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Edición 618

Medios

Moneros ¿una especie en extinción?

El despido de un caricaturista canadiense tras la publicación de una ilustración que retrata al presidente de Estados Unidos Donald Trump atizó el debate sobre la libertad de expresión y el futuro de la profesión

Gerardo Moyano

Si «una imagen dice más que mil palabras», ¿cuánto más dice un cartón político? En México, los presidentes se han ofendido más por dibujos de moneros que por notas de primera plana «que nadie lee» o que «se olvidan rápido». Los cartones dejan una huella difícil de borrar.

Ante la pregunta «¿a cuántos presidentes ha hecho enojar con sus cartones?», el caricaturista Rogelio Naranjo, fallecido el 11 de noviembre de 2016 y considerado uno de los mejores del país en su oficio, respondió: «Pues, que yo sepa, desde que empecé a dibujar, a todos. Pero enojar de aventar los dibujos ya impresos al suelo. Uno fue Miguel de la Madrid. Desde luego, a José López Portillo, pero él era muy caballeroso, tenía más cultura que los otros, entonces lo tomaba por el diálogo». (La Jornada 05.11.10).

Pese a las críticas, Naranjo continuó publicando sus cartones en la revista Proceso hasta su muerte. El dibujante canadiense Michael de Adder no tuvo la misma suerte.

El 28 de junio, dos días después de que publicara en Twitter un cartón en el que se puede ver al presidente Trump (con indumentaria y un carrito de golf) junto a los cadáveres de Óscar y Valeria Martínez, el padre y la niña salvadoreños que murieron en su intento por cruzar el río Bravo para llegar a Estados Unidos, De Adder anunció que le fueron suspendidos sus contratos con los tres periódicos del grupo Brunswick News, para los cuales colaboraba desde hace 17 años.

El cartón en el que Trump les pregunta a los cadáveres «¿Les molesta si sigo jugando?» no fue publicado por el grupo editorial, pero se volvió viral en Twitter —la red favorita del mandatario estadounidense—, donde más de 100 mil usuarios lo compartieron, entre ellos, el cineasta Michael Moore y la cantante Nancy Sinatra. La historia fue también mencionada por una gran cantidad de medios internacionales.

«Ya había publicado dos cartones virales, pero este fue como una súper nova», dijo De Adder. «Estaba teniendo el día que cualquier cartonista sueña, pero 24 horas después recibí una llamada para decirme que estaba despedido», agregó (CBC Radio Canadá 01.07.19).

La empresa negó que las caricaturas sobre Trump hayan motivado el despido y acusó una «falsa narrativa» en las redes sociales. Sin embargo, De Adder dijo que indagó sobre los motivos de su despido, pero la empresa no le dio ninguno, por lo cual acudirá a la justicia.

Especie en peligro

El despido sucedió semanas después de que The New York Times anunciara que a partir del 1 de julio ya no publicaría caricaturas políticas en su edición internacional para alinearla con su edición nacional, la cual no lo hace desde hace años.

La decisión —considerada «puritana» por varios lectores— fue tomada luego de que el periódico se viera obligado a pedir disculpas a Donald Trump por una ilustración en la que el mandatario estadounidense aparece guiado por un perro lazarillo con rostro del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, la cual fue tachada de antisemita. Al anunciar la medida, el periódico informó que rompió vínculos laborales con los reconocidos dibujantes Patrick Chapatte y Heng Kim Song.

A través de Twitter, De Adder señaló que todas las caricaturas sobre Trump que había enviado este año a Brunswick News habían sido rechazadas. «Llegué al punto de no enviar ninguna sobre Trump por miedo a ser despedido», señaló.

El caso recuerda al de la polémica serie de 12 caricaturas sobre Mahoma que el periódico danés Jyllands-Posten publicó el 30 de septiembre de 2005 como «un ejercicio de libertad de expresión» —en una de ellas, el profeta parece esconder una bomba dentro de su turbante—. Pese a las amenazas de países islámicos, ni el periódico ni el gobierno danés pidieron una disculpa.

Al contrario, en solidaridad con Jyllands-Posten, diarios y revistas de Alemania, Francia y Noruega, entre otros países, publicaron las caricaturas. Una de ellos, fue la revista parisina Charlie Hebdo, que el 7 de enero de 2015 sufrió un ataque terrorista en el que murieron 12 personas, incluidos los caricaturistas Charb, Cabu, Wolinski y Tignous (Espacio 4 523). Acusada de burlarse de fanáticos religiosos —de cualquier religión—, la revista ya había sido atacada con bombas incendiarias en 2011.

Futuro incierto

No es la primera vez que Michael de Adder causa polémica. En febrero de este año, un cartón suyo mostraba al primer ministro canadiense Justin Trudeau con Jody Wilson-Raybould, exministra de Justicia, en un ring de boxeo, en referencia al escándalo «SNC-Lavalin», en el cual se acusó al mandatario canadiense de intervenir en decisiones judiciales para que la firma de ingeniería evitara un juicio por sobornos a funcionarios de Libia.

En la caricatura, Trudeau se alista para darle una golpiza a Wilson-Raybould, quien está atada de manos, lo que fue considerado como misógino y un llamado a la violencia. De Adder se disculpó públicamente: «La vida es aprender de tus errores y yo cometí uno».

El caricaturista también señaló que Brunswick News tampoco aceptaba la menor crítica a Blaine Higgs, primer ministro de Nueva Brunswick.

Para Wes Tyrell, presidente de la Asociación de Caricaturistas Canadienses, la decisión de Brunswick News es política, debido a las conexiones familiares con la compañía Irving Oil, una importante empresa canadiense de energía con intereses en Estados Unidos.

«Durante un breve período, De Adder lideró el movimiento anti-Trump: un buen lugar para estar si eres caricaturista, pero pésimo si trabajas para una empresa petrolera extranjera con vínculos comerciales con Estados Unidos», escribió Tyrell en Facebook.

Para Jason Chatfield, presidente de la Sociedad Nacional de Caricaturistas de Estados Unidos, tanto la decisión de Brunswick News como la de The New York Times «es parte de un patrón de comportamiento de editores que solo va a empeorar».

Hoy, uno de los últimos cartones de Naranjo, publicado el 7 de noviembre de 2016, un día antes de las elecciones de Estados Unidos y cuatro antes de su muerte, se alza como una temible premonición.

Titulado «Rumbo a la elección», Naranjo recrea la escalofriante obra «El Grito» del pintor noruego Edvard Munch, pero con una caricatura del ahora presidente de EE.UU., Donald Trump. E4

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