. (…) A ratos da la impresión de que entre los detractores hay una suerte de frustración porque México no está padeciendo las tragedias por las que ha pasado Nueva York, Italia o España. Incluso con los 700 muertos adicionales que el NYT imputa a la Ciudad de México, las cifras son moderadas, hasta ahora. La falta del desastre anunciado es compensado con una satanización del que da la cara —López-Gatell—, con la difusión de las opiniones de los exfuncionarios que dejaron el sistema de salud en los huesos y buscan cargarle la culpa a quien así lo recibió (…)», concluye.

El papel de los estados

Frente a la confusión, han surgido iniciativas como las del Observatorio para Contención del COVID-19, el cual aporta datos precisos y valiosos sobre las acciones desarrolladas por los gobiernos locales desde el día 0 de la emergencia sanitaria.

El panel, encabezado por expertos y académicos de la Universidad de Miami, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), la Universidad Anáhuac y la Sociedad Mexicana de Salud Pública, elaboró el «Índice de política pública ajustado por tiempo y movilidad» para evaluar las medidas adoptadas en los estados para fomentar el distanciamiento social, reducir la movilidad e informar a la población sobre la COVID-19.

Nuevo León (49.8), Nayarit (47.4), Baja California Sur (44.5), Jalisco (43.5) y Yucatán (41.3) figuran entre los estados mejor puntuados. Los peores son Zacatecas y Chiapas (22.5), Tlaxcala (25.2), Tabasco (27.5) y Aguascalientes (28.8).

Coahuila (32.7) aparece en el puesto 22, detrás de Oaxaca (32.8) y por encima de Veracruz (31.7). Las primeras medidas de prevención en el estado se tomaron 22 días después de la declaración de emergencia —27 de febrero—. El pico del índice de movilidad (38) ocurrió a los nueve días de declarada la pandemia y se redujo hasta 74.2 puntos a los 65 días.

Entre los primeros estados que tomaron medidas informativas figuran Morelos y Nuevo León —día 8—. La primera medida adoptada en Coahuila —día 22— fue la cancelación de eventos públicos, seguida del cierre de escuelas —día 23— y la disminución parcial de la actividad laboral —día 27—. Para el día 25, varias entidades ya habían limitado los viajes domésticos; Coahuila lo hizo hasta el día 44 de forma parcial.

Para el día 65, la tasa de mortalidad per cápita en Coahuila era de 13 —por millón de habitantes—, por encima de Puebla (12.8) y detrás de Yucatán (13.3). En comparación, los estados con más muertes per cápita son Quintana Roo (67.3), Baja California (63.8), Tabasco (50.9), Sinaloa (50.4) y Ciudad de México (46.2). Al fondo de la lista aparecen Chiapas (1.2), San Luis Potosí (2.8), Nuevo León (3), Jalisco (3.6) y Durango (3.6).

México está por rebasar los 40 mil contagios y los cuatro mil decesos por COVID-19; al 13 de mayo, Coahuila registraba (696) casos y las (57) muertes. E4



En tiempos de pandemia, las mujeres ponen el ejemplo

Jefas de Estado destacan por su gestión pública. Violencia de género se dispara durante el confinamiento

Entre los países que mejor han enfrentando la emergencia sanitaria destacan varios gobernados por mujeres. Alemania, Taiwán, Islandia, Nueva Zelanda, Finlandia, Dinamarca y Noruega arrojan los mejores resultados en gestión política.

La canciller alemana Ángela Merkel fue de las primeras en reconocer la gravedad del fenómeno y ordenó realizar pruebas masivas desde un inicio —350 mil por semana, en promedio—. Esto le permitió a Alemania registrar menos muertes (7,792) que sus vecinos Italia (31,106) y España (27,104).

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, destacó por implementar oportunamente un paquete de 124 medidas orientadas a detener la propagación, como la restricción de vuelos, instalación de un centro epidémico, pruebas masivas, distribución y exportación de millones de mascarillas y rastreo de los móviles. Pese a estar muy cerca de China, Taiwán ha limitado el brote a solo 393 contagios confirmados y seis muertes. La revista Forbes ha elogiado a Ing-wen por su mano firme, en comparación con lo dubitativo de otros gobernantes varones como Donald Trump, Vladimir Putin, Jair Bolsonaro o López Obrador.

La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, también ha logrado mantener a raya al coronavirus. Pese a registrar poco más de 1 mil 100 contagios, Nueva Zelanda solo contabiliza 21 muertes, debido a la rapidez de las detecciones, la atención sanitaria y las medidas de aislamiento.

De los cinco países nórdicos —Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia—, los cuatro gobernados por mujeres destacan por cómo han enfrentado la emergencia.

Sanna Marin, primera ministra de Finlandia, de 34 años —la gobernante más joven del mundo—, ha utilizado el poder de las redes sociales para crear conciencia entre la población de su país sobre la importancia de respetar las medidas de protección, lo que ha hecho que Finlandia registre solo 284 muertes de poco más de 6 mil casos confirmados.

Katrín Jakobsdóttir, mandataria de Islandia, convirtió a su país en el que más pruebas ha realizado por cada mil habitantes, lo que le permitió hacer un eficaz rastreo de casos de contagio y mantener un bajo número de muertes —10 de 1 mil 800 casos—.

La danesa Mette Frederiksen utilizó sus conferencias diarias para sostener un diálogo cálido y creativo con los habitantes de su país. El éxito de estas medidas le permitieron a Dinamarca ser uno de los primeros países europeos en reabrir las escuelas.

En Noruega, la primera ministra Erna Solberg, ha destacado por sus conferencias de prensa exclusivas para niños, pero también por las medidas de protección tempranas que le han permitido a su país limitar a 229 el número de muertes, de poco más de 8 mil infectados.

En contraste, Suecia, la única nación nórdica dirigida por un hombre —Stefan Löfven—, paga caro no haber cerrado escuelas ni restaurantes. Al cierre de esta edición, Suecia registraba casi 28 mil infectados y 3 mil 460 muertes.

Pero mientras las mujeres destacan, muchas otras sufren por aumento de la violencia de género. António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, advierte que desde la declaración de la emergencia sanitaria no solo ha habido un «repunte alarmante de la violencia doméstica en todo el mundo», sino que más «mujeres están perdiendo su empleo remunerado, (y) se están encontrando con un enorme aumento en el trabajo de cuidados debido al cierre de las escuelas, la saturación de los sistemas de salud y las mayores necesidades de las personas de edad» (Reforma, 30.04.20).

En este sentido, llama a los líderes a unirse a la Iniciativa Spotlight, a través de la cual la Unión Europea y Naciones Unidas trabajan con los gobiernos de más de 25 países, entre ellos México, en la puesta en práctica de varias medidas, como garantizar que haya servicios de apoyo en línea, ampliar refugios para las víctimas de violencia doméstica y redoblar el apoyo a las organizaciones de primera línea. E4

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