Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Política Reportaje Seguridad Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 

Edición 626

Seguridad

Rectificar táctica de guerra, ratificar la estrategia de paz

El gobierno reconoce «tropiezo táctico», pero reafirma su política de seguridad. La apertura de información sobre lo ocurrido en Culiacán contrasta con la opacidad y el encubrimiento que marcó a los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto

Gerardo Moyano

Parte de lo que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) perdió en las calles de Culiacán, el 17 de octubre, y durante el caos informativo que reinó en los días posteriores, lo recuperó con un inédito ejercicio de transparencia.

Si bien todavía hay dudas no aclaradas sobre lo ocurrido el «jueves negro» en Sinaloa, la información que el mandatario ofreció en su conferencia de prensa del 30 de octubre ocupó una parte del vacío que la oposición y los grandes medios intentaron llenar con noticias falsas, imágenes sensacionalistas y alarmas de Estado fallido.

Atrás parecen quedar los años de montajes de operativos, los shows de las presentaciones de capos —desafiantes y sonrientes—, los reportes improvisados, las estadísticas de «daños colaterales» y las «verdades históricas» que marcaron los sexenios de Felipe Calderón (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018).

La «verdad minuto a minuto» que presentó AMLO, junto a los secretarios de Seguridad, Alfonso Durazo, y de la Defensa Nacional, Cresencio Sandoval, no justifica los errores de planeación del operativo para capturar a Ovidio Guzmán, pero sí reivindica buena parte de actuación de las fuerzas de seguridad, las cuales contuvieron agresiones de un enemigo superior en número y sin códigos de honor.

El reporte de guerra deja claro que si el Estado hubiera utilizado toda su fuerza habría asegurado la victoria, pero el costo en vidas humanas hubiese sido muy alto. La «retirada» representó un golpe moral para las fuerzas armadas, pero evitó un mal mayor.

El informe exhibe además la vulnerabilidad de un capo y desnuda las amenazas cobardes que hizo el cartel de Sinaloa. Las agresiones contra la población civil, que incluyen la utilización de granadas —que por fortuna no explotaron— en una unidad habitacional castrense derriba el mito del narco «bueno» y su arquetipo de Robin Hood de la sierra. También pone en jaque a esa narcocultura en la que están inmersos los sinaloenses y que refuerzan las series de televisión del momento.

«Consideramos que se actuó bien, fue lo correcto, por encima de todo están las vidas. Para imponernos por la fuerza se iban a necesitar refuerzos de dos mil, de tres mil elementos, y se iba a necesitar disparar las ametralladoras desde los helicópteros y teníamos toda la información de que ellos estaban dispuestos a disparar a civiles», dijo AMLO.

El presidente también acusó a los medios de «mostrar el cobre». «Fue impresionante el despliegue de medios de información cuestionando este suceso, se nos lanzaron con todo, desde los supuestamente más independientes hasta los boletines o pasquines al servicio del conservadurismo: periódicos, estaciones de radio, canales de televisión. Fueron capaces hasta de dar a conocer una fotografía falsa (…) y lo difundió un periódico independiente, para vergüenza, por el ansia de la información, pensando en que la nota era la nota y también sin importar lo que estaba de por medio. (…) Y una televisora, famosísima, que también dando la información en exclusiva y la foto, y el tono acusatorio (...) Ojalá y nos sirva a todos esto. Esto no significa que no se ejerza el periodismo con libertad absoluta, desde luego que sí, pero mostraron el cobre». A cada quien, su saco.

Jueves negro

El saldo de víctimas fatales del «jueves negro» es incierto, el informe de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) cuenta ocho muertos: un civil, un agente de la Guardia Nacional, un interno del penal de Aguaruto (de donde se escaparon 51 reos, de los cuales 47 permanecen libres) y cinco agresores.

Sin embargo, la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa cuenta 21 heridos y 14 muertos, y un video atribuido al Ejército Nacional señala que «les causamos más de cinco bajas que cobardemente dejaron abandonados sus cuerpos, pero estamos seguros que fueron muchos más los delincuentes muertos» (sic) (Milenio, 19-10-19)

Entre los heridos, la Sedena incluye: un oficial y ocho agentes de la Guardia Nacional, siete soldados, un policía estatal, dos policías municipales. «De aquí de los soldados uno de ellos es el que pierde la pierna, se la tuvieron que amputar», señaló Sandoval. La imagen del soldado que perdió la pierna de un solo balazo calibre 50 habla sobre el poderío de fuego del grupo criminal.

Los delincuentes lograron secuestrar a dos oficiales militares y nueve elementos de tropa, «que fueron liberados posteriormente en diferentes puntos de la ciudad y de las carreteras».

En el ataque a la unidad habitacional castrense, donde se encontraban 20 personas, entre militares y derechohabientes, cuatro vehículos sufrieron impactos de bala y cuatro domicilios fueron allanados.

«El armamento, material y equipo dañado, vehículos 16 con impactos de bala, aeronaves una, 16 armas largas y dos armas cortas que también nos quitaron, pero se recuperaron posteriormente las armas largas, nada más están pendientes las dos armas cortas o siguen extraviadas; y el equipo de radio Harris también no lo hemos recuperado», señala Sandoval.

Una de las principales demostraciones de fuerza del cartel de Sinaloa se dio en la caseta de cobro «Costa Rica», al sur de Culiacán. Si bien quedan dudas sobre el video en el que sicarios y militares se estrechan las manos, Sandoval reconoce que elementos que custodiaban dos convoyes de combustible fueron sorprendidos por «150 hombres, 30 vehículos, lanzagranadas, ametralladoras, armamento automático, granadas de mano, es lo que les observó nuestro personal a los delincuentes».

En este encuentro los criminales se llevan secuestrados a un oficial, cuatro de tropas y dos camionetas militares. «Este es el oficial que se llevan de ahí de Costa Rica. Esta foto estuvo circulando en las redes estableciendo que este era el presunto delincuente y que lo habíamos uniformado para sacarlo. No, este es el oficial que fue retenido. Trae su brazalete de Plan DN-III porque la escolta trae sus símbolos de DN-III porque el programa así se llama, el abastecimiento de combustible», aclaró el titular de la Sedena.

Por su parte, el secretario Alfonso Durazo reconoció el «tropiezo táctico» que significó el operativo, pero advirtió que éste no invalida la estrategia de seguridad en su totalidad. «La primera versión equivocada que se difundió sobre este evento se hizo sobre la información que en ese momento recibió el Gabinete de Seguridad; y con toda transparencia y honestidad fue corregida en la medida que fuimos recibiendo información que representaba la realidad de los acontecimientos», declaró.

Ésta es quizás la duda más importante en el aire: ¿por qué el secretario de Seguridad estaba desinformado sobre lo que ocurría en un operativo de semejante calado?

¿Estado fallido?

La oposición y la mayoría de los grandes medios de comunicación hablan de Estado fallido y de la rendición del gobierno ante el narco, pero esta no es la primera vez que el crimen organizado toma el control de una ciudad. Los «narcobloqueos» en Monterrey, Nuevo León, sumaron decenas en 2010. Ese mismo año, militares sembraron armas y acusaron de delincuentes a dos estudiantes del Tec de Monterrey que asesinaron a sangre fría. Vaya contraste con la actuación de las fuerzas armadas en Culiacán.

En 2011, en Allende, Coahuila, Los Zetas destruyeron casas, secuestraron y mataron a familias enteras sin que las autoridades hicieran nada para detenerlo y sí mucho por ocultarlo. Un año después, al menos 131 reos se escaparon del Penal de Piedras Negras que, después se supo, era controlado por Los Zetas y aprovechado para esconder criminales, modificar vehículos para traficar droga a EE.UU., asesinar a rivales y disolver cadáveres en ácido. Los abusos de las fuerzas estatales de Coahuila en los sexenios de los hermanos Humberto y Rubén Moreira se cuentan por decenas. Pero nadie está detenido por esos hechos y ni los secretarios de Seguridad de Calderón ni de Peña renunciaron a sus cargos.

Por otro lado, el poder del crimen organizado en Sinaloa no se explica sin la complicidad de autoridades de todos los niveles de gobierno. En agosto de 2015, en el marco del juicio contra Alfredo «Mochomo» Beltrán Leyva en Estados Unidos por conspiración para distribuir cocaína y metanfetamina, se dio a conocer que el Departamento de Justicia de ese país tenía una lista de funcionarios sinaloenses, incluido un gobernador, señalados de recibir sobornos del cártel de los Beltrán Leyva.

«Dicha evidencia incluye el testimonio de un testigo cooperador sobre sobornos pagados por el acusado, a todos los niveles de policía y personal militar (…) Específicamente la policía municipal, la estatal, el gobernador del estado, la policía federal de autopistas, la oficina del fiscal y su agencia de investigación en Culiacán», señala el expediente de 21 hojas publicado por Reforma.

Aunque el Departamento de Justicia no especifica nombres, las actividades del narcotraficante (2000-2008) coinciden con las administraciones de Juan Sigfrido Millán Lizárraga (1999-2004) y Jesús Aguilar Padilla (2005-2010), ambos priistas. Fue justamente durante ese período, con el PAN en el gobierno federal, cuando los gobernadores convirtieron a las entidades en verdaderos feudos y en muchas ocasiones pactaron con los cárteles de la droga y protegieron sus operaciones.

De ahí que el secretario de Seguridad insista en «la necesidad de dejar de lado la fantasía de que es posible superar la inseguridad y la violencia mediante la estrategia represiva policial, militar, práctica básica de anteriores gobiernos. Bajo esta estrategia, México fue convertido en un país de víctimas y no debemos olvidarlo jamás».

En este sentido, destaca que el «el tamaño, la extensión y el poder de los grupos criminales que hemos padecido históricamente sólo puede entenderse por una corrupción de dimensión equivalente en los aparatos de combate a la delincuencia y procuración e impartición de justicia».

Y advierte que los resultados de la nueva estrategia de seguridad enfocada a combatir «ese mal endémico de la vida pública de nuestro país», se verán con las mediciones en este ámbito que se darán a conocer el año próximo. Al tiempo. E4



Sinaloa: los orígenes del mal

Estados Unidos pone los consumidores; México las drogas. Estados Unidos pone las armas; México los muertos. Esta interrelación entre ambos países tiene un trasfondo histórico que se remonta a finales del siglo XIX y en el cual Sinaloa juega un papel central, en particular Badiraguato, la tierra de Joaquín «el Chapo» Guzmán.

Es allí donde, según historiadores, los inmigrantes chinos plantaron las primeras semillas de amapola. En un principio, para obtener opio para consumo personal, y más tarde, para elaborar medicinas para el tratamiento de úlceras y heridas.

Fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando el gobierno de Estados Unidos impulsó el cultivo de la planta en México para producir la morfina con la que trataba a los soldados heridos en combate, pues había perdido sus fuentes de abastecimiento en Asia.

«Mi padre fue el primer hombre que trajo la semilla, sembró y procesó la goma de opio por aquel tratado que hubo entre México y los Estados Unidos, y enseñó a muchos a trabajarla», señala un hijo de Lai Chang Wong, cuyo nombre cristiano era José Amarillas, en entrevista para la revista Contralínea, en 2007.

«Grandes fortunas se amasaron a finales de la década de los 30 y principios de los 40. Ricas y conocidas familias que actualmente manejan comercios importantes en el estado, o son dueñas de grandes superficies de tierras, tuvieron el origen de su riqueza en el cultivo y el tráfico de drogas», dijo el hombre de 97 años.

Por entonces, fue tal el boom de la planta que sus flores llegaron a adornar jardines de viviendas y lugares públicos Ciudad de México, Oaxaca o Guadalajara, y era común encontrarla en los mercados (Infobae, 09-09-17). Sin embargo, la situación cambió cuando el presidente republicano Richard Nixon (1969-1974) declaró la guerra contra los productores que abastecían de marihuana y heroína a Estados Unidos.

Sin embargo, la suerte ya estaba echada. El Reporte Mundial sobre Drogas 2013, elaborado por Naciones Unidas (NU), indicaba que la producción mexicana de heroína (derivada de morfina) era 30 veces mayor a la de Colombia, que durante décadas fue el principal exportador del continente.

Un año antes, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) calculaba en 14 mil 347 hectáreas dedicadas al cultivo de amapola. Para 2018, el Transnational Institute (TNI), un instituto internacional de investigación, calculaba el área de estos cultivos en 74 mil hectáreas.

Esto explica que esta zona haya dado más célebres capos del narcotráfico, como Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Aguilar, Miguel Ángel Félix Gallardo, Joaquín «el Chapo» Guzmán, Ismael «el Mayo» Zambada y los hermanos Beltrán Leyva.

Apenas una semana antes de los enfrentamientos en Culiacán, el presidente Andrés Manuel López Obrador estuvo en Sinaloa (11 de octubre) y uno de los temas de su agenda fue la promoción del programa Sembrando Vida, anunciado por la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, en la conferencia mañanera del 9 de octubre.

Un programa que este año tendrá una inversión de 15 mil millones pesos pesos y a través del cual se busca incentivar a los campesinos a sustituir la siembra de amapola y marihuana por árboles maderables, maíz y hortalizas. El programa divide al país en territorios de 50 mil hectáreas, incluida la zona del Triángulo Dorado (Chihuahua, Durango y Sinaloa), donde unos 20 mil productores recibirán 5 mil pesos mensuales (4 mil 500 se depositarán en las «tarjetas del Bienestar» y los otros 500 irán a una caja de ahorro) por sembrar y cuidar de 2.5 hectáreas.

Al mediodía del 17 de octubre, mientras la alcaldesa de Badiraguato, Lorena Pérez, agradecía esos pagos en su informe, afuera del auditorio municipal «camionetas con muchachos armados salían para Culiacán a rescatar a Los Chapitos, les dijeron. Y les ofrecieron 40 mil pesos por la osadía» (Reforma 21-10-19). Lo que aconteció el resto de ese día es historia conocida. E4

Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba