Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Sociedad Reportaje Gobierno Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 

Edición 622

Gobierno

El poder económico y el político ya no son la misma cosa: AMLO

Sin cambios relevantes en nueve meses de gobierno, pues la violencia no cesa, la economía se estanca y la lucha contra la corrupción y la impunidad se ha centrado en figuras secundarias; el presidente presenta su primer informe con una alta aprobación todavía

Gerardo Hernández G.

En 18 años los partidos y la sociedad civil, incluidos los empresarios en lo individual y como sector, fueron incapaces de articular un discurso persuasivo y de generar liderazgos sólidos y creíbles para vacunar al país contra el populismo y plantar cara en las urnas a Andrés Manuel López Obrador. El fracaso de los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón y el retorno del PRI más corrupto a la presidencia, con Peña Nieto, le dieron al caudillo de izquierda armas suficientes para socavar un régimen disfuncional controlado por las élites.

La mayoría de los grandes medios de comunicación, en particular los audiovisuales, y de los líderes de opinión también hicieron su parte. Someterse al poder político y económico y seguir sus consignas victimizó a AMLO y lo convirtió en una especie de Atila moderno. Si el jefe absoluto de los hunos era El Azote de Dios, el presidente mexicano lo es, desde su perspectiva, del neoliberalismo, de la corrupción y de la impunidad. Consecuencia del sistema, AMLO lo es también de su tenacidad. No engañó a nadie con poses de estadista ni maquillaje mediático. Los debates con Ricardo Anaya y José Antonio Meade los perdió, pero ganó las elecciones con 30 millones de votos, caudal jamás obtenido por candidato alguno.

La cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM), la imposición de proyectos con perfil de elefantes blancos, como la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y la termoeléctrica en Morelos han puesto los pelos de punta a las calificadoras de riesgo, a los inversionistas nacionales y extranjeros y a los analistas. El arbitraje solicitado por la CFE para anular cláusulas del contrato de servicios del gasoducto marino Texas-Tuxpan, construido por TC Energía —antes TransCanadá— y la mexicana IEnova (filial de la estadounidense Sempra Energy) atizó la hoguera y dio más parque a los críticos del presidente y de la Cuarta Transformación. La firma de un nuevo acuerdo conjuró la crisis.

Jorge Suárez Vélez, economista del ITAM y autor de La próxima Gran Caída de la Economía Mundial —Random House 2011—, advierte: «Si bien se comprometió con la disciplina fiscal, la pésima asignación de recursos a obras absurdas —Dos Bocas— y la cancelación de proyectos estratégicos (NAIM) provocarán estancamiento económico, reduciendo la recaudación fiscal, dejándonos apenas con suficiente para financiar programas sociales emblemáticos. Si estos logran beneficiar a más de 20 millones de mexicanos, como se intenta, será difícil que otro Presidente más sensato enmiende el rumbo. El populismo acaba con todo. Desafortunadamente, el deterioro es lento. Me niego a pensar que sea irreversible» (Reforma, 15.08.29, «Tres fases del populismo»).

Sin embargo, nada parece quitarle el sueño al presidente, como se vio en su primer informe. La inseguridad, en lugar de mejorar, empeora; la economía decrece; la lucha contra la corrupción y la impunidad ha sido más ruido que nueces y así seguirá mientras el expresidente Peña Nieto y sus acólitos no sean encausados. Hasta hoy, la legitimidad ha mantenido a flote a AMLO. Su base electoral es bastante amplia y la mayoría de los mexicanos evalúa bien su gobierno.

Así lo refleja la escritora y periodista Elena Poniatowska después de un recorrido con el presidente por Palacio Nacional: «Yo le ratifico que lo admiro, que me parece que va muy bien, que me conmueve su cercanía tan grande con la gente, que no se ha perdido, es la misma que tuvo desde su campaña y que tiene desde hace muchos años, así como el cariño que le profesan a él. No lo he visto —cambiado—, desde que lo conozco es el mismo» (Reforma, 08.08.19).

El puño presidencial

Con el dedo pulgar derecho en alto, en señal de aprobación, y la mano izquierda cerrada, para denotar firmeza, el presidente Andrés Manuel López Obrador anuncia en uno de los promocionales de su primer informe: «Los compromisos se cumplen. Separamos el poder político del poder económico». En su discurso de toma de posesión dijo que una de las insignias de su administración sería justamente esa. «El gobierno ya no va a ser un simple facilitador para el saqueo (…). Ya no va a ser un comité al servicio de una minoría rapaz».

En ese sentido, ha dado varios golpes con el puño izquierdo. Entre el 28 de mayo y el 10 de julio pasados, fueron detenidos el presidente de Altos Hornos de México, Alonso Ancira, en Mallorca, España, y el influyente abogado Juan Collado. El primero, por la reventa de una planta obsoleta (Agro Nitrogenados) a Pemex por encima de su valor; y el segundo, por supuesto lavado de dinero y delincuencia organizada. El exdirector de la empresa, Emilio Lozoya, se encuentra prófugo, acusado de delitos de corrupción, uno de ellos vinculado con la transnacional Odebrecht, la cual habría financiado parte de la campaña presidencial de Peña Nieto. Ancira pagó una fianza por un millón de euros para enfrentar en libertad el proceso, mientras se decide su extradición a México.

En sus primeros minutos como presidente, AMLO denunció ante Peña: «El distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Suena fuerte, pero privatización ha sido en México sinónimo de corrupción. (…) casi siempre ha existido este mal en nuestro país, pero lo sucedido durante el periodo neoliberal no tiene precedente en estos tiempos que el sistema en su conjunto ha operado para la corrupción. El poder político y el poder económico se han alimentado y nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación».

La repulsión del presidente al neoliberalismo y al sometimiento del poder político al económico no son nuevas. En la sucesión de 1988 se adhirió a la Corriente Democrática —el ala izquierda del PRI— contra la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, quien profundizaría el modelo económico implantado en el gobierno de Miguel de la Madrid y abriría las puertas al «capitalismo de compadres» con la privatización de Telmex, AHMSA, TV Azteca y cerca de 400 empresas más, antes propiedad del Estado. AMLO renunció al PRI para apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas, postulado por el Frente Democrático Nacional, coalición de partidos de izquierda, pero fue vencido por Salinas en una elección fraudulenta.

Basado en la legitimidad que no tuvieron sus predecesores —excepto Vicente Fox, quien dilapidó el capital de la alternancia en banalidades y fuegos artificiales—, AMLO pretende recuperar el espíritu republicano y las potestades perdidas o cedidas por el Estado en los 36 años del periodo neoliberal para hacer posible la Cuarta Transformación. Ello explica la prisa por cambiar el régimen, la austeridad a rajatabla, el recelo hacia la sociedad civil y el intento por desaparecer o controlar los organismos autónomos.

Algunas iniciativas son buenas y merecen apoyo, como el combate a la corrupción y la impunidad y la atención a los pobres; otras no, pues ponen en riesgo avances democráticos conseguidos según la fórmula churchilliana de «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». El país no necesita presidentes imperiales ni caudillos, sino estadistas que piensen en las futuras generaciones, no en la siguiente elección o, peor aún, en su propia reelección. E4


El populismo y el petate del muerto

La indignación social por la concentración de la riqueza, la corrupción política y el deterioro de la calidad de vida jaquean al neoliberalismo

Andrés Manuel López Obrador capitalizó el abandono de las obligaciones del Estado en materia de seguridad, justicia, salud y bienestar, así como el desprecio social hacia la clase política y los partidos tradicionales para hacerse con el poder holgadamente y controlar el Congreso. De momento no existe una fuerza organizada capaz de afrontar a uno de los presidentes más fuertes y legitimados de la historia. Los grandes capitales y los conglomerados mediáticos se han alineado a la Cuarta Transformación, forzados por las circunstancias.

El populismo asusta al statu quo, pero su vuelta, inevitable, empezó hace varias décadas. La concentración de la riqueza, el desencanto por la democracia representativa, la debilidad de las instituciones para atender demandas sociales básicas y la indignación ciudadana por el deterioro de la calidad de vida, los altos índices de corrupción y la impunidad son señales inequívocas del fracaso del modelo neoliberal. En países no democráticos, la sociedad civil —en particular los jóvenes— puso en movimiento los engranajes del cambio. La Primavera Árabe, iniciada en 2010, terminó con tres de las dictaduras más longevas (Túnez, Egipto y Libia) y provocó la renuncia del presidente de Yemen.

En América y Europa, la crisis financiera de 2008 exacerbó el enojo ciudadano por los recortes presupuestarios y los sacrificios impuestos. Las protestas en las principales capitales pusieron contra pared a los gobiernos neoliberales. De acuerdo con Oxfam Internacional, formada por 17 organizaciones no gubernamentales, cuyo lema es «trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento», el 82% de la riqueza generada en 2017 terminó en las manos del 1% de la población del mundo. Para Winnie Byanyima, directora del organismo, «el boom de millonarios… no es un signo de prosperidad de la economía, sino un síntoma del fracaso del sistema económico» (Radio Francia Internacional, 23.01.18).

