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Edición 624

Salud

Etiquetado frontal pondrá a dieta a productos chatarra

Grandes compañías se rebelan contra la ya aprobada iniciativa de imponer sellos que adviertan sobre componentes alimenticios que afectan la salud. En Chile, una medida similar ha rebajado 25% la venta de refrescos y 20% la de cereales con azúcar

Javier Mariscal

En México, la laxitud de las normas de calidad en alimentos procesados ha propiciado problemas de salud que implican un alto costo sanitario, económico y social. Para contrarrestarlo, el Congreso avaló el 1 de octubre una iniciativa para obligar a las compañías a etiquetar sus productos con sellos que evidencien componentes cuya ingesta, entre otros males, propicia obesidad, hipertensión y diabetes.

Con 458 votos a favor, cero en contra y dos abstenciones, el pleno aprobó la minuta en lo general para que en el etiquetado frontal de alimentos y bebidas no alcohólicas se ofrezca información nutrimental que advierta sobre la presencia de cantidades nocivas de ciertos componentes.

El tema contrapone el interés de una población que intenta mejorar sus decisiones de compra para reforzar su calidad de vida frente al derecho de las compañías a operar bajo condiciones de libre mercado.

La resistencia empresarial, encabezada por ConMéxico, la Asociación Nacional de Tiendas Departamentales (ANTAD), el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Confederación de Cámaras Industriales (Concamim), argumentaba que el etiquetado de alimentos es voluntario en la gran mayoría de países.

No obstante, organizaciones civiles como El Poder del Consumidor, dirigida por Alejandro Calvillo Unna, plantean que «algo ya evidente en México es que, en la medida en que el modelo económico empobreció a la población, en lugar de políticas por un mejor salario, se relajó la normatividad para que los productos fueran más baratos y se optó por la vía fácil de orientar el consumo hacia lo dulce, salado y grasoso desde edad temprana».

A decir de Calvillo Unna, al industrial le importan más las ganancias que el hecho de que esta generación de niños pueda ser la primera en vivir menos que sus padres al llevar la situación a un punto de emergencia epidemiológica. «El empresariado ocultó el tema y el gobierno lo ha solapado con un discurso oficialista que esgrime que “en aras de una modernidad que acelera una vida cotidiana en que tanto hombres como mujeres trabajan, son las prisas las que atacan la saludable tradición alimentaria”», enfatiza.

Indica que, de seguir así, «según proyecciones, uno de cada dos niños nacidos desde 2010 en México desarrollará diabetes. No sólo la tipo II, llamada anteriormente la diabetes del adulto, pues ahora se presenta en edades cada vez más tempranas acompañada de hígado graso».

Por su parte, los nutriólogos plantean que la desinformación fomenta el consumo de productos chatarra, por eso una gran cantidad de madres los pone en la lonchera de sus hijos para alcanzar a dejarlos justo a tiempo en la puerta de la escuela. ¿Y quién las culpa por eso?: el médico.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición realizada en 2016 –la más reciente hasta el momento–, el 73% de los adultos mexicanos padece sobrepeso u obesidad –es decir, más de 60 millones de personas– y lo mismo pasa al 36% de los adolescentes y a uno de cada tres niños. Como resultado, cada año mueren más de 90 mil personas por diabetes o enfermedades cardiovasculares, respiratorias e infecciosas. El problema añadido es que cerca de la mitad de estas muertes son de personas en edad laboral, lo que implica que las familias pierden años de ingresos económicos.

Por otro lado, tratar prolongadamente una diabetes en instituciones privadas implica costos que –tras varios años– pueden superar el millón y medio de pesos, mientras que para el sector de salud pública el costo de atender la obesidad y enfermedades relacionadas supera los 120 mil millones de pesos al año. Según estudios del Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el gasto se dispara hasta los 250 mil millones de pesos cuando se agrega la merma en productividad, ausentismo y reducción de años de vida laboral.

Se avala etiquetado

El debate sobre el tema no era nuevo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Panamericana de la Salud (OPS) y la Unicef han instado a México desde hace años a procurar que en el país los alimentos procesados ofrezcan información clara, directa, sencilla, visible y fácil de entender.

Mario Delgado, coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, declaró que «es una vergüenza para México que seamos primer lugar en obesidad infantil y no se haga nada, y que además te lleguen los de la industria y digan “vas a desinformar a la gente y se van a perder miles de empleos”; pero, ¿y la salud de los niños qué?» (El Financiero 23.09.19).

Por lo anterior, la Cámara de Diputados planteó retomar particularmente el modelo de advertencia aplicado en Chile desde 2016.

Con mayoría del partido oficial –Morena–, la reforma al Artículo 212 de la Ley General de Salud siguió su curso: productos que excedan el «límite» de azúcar, grasa, sodio y otros componentes que defina la normativa –edulcorantes no calóricos y cafeína también son riesgosos para niños y adolescentes– serán puestos en evidencia.

Entre los cambios a la ley se incluye que, en el artículo 210, referente al etiquetado de envases, se agregue el párrafo: «Cualquier alimento o producto alimenticio que, en su composición nutricional contenga energía, sodio, azúcares o grasa saturada en cantidades superiores a las establecidas, o se le haya adicionado sodio, azúcares o grasas saturadas, y su contenido supere el valor establecido por la Secretaría de Salud, deberá rotular mediante un etiquetado de advertencia, la o las características nutricionales en las que supera el valor establecido».

Los sellos deberán estar separados de la declaración de ingredientes e información nutrimental. Se supone que entre más sellos tenga el empaque de un producto, menos recomendable será consumirlo.

A este tipo de productos se les agregará un símbolo octagonal de fondo color negro y borde blanco. En su interior, tendrá el texto:«alto en» seguido de su característica, como «“grasas saturadas”, “sodio”, “azúcares” o “calorías”, en uno o más símbolos independientes, según corresponda», indica el añadido al artículo 212. Las harinas industrializadas de trigo y de maíz deberán fortificarse e indicar los nutrimentos y cantidades a incluir.

El dictamen incluye una modificación para que el derecho a la protección de la salud tenga entre sus finalidades la prevención de las enfermedades, además que en materia de higiene escolar, corresponde a las autoridades sanitarias establecer acciones que promuevan una alimentación nutritiva y la realización de actividad física. Se promoverán acciones para reducir la malnutrición y el consumo de alimentos adecuados a las necesidades nutricionales de la población.

El artículo Segundo Transitorio señala que el Ejecutivo federal realizará las adecuaciones reglamentarias correspondientes dentro de los 180 días posteriores a la publicación del decreto.

Oposición empresarial

En general, el empresariado descalifica la propuesta aduciendo que ese método es confuso y solo cataloga los alimentos procesados como buenos o malos. Asegura que el etiquetado por sí solo no sirve para abatir los problemas de obesidad y diabetes.

Sin embargo, Guido Girardi, senador chileno y autor de la iniciativa Ley de Etiquetado Nutricional y su Publicidad, ha comentado que en su país «aunque lo del sello tiene muy poco tiempo y apenas este año la ley ha entrado totalmente en régimen, pues le dimos tres años para llegar a la meta, ya el 20% de la industria reformuló sus productos, ha disminuido un 25% la venta de bebidas gaseosas y bajó un 20% el consumo de cereales con azúcar» (Forbes 27.09.19).

En el cabildeo mexicano, el argumento más fuerte de las compañías era: los cambios a la normatividad «matarán» a las marcas, y eso implicará cierre de empresas y pérdida de empleos.

Francisco Cervantes Díaz, presidente de la Concamin, reiteró que «no todo es culpa del alimento procesado, pues la obesidad tiene muchos causantes… (además) los 60 mil millones de pesos que la industria aporta por Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) ya podían invertirse en rubros de salud, infraestructura para el ejercicio y programas de nutrición. Hay voluntad de arreglar lo que esté mal, pero no a garrotazos» (Milenio 01.10.19).

Entre los grandes conglomerados industriales que buscaban echar atrás la propuesta están Bimbo, Coca Cola Femsa, Kellogg’s y PepsiCo. Su queja inicial era el costo que implica modificar los empaques –más de 5 mil millones de pesos–, pero en realidad les presiona tener que esforzarse para modificar las fórmulas de sus productos para que sean más saludables.

De acuerdo con la diputada morenista Carmen Medel Palma, en la Cámara de Diputados la industria de alimentos y bebidas –Anprac, Canacintra, ConMéxico, entre otros– presionaba para evitar que el nuevo etiquetado llegue a las calles. Calvillo Unna señala que «las grandes de la chatarra afirman que, en México, el perfil de nutrientes que propone la OPS hará que el 95% de productos en el supermercado quede señalado con inexactitudes».

Los legisladores señalan que el etiquetado actual no es fácil de interpretar, requiere cálculos y conversiones que desmotivan la lectura por parte del consumidor, y por eso la iniciativa de «sellos delatores» resultará más conveniente. E4



Obesidad y sobrepeso: fronteras peligrosas

La propensión al sobrepeso en los mexicanos suele ser atribuida en parte a factores de tipo cultural: aún existen familias donde prevalece la idea de que «estar gordito es estar sano». Algo que las madres y abuelas tradicionales suelen decir a sus hijos —incluso adultos— es: «no te levantes de la mesa hasta que te hayas comido todo». Esta frase que de niño se percibe como una orden, cuando se es adulto se percibe como una muestra de amor. ¿Quién desaira a la mamá cuando le ha preparado su platillo favorito?

Sin embargo, para los nutriólogos lo importante es tener clara la diferencia entre «estar pasadito de kilos» y ser obeso. Si bien el sobrepeso implica exceso de masa corporal, la diferencia la hará la proporción de grasa en el cuerpo.

Aunque son varios los elementos que determinan el concepto, grosso modo, se considerará en sobrepeso a la persona cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) se ubica entre 25 y 29.9; a quien alcanza o supera un IMC de 30 ya se le considera obeso.

La forma de calcular el IMC es simple: se divide el peso de una persona en kilogramos por el cuadrado de su estatura expresada en metros. Por ejemplo, si una persona pesa 90 kilos y mide 1.80 metros, su IMC será de 27.7; es decir: 90 kg (peso) / 1.80 m x 1.80 m (estatura al cuadrado) = 27.7 kg/m2.

Según estándares internacionales, un IMC entre 18.5 y 24.9 es considerado saludable para adultos. En los niños se calcula el IMC incluyendo variables como sexo y edad, pues la estatura y cantidad de grasa corporal varían constantemente durante el desarrollo. E4

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