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Edición 627

Medios

Twitter: la otra guerra

En la batalla de hasthags no puede haber más que victorias pírricas, pues las tropas cibernéticas de ambos bandos se esconden en trincheras digitales difíciles de detectar

Gerardo Moyano

Hubo un tiempo en que Twitter se erigió como una red de empoderamiento ciudadano. Bastaban un mensaje sesudo, hashtags pegadizos y etiquetar a los personajes correctos para que cualquier mexicano saltara a la arena política y ubicara un tema como «tendencia» nacional. Hasta hubo twitteros que se convirtieron en influencers y eran entrevistados por grandes medios de comunicación.

Eran otros tiempos. Hoy, esta red social se ha convertido en un campo de batalla en el que solo pueden triunfar las tropas cibernéticas más sofisticadas (Espacio 4, 621). No obstante, se trata de victorias pírricas, pues lo efímero de los mensajes y la escasa interacción «real» de esta red hacen que la inversión de recursos financieros y humanos no sea tan redituable como en otras herramientas, como Facebook o Instagram.

Además, se trata de un arma de doble filo, como quedó demostrado con el análisis de la Unidad de Información, Infraestructura Informática y Vinculación Tecnológica de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPC), presentado por el titular de la dependencia Alejandro Mendoza Álvarez, en la conferencia mañanera del 1 de noviembre. El informe buscaba desentrañar el origen de los hashtags #PrensaProstituida, #PrensaSicaria y #PrensaCorrupta, que marcaron tendencia el día anterior, tras el ríspido debate entre periodistas y el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sobre el operativo fallido de Culiacán para detener al narcotraficante Ovidio Guzmán (Espacio 4, 626).

El informe del gobierno señala que el 74% de los participantes en esa campaña resultaron ser usuarios «reales» y el otro 26% lo conformaron los famosos bots (robots) que utilizaron «propaganda automatizada».

Entre ellos, se detectó una cuenta «madre» asociada al usuario @tumbaburros —cuya identidad fue atribuida a Jett Scott Szeszko—, de la cual se observó una «importante actividad» de child bots o nodos, relacionados con cuentas del hijo del expresidente Felipe Calderón, Luis Calderón Zavala; del exsecretario de Educación y excoordinador de la campaña presidencial del PRI, Aurelio Nuño; y del líder del PAN en la Cámara de Diputados, Juan Carlos Romero Hicks.

A Calderón junior lo defendieron sus padres, Nuño negó las acusaciones y Romero Hicks hizo un video para deslindarse y acusar al presidente de estar causando un «desastre nacional». Sin embargo, el propietario de la cuenta @tumbaburros reconoció su «amistad» con Felipe Calderón y Romero Hicks, aunque dijo que éstos no influyen en el contenido de sus mensajes (Noticias México, 06-11-19).

Al análisis presentado el 1 de noviembre —al menos al resumen ejecutivo— no solo le falta precisión en cuanto a la metodología de medición y a las definiciones de lo que considera una cuenta «real», sino que su conclusión parece un contrasentido: ¿la mayoría son cuentas «reales» y la oposición las apoya? Está claro que AMLO no requiere más ayuda para enfrentarse con la prensa.

Además, otros informes, como uno que realizó la firma de análisis de datos Mesura, muestran un resultado distinto: sí hay bots a favor del gobierno, pero emplean un tipo de tecnología más sofisticado y se apoyan en cuentas de personas influyentes, definidas como «coordinadores» (Reforma, 29-11-19). Entre ellas, las del cineasta Epigmenio Ibarra, la diputada Tatiana Clouthier o el académico John Ackerman.

#NoSoyBot

Para el presidente, los ataques a la prensa en Twitter son espontáneos y en ellos no participan funcionarios de su gobierno, pero puede que sí la oposición.

«Creo que fue la reacción de la gente (…) Auténtico, no artificial (…) No creo que sean bots, o a menos que sean de nuestros enemigos o adversarios, que para exacerbar las diferencias de nosotros con los medios, ora sí que como se dice coloquialmente, para amarrar navajas, hayan desatado esa campaña. (…) Tampoco lo creo. Lo veo más espontáneo. Ahora, ¿que si el contenido es el correcto?, ¡eso no! A todos nos debe de conducir el respeto», dijo el 1 de noviembre.

En este sentido, pidió a sus seguidores bajarle a los insultos. «Decirle a usuarios en redes que el apoyo al gobierno lo agradecemos mucho y la recomendación respetuosa es que no se insulte sino se argumente, esto es lo más destacado. Por lo general son muy buenos los argumentos, además no podría ser de otra forma, los conservadores están desquiciados, desesperados», añadió.

Sin embrago, las conferencias mañaneras de AMLO se han convertido en doble espacio de linchamiento, pues a la par de los ataques del presidente a la prensa, gran parte de los usuarios que comentan la transmisión en vivo en Youtube amenazan e insultan a los periodistas que hacen preguntas al mandatario.

Por ejemplo, el 1 de noviembre, el reportero Irving Pineda de TV Azteca cuestionó a López Obrador sobre los ataques a la prensa y sobre la posibilidad de que se estuvieran utilizando granjas de bots y cuentas falsas.

«Las tendencias en esta ocasión y los ataques a los periodistas que preguntaron ayer (31 de octubre) en la mañanera alcanzaron las redes sociales de familiares; es decir, en Facebook atacaron a los familiares de los periodistas, alcanzaron a cuentas como de Twitter, de Instagram de los medios de comunicación donde se prestan los servicios. Mi pregunta es así, muy sencilla: si algún funcionario del gobierno federal está metido en estos ataques a periodistas, ¿usted lo va a separar del cargo?», dijo el periodista.

Mientras AMLO respondía en Palacio Nacional, en las redes el hashtag #IrvingChillon se iba perfilando para marcar tendencia con mensajes en el que criticaban al reportero por sus reclamos al mandatario, acompañados de la etiqueta #NoSoyBot.

Al final, el que debería bajarle a los ataques a la prensa es el propio presidente. De lo contrario, corre el riesgo de caer en la misma tentación a la que sucumbió su predecesor Enrique Peña Nieto, quien acusaba a los periodistas de ver solo lo «malo» que hacía su gobierno: «lo bueno también cuenta», imploraba.

Pero al ir más allá y llamar a la prensa «fífí» o «hampa», AMLO corre un riesgo aún más grande: el de ubicarse a la altura de dictadores y populistas trasnochados; o peor, a la altura del presidente estadounidense Donald Trump y su cruzada contra los medios que lo critican, bajo el argumento de que todo lo que publican son «noticias falsas». E4



Campo digital de combate

Hashtags

  • Etiquetas con palabras clave

Bots

  • Programa que efectúa automáticamente tareas repetitivas

Trolls

  • Personas desconocidas que publican mensajes provocadores

Cámaras de eco

  • Información amplificada por transmisión y repetición

Grupos de spammers

  • Envían comunicación no solicitada

Inversión de alcance

  • Mide el retorno de la inversión según el alcance de mensajes

Seeding

  • Comportamiento no auténtico coordinado

Influencers

  • Personas con credibilidad en una comunidad determinada

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