Protestas multitudinarias alrededor del mundo se han entrelazado para demandar un cambio político y económico global y mejores condiciones de vida. La mecha la encendió el Movimiento 15-M o de los indignados, el 15 de mayo de 2011 en España, con el lema «Democracia real ¡YA! No somos mercancía en manos de políticos y banqueros». Sandra León advierte que «Una de las principales críticas a la democracia (del 15-M) fue la falta de autonomía del poder político. La sensación de que la política estaba desprotegida frente a un poder económico que no rendía cuentas en las urnas». En su primer informe, AMLO presenta como uno de sus mayores logros haber terminado con esa simbiosis.

La protesta de los indignados gestó la movilización mundial del 15 de octubre de 2011 (15-O) en la cual participaron 82 países, incluido México. Ciudadanos y colectivos fueron convocados para «reapropiarse de la política mediante la participación directa en la vida social, política y económica», y reclamar «una democratización de la economía y de la gobernanza». También influyó en los movimientos Ocupa Wall Street «contra el poder omnímodo de las empresas y las evasiones fiscales sistemáticas del 1% más rico»; y Yo soy 132 para rechazar «la imposición mediática de Enrique Peña como candidato en las elecciones presidenciales de 2012» (Wikipedia). En octubre pasado, los Chalecos amarillos protestaron en Francia contra el alza en el precio de los combustibles, la injusticia fiscal y la disminución del poder adquisitivo.

En México, el efecto de esos movimientos fue retardado. Peña ganó la presidencia, impuesto por los grandes medios y corporativos, pero seis años después los indignados pasaron factura al PRI y al sistema, y votaron por el candidato que mejor los entendía: López Obrador. ¿Estará a la altura del reto? Las encuestas dicen sí, por ahora. E4


Maquío, ejemplo de participación política no seguido

Clouthier sacudió al sistema, pero desde entonces no han surgido líderes empresariales dispuestos a plantar cara al sistema en las calles y en las urnas

Los organismos empresariales no se han distinguido precisamente por ser críticos del poder. La atonía del sector es resultado de su sometimiento. Durante los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo, cuando desde el gobierno se promovieron invasiones de propiedades agrícolas y urbanas y se nacionalizó la banca, surgieron líderes como Manuel J. Clouthier, «Maquío», líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) en los años turbulentos de 1978 a 1980. En 1988, el PAN lo postuló para la presidencia; un año después murió en un extraño accidente de carretera.

El escritor y periodista Juan María Alponte (1924-2015) recuerda que en una gira proselitista, a bordo del autobús Chamaquío, Clouthier habló de cómo fue su metamorfosis de agricultor a político: «Si algo bueno hizo el expresidente López Portillo fue haber despertado la conciencia del empresariado en la actividad política… Gracias a López Portillo, a medidas populistas como la privatización de la banca, yo estoy aquí, junto con toda esta corriente de mexicanos que antes nos preocupábamos sólo por crear riqueza, y ahora interesados en la política, en el gobierno» (El Universal, 19.02.94, «JLP y Clouthier, germen del cambio»).

Clouthier ya había sido candidato a gobernador de Sinaloa en 1996, pero perdió con el priista Francisco Labastida Ochoa en un proceso cuestionado por amplios sectores del estado; él mismo lo calificó de fruadulento en su libro La Cruzada por la Salvación de México (Wikipedia). Dos años más tarde, compitió por la presidencia contra Carlos Salinas de Gortari (PRI) y Cuauhtémoc Cárdenas, del Frente Democrático Nacional. Cuando Cárdenas aventajaba en el conteo de votos, «el sistema se cayó» para hacer ganar al PRI.

Salinas de Gortari obtuvo oficialmente 9.6 millones de votos (50.3% del total); Cárdenas, 5.9 millones (31.1%) y Clouthier, 3.2 millones (17.7%). Aldíasiguiente de las elecciones de 1988, Maquío denunció que la caída del sistema se debió a que «los representantes de los partidos de oposición en dicho sistema descubrieron un banco de datos ya con los resultados, apenas dos horas después de concluida oficialmetne la jornada electoral». El fraude se había consumado.

Clouthier hizo un llamado a la resistencia civil pacífica para exigir nuevos comicios. En la «Caravana del Silencio», los manifestantes se cubrían la boca con mascarillas donde se leía «Que hable México». También ayunó del 15 al 22 de diciembre en el Ángel de la Independencia. Sin embargo, ningún esfuerzo valió para repetir la elección, pero no claudicó. A principios de 1989, Clouthier formó un gabiente alternativo para vigilar al gobierno de Salinas, entre quienes figuraban dos futuros presidentes, Vicente Fox y Felipe Calderón.

Fernández de Cevallos devino en aliado de Salinas, y en esa condición aprobó la quema de boletas electorales, con lo cual terminaron de borrarse las huellas del fraude de 1988. Manuel Bartlett, secretario de Gobernación y jefe del órgano comicial en el sexenio de Miguel de la Madrid, reconocería casi 30 años más tarde el amaño para imponer a Salinas.

Maquío, padre de Tatiana Clouthier —coordinadora de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador— falleció el 1 de octubre de 1989 prensado por un tráiler, según las autoridades federales. Ningún empresario ha hecho lo que Clouthier por la democracia y las libertades políticas. La crítica del sector no pasa de las tertulias y de los medios de comunicación. La arena política les causa urticaria. E4


«(…) estoy aquí, junto con toda esta corriente de mexicanos antes preocupados sólo por crear riqueza, y ahora interesados en la política, en el gobierno».

Manuel J. Clouthier


Encuestas: los otros datos

Los mexicanos parecen ver el mismo país que observa AMLO. El apoyo a su gestión revalida su victoria electoral; en corrupción, mentís al discurso oficial

El presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a su primer informe con un cómodo 69% de aprobación, de acuerdo con la encuesta de El Universal (28.08.29). La noticia debió recomerle los hígados a quienes literalmente no pueden verlo ni en pintura, pero siguen sus mañaneras para después dar rienda suelta a su fobia en las redes sociales. Le hacen un favor. En 12 mediciones —iniciadas en agosto de 2018—, «sólo en noviembre —cuando aún no asumía el poder— tuvo un bache de aprobación; los demás meses ha estado por encima del 64%», advierte la nota del diario capitalino.

Jair Bolsonaro, el exmilitar de ultraderecha que en octubre pasado ganó la presidencia de Brasil en segunda vuelta, sin ser el favorito, está en las antípodas. El 53.7% desaprueba su gestión y el 9.5% se declara satisfecho, según la encuestadora CNT/MDA (Hispantv, 27.08.19). El manejo de la crisis por el incendio en el Amazonas y los desplantes con el presidente francés Emmnuel Macron, hundieron más a Bolsonaro.

AMLO es el mandatario mejor calificado en su primer año de gestión. Le siguen Carlos Salinas y Felipe Calderón (66%), Vicente Fox (62%), Enrique Peña (53%) y Ernesto Zedillo (37%) (Publimetro, 29.08.19). Los mexicanos saben qué país recibió el presidente. Para el 53.9% de los consultados por El Universal, todavía es prematuro evaluar al nuevo gobierno; el 44% respondió que nueve meses son suficientes para hacerlo.

Algunos sectores critican a la administración de AMLO por «regalar dinero», pero es en el apoyo a los adultos mayores, a los jóvenes y a quienes sufren alguna discapacidad donde obtiene mayor reconocimiento, a pesar de que la mayoría no recibe beneficios. Los logros principales del incipiente sexenio, según la muestra, son los programas sociales (25%) y el combate al robo de combustibles (16.8%). El 11.8% no aprecia ninguno y solo el 8.2% observa avances en la lucha contra la corrupción; un mentís al discurso oficial y una exigencia para profundizarla.

Los errores señalados al gobierno amlista son por las deficiencias en el combate a la delincuencia (13.6%), la violencia (5%), el narcotráfico (4.8%), la corrupción (3%) y por el manejo de la economía (3.2%). Para el 11.6%, López Obrador no ha cometido ninguna equivocación; la diferencia con respecto a quienes opinan que no existen motivos para festejar en el primer informe es de dos décimas.

El gabinete de AMLO ha sido cuestionado por su perfil, opuesto al de los tecnócratas neoliberlaes de los últimos sexenios, sin embargo, de quien más ayuda recibe «para solucionar los principales problemas del país» es de sus secretarios, respondió el 50% de los entrevistados. Para el 43.6%, el apoyo procede de los ciudadanos y no del Congreso, dominado por Morena, (17.5%). A los gobernadores, la mayoría de los cuales son del PRI y del PAN, se les ve distantes pues su participación en el esfuerzo es mínima, opina el 53.7%. La aportación de las organizaciones civiles, a las cuales el presidente ha criticado y suprimido presupuesto, es solo del 15%, pero quienes de plano en nada apoyan son los partidos de oposición, dijo el 51.5%.

Comunicador por antonomasia, López Obrador ha sabido transmitir confianza y optimismo, y así lo reflejan las pesquisas de las encuestadoras y de los medios de comunicación. La aprobación del presidente se basa en tres pilares: su honestidad, reconocida por tirios y troyanos; su cercanía con la gente, y la legitimidad obtenida en las urnas con 30 millones de votos. E4

Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba