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Edición 636

Política

Ola violeta tiene los votos para ganar la presidencia

Después de haberse adueñado de las calles y de semiparalizar al país, el movimiento afronta el reto de llevar su enfado y energía a la política y a las urnas. Solo así podrá aumentar su influencia en la toma de decisiones y lograr las transformaciones que el predominio masculino ha sido incapaz de conseguir

Gerardo Hernández G.

En México las mujeres representan el 52% de la lista nominal de electores (rebasan los 46.3 millones), pero votan más por varones que por candidatas de su propio género. Incluso en las presidenciales de 2018, cuando la única aspirante (Margarita Zavala) se retiró de la contienda por falta de equidad, sufragaron más féminas (66.2%) que hombres (58.1%). Además, solo un par de los 32 estados de la república (6.4%) es gobernado por mujeres y 545 de los municipios (alrededor del 23% del total) tienen alcaldesas. A escala global las cosas no son distintas, pues de los 193 países miembros de Naciones Unidas (NN. UU.) únicamente 10 tienen jefas de gobierno.

De acuerdo con la tendencia actual, la brecha de género tardará en cerrarse más de un siglo; el cálculo previo era de 30 años. «En el ámbito de la participación política, las cifras hablan por sí solas: el 90% de los jefes de Estado y de Gobierno son hombres, al igual que el 76% de los parlamentarios. Aunque ha habido un pequeño aumento en la representación de las mujeres en la política, en algunos países más que en otros, para llegar a la paridad se necesitan unos 107 años», dijo la expresidenta de la Asamblea General de NN. UU., María Fernanda Espinosa, en un foro sobre la participación femenina en puestos de poder, organizado el año pasado por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

Una de las gobernantes es KatrínJakobsdóttir, de Islandia, donde, en octubre de 1975, se realizó el primer paro de género coincidente con la celebración del Día Internacional de la Mujer, proclamado así por NN. UU. dos años después. La primera presidenta islandesa fue la activista VigdisFinnbogadottir, quien ganó cuatro elecciones consecutivas para totalizar 16 años en el cargo. Madre soltera divorciada, Vigdis atribuye su ascenso al «Día Libre de las Mujeres» del otoño del 75. El movimiento convirtió a Islandia en «el país más feminista del mundo».

«Tomaron las calles para reivindicar la igualdad. Y paralizaron el país. Literalmente. Más del 90% de las ciudadanas de la isla —de algo más de 220 mil habitantes— secundaron el llamado “Día Libre de las Mujeres”. Tanto que los periódicos vespertinos no pudieron imprimirse. La mayoría de las tipógrafas y secretarias eran mujeres y también habían secundado el paro. Muchos hombres, poco acostumbrados a los cuidados familiares, tuvieron que llevarse a sus hijos al trabajo. Y preparar desayunos, almuerzos y cenas». (El País, 08.03.18)

Espinosa, la cuarta presidenta de NN. UU. desde su fundación en 1945, advierte: «A menudo las candidatas, políticas en ejercicio, ministras, parlamentarias, alcaldesas y líderes comunitarias, enfrentan grandes barreras: desde resistencias dentro de sus propios partidos hasta dobles raseros, y un tratamiento discriminatorio en ciertos medios de comunicación». La excanciller de Ecuador y candidata de México a la secretaría general de la Organización de Estados Americanos, pide acción, conciencia y esfuerzos «para potenciar el liderazgo de las mujeres en todos los espacios. Sin mujeres en la política —señala—, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la paz están seriamente comprometidos».

La violencia e impunidad en México le conceden la razón y explican la manifestación del 8 de marzo contra los feminicidios y la pasividad de las autoridades frente a la escalada. El paro «Un Día sin Nosotras», convocado por el colectivo Brujas del Mar, rebasó las expectativas, pues hizo eco en hogares, empresas, instituciones y universidades públicas y privadas. Sin embargo, para trascender como en Islandia y Argentina, que en 2007 eligió a su primera presidenta (Cristina Kirchner), hacen falta muchos pasos más y una mayor participación política de la mujer.

Sheinbaum y Zavala

México ha tenido a lo largo de la historia siete gobernadoras electas —Griselda Álvarez, Beatriz Paredes, Amalia García, Ivonne Ortega, Martha Érika Alonso, quien murió en un accidente aéreo una semana después de haber tomado posesión, Claudia Pavlovich y Claudia Sheinbaum, las dos últimas en funciones— y un par de interinas —Dulce María Sauri y Rosario Robles, la segunda en prisión por el desvío de siete mil 670 millones de pesos a través de empresas fantasma. La Estafa Maestra, descubierta por Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, se cometió en el gobierno de Enrique Peña Nieto—.

De seis candidatas a la presidencia, Josefina Vázquez Mota (PAN) ha sido la más votada, pero ni el 25.3% del total de sufragios captados en 2012 le permitió aproximarse a Peña Nieto (PRI) y a Andrés Manuel López Obrador (PRD, PT y MC), quienes la aventajaron por 13 y seis puntos, respectivamente. Postulada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores para las elecciones de 1982 y 1988, Rosario Ibarra de Piedra captó el 1.77% de los votos en la primera, y apenas el 0.39% en la segunda. En 2006 ingresó al Senado bajo las siglas del Partido del Trabajo.

En las presidenciales de 1994, cuando el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el asesinato del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, remecían al país, participaron dos mujeres: Cecilia Soto (PT) y Marcela Lombardo —hija de Vicente Lombardo Toledano, fundador del PPS y pretendiente a la presidencia en 1952—, cuyas votaciones fueron marginales: 2.75 y 0.47%, en ese orden. Soto se desempeñó como embajadora de México en Brasil, en el gobierno de Vicente Fox, y después fue diputada por el PRD.

Patricia Mercado compitió por el Partido Socialdemócrata contra Felipe Calderón, Roberto Madrazo y López Obrador en la sucesión de 2006, pero tampoco logró persuadir a las mujeres de votar por ella. Captó 1.1 millón de papeletas, el 2.7% del total. Ahora es senadora por Movimiento Ciudadano y preside la Comisión de Zonas Metropolitanas y Movilidad.

Previo al proceso electoral de 2018, Margarita Zavala (PAN) era la única capaz de plantar cara a López Obrador, según encuestas. Un estudio de Berúmen y Asociados, difundido 11 meses antes de las elecciones, ofrecía dos hipótesis: postulada solo por Acción Nacional, la preferencia bruta por Zavala era del 33.6% contra 21.5% de AMLO (Morena); y en coalición con el PRD, la relación casi no variaba: 31.9/22.7% en favor de la panista. (Expansión, 22.03.18)

Animado por esos números, el expresidente Calderón tuiteó: «De hecho la única persona que ha aparecido adelante y venciendo a @lopezobrador_, y sigue delante de él en los careos uno a uno es @Mzavalagc, es decir, es la única persona que puede vencer a @lopezobrador_. @RicardoCAnaya nunca se le ha ni siquiera acercado. Twitter.com/ferbelaunzaran…». Empero, las ambiciones tiraron por la borda la posibilidad de elegir a la primera presidenta de México. Anaya impuso su nominación y en respuesta los Calderón renunciaron al PAN.

Formada en la lucha política, Zavala no se dio por vencida y afrontó a López Obrador como candidata independiente. Sin embargo, el 17 de mayo abandonó la contienda. «El abuso del dinero público distorsiona a los partidos, con los megapaquetes de spots en televisión y radio, totalmente inequitativo», declaró en el programa Tercer Grado. Su nombre no pudo retirarse de las boletas, donde recibió 64 mil 643 votos.

¿México por qué no?

Tras la exitosa manifestación del 8 de marzo y el paro nacional del día 9, se impone preguntar: ¿cómo encauzarán las mujeres su enfado y mayoría en las elecciones de 2021 y en las presidenciales de 2024? ¿Mantendrán el pulso con un sistema dominado por hombres o volverán a replegarse? Sin liderazgos visibles —y en el ámbito ejecutivo únicamente con dos gobernadoras, una de las cuales (Claudia Pavlovich, Sonora, PRI) dejará de serlo en 17 meses—, el desafío feminista consiste no solo en incidir en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para fijar sus demandas de seguridad, justicia e igualdad en la agenda nacional, sino también en el futuro del país desde la misma presidencia de la república.

Hasta hoy, ninguna mujer ha sido electa presidenta en América del Norte. Hillary Clinton estuvo a un paso de la Casa Blanca, pero las marrullerías de Donald Trump y el sistema comicial de Estados Unidos le dieron con la puerta en la cara a pesar de haber obtenido 2.8 millones de votos populares más. Kim Campbell, del Partido Liberal, fue primera ministra de Canadá entre junio y noviembre de 1993 tras la jubilación de Brian Mulroney.

En cambio, América Central y América del Sur han tenido diez presidentas; siete electas y tres interinas. En 1990, la periodista Violeta Chamorro (Nicaragua) ganó las elecciones a Daniel Ortega, quien regresó al poder en 2007 para implantar una dictadura. En 2013, coincidieron los mandatos de Laura Chinchilla (Costa Rica), Cristina Fernández (Argentina), Dilma Rousseff (Brasil) y Michelle Bachelet (Chile). Las tres últimas obtuvieron la reelección, pero el Senado brasileño, en un juicio político turbio, defenestró a Rousseff por «corrupción» y «crímenes de responsabilidad». En su juventud, la primera mandataria del gigante sudamericano combatió a la dictadura militar desde la organización guerrillera COLINA, razón por la cual fue torturada y confinada tres años en prisión.

En México, la única presidenciable, por ahora, es Claudia Shienbaum (Morena). Hace dos años, ganó la jefatura de Gobierno de Ciudad de México con el 47% de los sufragios, 16 puntos por encima de Alejandra Barrales (PRD) y 35 del peñista Mikel Arriola (12.8%). Sheinbaum fue secretaria de Medio Ambiente del Distrito Federal en la gestión de López Obrador y forma parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, ganador, en 2007, del Premio Nobel de la Paz junto con Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos.

Margarita Zavala aspira a la «silla del águila» por segunda ocasión. Con tal propósito, ella y su esposo, el expresidente Felipe Calderón, han formado el Partido México Libre (PML), escisión del PAN. En sus ejes de acción, el PML advierte sobre la libertad —en riesgo, según los opositores del presidente López Obrador—: «es un valor cardinal que nos permite luchar por los derechos, por la democracia y por el resto de los valores. Nos perfecciona como seres humanos y la ejercemos y la respetamos. Es un bien de la nación mexicana por el que generaciones han luchado».

La lista de las presidenciables podría ampliarse después de las elecciones intermedias, si las mujeres ganan estados clave o surgen del Congreso figuras relevantes. Los partidos tradicionales han perdido cuadros, muchos de los cuales emigraron a Morena. Aun sí, en el Senado hay políticas dignas de ser consideradas: Beatriz Paredes (PRI), Xóchitl Gálvez, Josefina Vázquez (PAN) y Patricia Mercado (Movimiento Ciudadano). Las dos últimas fueron candidatas en 2006 y 2012. Crítica del presidente López Obrador, la periodista Beatriz Pagés renunció al PRI el año pasado por la imposición de Alejandro Moreno en la presidencia. Es otro buen perfil. E4


López Obrador, arrollado por la locomotora feminista

El camino de las mujeres en la política ha sido largo, sinuoso y plagado de obstáculos, sin faltar el acoso

Lo que el sexo fuerte no ha querido o no ha podido hacer: plantar cara al poder —representado hoy por Andrés Manuel López Obrador (AMLO)— para desmontar el sistema de discriminación, privilegios e impunidad vigente, lo han hecho las mujeres con un enfoque de género. La protesta y el paro nacional del 8 y 9 de marzo demostró la fuerza del movimiento feminista. El yugo del miedo se rompió. AMLO, con su legitimidad indiscutible de 30 millones de votos, se colocó frente a la locomotora violeta y fue arrollado.

El color violeta —séptimo del arco iris— fue definido por la activista inglesa EmmelinePethick-Lawrence (1867-1954) como símbolo de «la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto», así como de «su conciencia de la libertad y la dignidad». Segunda de 13 hijos y militante del Partido Laborista, Pethick ocupó la tesorería de la Unión Social y Política de las Mujeres, fundada por EmmelinePankhusrt, líder del movimiento sufragista.

Pethick y su esposo Frederick Lawrence fueron encarcelados en 1912 tras una protesta en la que se rompieron ventanas, táctica con la cual no estaban de acuerdo (Wikipedia). No es casual, entonces, que el Reino Unido, donde la mujer consiguió el derecho al voto en 1918, haya sido gobernado durante 11 años por una de las mayores estatistas del siglo XX: Margaret Tatcher. Junto con el presidente de Estados Unidos Ronald Reagan y el papa polaco Juan Pablo II, la Dama de Hierro venció al comunismo y derribó el Telón de acero.

En México, Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Mariana Rodríguez del Toro; Carmen Serdán, María de la Luz Espinoza y Carmen Vélez, la Generala, entre otras, jugaron un papel destacado en la guerra de Independencia y la Revolución. Elvia Carrillo Puerto, La monja roja del Mayab, fue una de las precursoras del voto femenino en nuestro país —junto con María Lavalle Urbina y Adelina Zendejas, entre muchas otras— y la primera diputada electa en el Congreso de Yucatán. Su hermano Felipe Carrillo Puerto, gobernador del estado, murió en el paredón, el 3 de enero de 1924, sentenciado por un tribunal militar en un juicio sumario.

Amenazada de muerte, Elvia se refugió en Ciudad de México donde prosiguió su activismo. El voto a la mujer se concedió en 1947, pero solo podían participar en elecciones municipales incluso como candidatas. Seis años después, durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, la igualdad de derechos políticos se logró mediante una reforma al artículo 34 de la Constitución. El debut de las mujeres en las urnas ocurrió el 3 de julio de 1955 para renovar el Congreso federal, formado entonces por 162 diputados.

En ese proceso (1955) resultaron elegidas Remedios Albertina Ezeta (Estado de México), Margarita García Flores (Nuevo León), Guadalupe Urzúa Flores (Jalisco) y Marcelina Galindo Arce (Chiapas), todas del PRI. La primera diputada de oposición fue Macrina Rabadán (PPS), electa en 1958. Nueve años después, Alicia Arellano (Sonora) y María Lavalle Urbina (Campeche), ambas del PRI, se convirtieron en las primeras senadoras. En 1988, Ifigenia Martínez ingresó a la Cámara alta bajo las siglas del PRD.

El camino de las mujeres en la política ha sido largo, sinuoso y plagado de obstáculos, sin faltar el acoso. Cierto líder priista de Coahuila, en un lapsus célebre, dijo: «El PRI es un partido de piernas abiertas». Tras más de un siglo de lucha, e impulsadas ahora por la ola violenta, esta vez tienen en sus manos la posibilidad de crear condiciones para llevar a una de ellas a la presidencia. Pero en estos momentos, ¿quién? ¿Claudia Sheinbaum? ¿Margarita Zavala? Después de gobiernos del PRI, PAN y Morena ineficaces, conviene recordar las palabras de María Fernanda Espinosa: «Las mujeres deben demostrar a cada paso que son aptas, capaces, competentes», pues su participación en la política «promueve la estabilidad económica y contribuye a fortalecer las instituciones». E4


«Sin mujeres en la política, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la paz están seriamente comprometidos. (…) Las mujeres deben demostrar a cada paso que son aptas, capaces, competentes».

María Fernanda Espinosa, expresidenta de NN. UU.


Transición: de las Juanitas a la paridad legislativa

La reforma de 2019 extenderá el principio a los gobiernos federal, estatales y municipales, así como a los órganos autónomos

Entre las cuotas de género y la paridad entre hombres y mujeres para formar el Congreso, las legislaturas locales y los ayuntamientos, pasaron más de dos décadas y tres reformas; la última se aprobó en mayo pasado. En ese lapso surgió una figura ominosa para escamotearle a las féminas posiciones de representación popular, en la mayoría de los casos con su aceptación: las Juanitas. Postuladas como cabezas de fórmula para taparle el ojo al macho, las diputadas renunciaban en favor de sus suplentes: hombres.

Diez mujeres dieron ese paso en 2009, apenas iniciada la LXI legislatura: cuatro del PRI, entre ellas la coahuilense Hilda Flores, cuya curul fue transferida a Noé Garza Flores por voluntad del entonces mandamás Rubén Moreira; tres del Partido Verde, dos del PRD y una del PT. Una jurisprudencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, del 7 de junio de 2012, obligó a los partidos a integrar las fórmulas de candidatos a diputados federales y senadores con candidatos del mismo género. Las Juanitas pasaron a mejor vida.

La historia empezó en 1996 con las cuotas de género, promovidas a escala internacional «para encontrar un equilibrio en la participación de mujeres y hombres en los órganos de toma de decisiones». La Constitución fijó, en artículos transitorios, un límite de 70% para legisladores de un mismo género; en todos los casos fueron hombres. Para las diputaciones de representación proporcional se creóun sistema de «listas de cremallera» a efectos de que los partidos no asignaran a las mujeres los peores sitios de las nóminas electorales.

El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), publicado en 2008, sustituyó el término «equidad entre hombres y mujeres» por el de «paridad de género». Para «acercar a una representación igualitaria plena», se redujo al 60% el límite de candidatos propietarios de un mismo género —«procurando llegar a la paridad»—, excepto en los casos de mayoría relativa. Seguían las trabas. En 2012, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación obligó a los partidos a postular un mínimo de 120 fórmulas de candidatos propietarios y suplentes de un mismo género para el Congreso y 26 para el Senado.

Esa disposición permitió elevar casi al 35% la representación femenina en la LXII legislatura, con 185 diputadas y 42 senadoras. El paso definitivo se dio en 2014 con una reforma al artículo 41 de la Constitución, la cual establece el principio de paridad entre géneros y exige a los partidos aplicarlo en las candidaturas para diputados federales y locales, senadores y ayuntamientos. El criterio de las fórmulas del mismo sexo se amplió a las de mayoría relativa; y en los casos de las listas plurinominales, los géneros son alternados. La ley rechaza cualquier criterio para que a alguno de los géneros se le asignen «exclusivamente» distritos donde su partido haya perdido en las elecciones previas.

En la actual legislatura federal, dominada por Morena, el 48% de los asientos de la Cámara baja lo ocupan mujeres; en el Senado, la proporción sube al 49.2%. Con ese peso femenino en el Congreso, en mayo pasado se aprobó, con 445 votos, el dictamen para garantizar la paridad de género en los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), así como en los órganos autónomos y los gobiernos estatales y municipales. Una revolución. Las mujeres luchan en las calles, pero también en las tribunas parlamentarias. En el Congreso de Coahuila son mayoría (14/11), pero poco se ha notado; en temas como la megadeuda y las empresas fantasma —herencias del moreirato—, no han dicho esta boca es mía, excepto las del PAN. E4

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