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Edición 617

Gobierno

PRI-Mor: la rendición del dinosaurio

El tándem formado por Alejandro Moreno y Carolina Viggiano (esposa de Rubén Moreira) representa los intereses del grupo que perdió la presidencia en 2018 y hundió al país en el descrédito por la corrupción. José Narro asegura que el campechano pactó con AMLO

Gerardo Moyano

«¿Y yo por qué?», dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ante los señalamientos de José Narro Robles, quien en su carta de renuncia al PRI, el 19 de junio, acusó la «injerencia grosera» del gobierno federal en el proceso para renovar la dirigencia nacional de ese partido.

Entrevistado un día después por Carmen Aristegui, el exaspirante a presidir el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) priista aseguró que su contrincante Alejandro Moreno le dijo que «ya se había puesto de acuerdo con el señor presidente de la república», lo cual le pareció «escandaloso» (Aristegui Noticias 20-06-19).

AMLO sabe bien por qué. Moreno fue el primer gobernador priista a quien defendió de los abucheos —luego haría lo mismo con el coahuilense Miguel Riquelme, entre otros— en su visita a Campeche como presidente de la república, en febrero de este año.

Esto, pese a que antes lo había acusado de «corrupto» (2015) y a que Moreno lo llamó «esquizofrénico» y le dijo que en Campeche lo iban a «educar» (2017). Sin embargo, el 4 de diciembre de 2018, cuando asumió la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), Moreno —acostumbrado a viajar en aviones privados y vehículos de lujo— acompañó a AMLO en un vuelo comercial y se tomó una selfie en la que ambos sonríen como si fueran amigos de toda la vida.

El 22 de marzo, un mes después de que AMLO lo defendiera en su propia casa, el gobernador de Campeche anunció que su administración respaldaría la construcción del Tren Maya y presumió que la inclusión de Yucatán en el proyecto se debió a que él la solicitó. Moreno también ostenta su compadrazgo con Manuel Velasco, exgobernador de Chiapas. Hete ahí una razón.

El 29 de abril, Moreno dejó su puesto en la Conago, y el 19 de junio pidió licencia como gobernador para competir por la dirigencia del PRI. Las primeras encuestas lo ubicaban en un lejano tercer lugar entre las preferencias de los militantes, detrás del exrector de la UNAM, José Narro, y de la exgobernadora yucateca Ivonne Ortega.

Sin embargo, la renuncia de Narro le allanó el camino. «Lamento que el doctor @JoseNarroR se vaya del PRI. Coincido en todas sus razones, las suscribo. Pero creo que no debemos rendirnos. En la lucha por el PRI no puede ganar la cúpula. Vamos con todo para recuperar al partido», dijo Ortega, quien acusó a Moreno de haberle ofrecido «las perlas de la virgen, una senaduría o una diputación» para que se retirara de la contienda.

Poco importan las encuestas. La maquinaria priista está volcada para apoyar la candidatura de Moreno, en fórmula con la esposa del exgobernador coahuilense Rubén Moreira, la hidalguense Carolina Viggiano, quien busca ocupar la secretaría general del partido.

Así quedó demostrado el 22 de junio, cuando camiones llenos de priistas procedentes del Estado de México, Jalisco, Hidalgo, Puebla, Oaxaca, Campeche y Durango, arribaron a la sede nacional del PRI para apoyar el registro de Moreno-Viggiano. Hubo tortas, refrescos y un discurso encendido que rememora lo peor del viejo PRI.

Acarreo y dedicatorias

Para avalar su candidatura, el campechano presentó ante la Comisión Nacional de Procesos Internos (CNPI) la firma de los líderes de todos los sectores y organizaciones que integran el partido, así como de 30 dirigentes estatales, cinco mil 352 consejeros locales y 240 nacionales.

Ortega, quien acudió acompañada de sus hijos y apenas pudo juntar un par de firmas de comités estatales, fustigó: «Estamos ante el más viejo y puro estilo del PRI (…) Se quieren robar la elección». También cuestionó de dónde salió el dinero para el acarreo y sugirió que en un solo día, Moreno rebasó el tope de gastos de campaña (cuatro millones de pesos).

El exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, quien también se registró como candidato a dirigir el CEN, pero fue rechazado por falta de apoyo de los sectores del partido, dijo que la elección está cargada a favor de Moreno, quien es el candidato de Peña Nieto.

Para ambos, hubo dedicatorias en el discurso de Moreno. De Ortega dijo que «le faltó lealtad», porque no estuvo en México en la derrota del año pasado. Sobre Ruiz señaló, sin mencionarlo, que quienes lo critican y no proponen «solo lo hacen para dividir».

Narro no se salvó. Moreno lo calificó como «un servidor público mediano» que creyó que con eso le bastaría para dirigir al PRI. «Se fue porque la política no es lo suyo. Se fue porque la democracia le asusta. Se fue porque le sobró ambición y le faltó amor por el partido», señaló.

Sobre Morena, el campechano dijo que «estructuralmente» no es un partido. «Es un ave de paso: nació ayer, gobierna hoy y mañana se irá». También rechazó que su partido se vaya a convertir en satélite del gobierno. «Tenemos los tamaños para defender la dignidad del PRI», dijo.

Del PRI-AN al PRI-MOR

Otra razón de AMLO para apoyar a Moreno podría ser que a su partido no le conviene la imagen de un PRI fuerte y renovado, con un presidente nacional de la estatura moral de José Narro. A Morena le conviene un PRI alineado, que lo ayude a contrarrestar y a quitarle votos a su verdadera oposición: el PAN.

Ya lo había dicho la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky: «Se oye mejor PRI-MOR que PRI-AN (…) Se trata de construir con todos, pero si tienes algunos que están en la negativa, pues construyes con los que tienen altura y quieren», dijo en enero.

¿Y las razones del PRI? La primera y más importante, según la mayoría de los analistas es negociar impunidad. El respaldo de AMLO al candidato favorito del expresidente Enrique Peña Nieto apunta en ese sentido. «El PRI-MOR es un pacto de impunidad», acusó el presidente nacional del PAN, Marko Cortés, tras las declaraciones de Polevnsky.

Para muchos, «Alito» Moreno no solo es la garantía de ese pacto de impunidad, sino la continuidad de un proyecto político que hundió al partido y que no obstante busca repetir la fórmula que lo llevó a la Presidencia en 2012: impulsar a un candidato joven, millonario, que ha sabido evadir las acusaciones de corrupción. Aunque ahora sí, del sureste del país, región que se perfila como la nueva fábrica de presidentes.

«Los gobernadores priistas alrededor de Moreno asumen una estrategia de control de daños por las cuentas de corrupción del pasado y adaptación a los nuevos tiempos de la 4T, en espera de espacios que deje Morena por el desgaste del ejercicio del poder. Los gobernadores aspiran a reeditar la estrategia de 2012, de repliegue en sus feudos y articulación de una candidatura lejos de grupos derrotados del Edomex e Hidalgo en la elección pasada», señala el columnista José Buendía Hegewisch (Excélsior, 23.06.19).

Otra razón es que los priistas nunca han sabido ser oposición. «El PRI parece estar renunciando al papel de oposición para volverse un aliado del gobierno, como una especie de partido satélite, que ayude a construir la hegemonía política de Morena», dijo el periodista Héctor Aguilar Camín en entrevista con Joaquín López Dóriga (21.06.19).

«Me parece un error táctico, un error democrático, aunque uno entiende que ante la debilidad del PRI y sus gobernadores, necesita que el gobierno le dé aire. Esto siempre ha sido así: el PRI se siente cómodo del brazo del gobierno y muy incómodo del lado de la oposición. Es una decisión en busca de resultados inmediatos que tendrá costos posteriores altos. Le están dejando todo el espacio de oposición al PAN y un poco al Movimiento Ciudadano», agregó.

López Dóriga coincide con su entrevistado: «En el ADN del PRI está plegarse al presiente de la república, sea o no priista». Al tiempo.

La desbandada

Cuando José Narro dejó la dirección de la UNAM para ir por la presidencia del PRI, el fantasma de Luis Donaldo Colosio comenzó a recorrer los pasillos de las oficinas priistas. La calidad moral y trayectoria del amigo del candidato presidencial asesinado en 1994 sembró la esperanza de que el PRI pudiera por fin reconstruirse.

El camino se antojaba difícil, pero no imposible. Sobre todo, cuando la presidenta nacional del PRI, Claudia Ruiz Massieu, solicitó de manera formal al Instituto Nacional Electoral (INE), que se encargue de la organización, revisión, verificación del proceso interno de elección de dirigencia, algo que finalmente no ocurrió.

A final de cuentas, bastaron apenas tres meses para dar por el suelo con las esperanzas de cambio. En una carta dirigida a la presidenta del tricolor, Claudia Ruiz Massieu, Narro despotrica contra el partido que le dio de comer por 46 años:

«El cauce que tomó el proceso, la actitud de algunos destacados miembros de nuestro instituto político, la permisividad del Comité Ejecutivo que usted encabeza, al igual que la injerencia indebida y grosera del gobierno federal, sin que mediaran acciones de su parte para rechazar esa intervención, me han llevado a tomar la decisión de no participar en la que será la mayor mascarada de nuestra historia», escribió.

En el video en el que anuncia su renuncia, Narro argumentó que el padrón de militantes fue inflado. «El padrón subió a 7.3 millones en cuatro estados fundamentales es donde se concentra el 70% del crecimiento del padrón. Coahuila triplicó su padrón. Se registró una epidemia de ansia priista. En la Ciudad de México prácticamente se duplicó y después Campeche y después Oaxaca», afirmó.

La exdiputada federal Beatriz Pagés siguó el camino de Narro. «Al igual que @JoseNarroR, anuncio mi renuncia al @PRI_Nacional. Es inaceptable que se haya decidido entregar el partido a @lopezobrador_ .», escribió en Twitter.

«Lamento la renuncia de Pepe Narro, hombre valiente y de principios y responsabilizo de esto a Alejandro Moreno, quien aún no se registra y ya está fracturando al partido con las trampas y la cargada que para imponerlo en la dirigencia pretende Peña Nieto y los gobernadores (sic)», dijo por su parte Ulises Ruiz.

Nada importó. Ni el padrón inflado, ni las acusaciones de que Moreno es Morena. La maquinaria priista se activó para imponer al candidato de Peña Nieto y así buscar el perdón de AMLO por los casos de corrupción cometidos en su último sexenio. E4



El PRI que viene

La renuncia del exgobernador Rogelio Montemayor al PRI se suma a la de otros coahuilenses que militaron en el partido fundado por Calles varias décadas y ocuparon cargos relevantes, como José Narro Robles. Algunos lo hicieron por falta de democracia, después de haber sido ellos mismos candidatos por dedazo, varios en repudio a la tiranía de los Moreira, pero ninguno por objeción de conciencia, pues, de ser el caso, lo habrían hecho por la megadeuda, el insolente traspaso del poder entre hermanos, la corrupción galopante y los fraudes electorales cometidos por el PRI-gobierno.

Quienes le plantaron cara a los Moreira —sobre todo a Rubén— fueron perseguidos y reprimidos; otros, a la vez, objeto de campañas bajunas: se les inventaron delitos, se invadió su privacidad y se les exhibió en las redes sociales. Pocos asumieron los riesgos: Armando Guadiana lo hizo protegido por su posición económica y sus relaciones políticas; Noé Garza poseía información comprometedora, pero no autoridad moral ni valor para denunciarlos, por haber sido cómplice y beneficiario de sus atropellos; y Javier Guerrero, quien no obstante su paso —efímero— por el gabinete de Moreira II, no se contaminó y afrontó al déspota dentro y fuera del PRI.

Por su parte, quienes vendieron su alma a Rubén a cambio de favores, puestos, bienes y riquezas ilícitas e impunidad, pagaron con humillaciones y desprecio social su desvergüenza (Jorge Torres López, David Aguillón, Homero Ramos Gloria, Armando Luna, Gregorio Pérez Mata, Jesús Torres Charles, María Esther Monsiváis y muchos más). «(…) fueron demasiados personajes a quienes el partido llevó a cargos de representación política que han saqueado y endeudado a sus estados, personajes corruptos y cínicos que abusaron» del poder y se dedicaron a «resolver su situación económica y política personal sobre la obligación de atender los problemas de las comunidades a las que juraron servir (…)», acusa Montemayor en su renuncia, dirigida al presidente del CDE, Rodrigo Fuentes.

Nadie se asuste. Lo mismo pasa en los gobiernos del PAN, el PRD, el Verde y pronto sucederá con los de Morena, pues «el poder no corrompe —dice Rubén Blades—; el poder desenmascara». Sin embargo, el PRI se envileció, quebrantó todas las reglas —incluidas las propias— y una vez suprimidos los cuadros que le daban rumbo, cohesión y sustento, y derribadas las contenciones morales e ideológicas, las pandillas enquistadas se adueñaron de sus siglas. En México las encabeza Peña Nieto; y en Coahuila, los Moreira.

Montemayor se decantó desde un principio por Narro Robles para la presidencia del PRI, consciente, como la mayoría —priista o no—, de que el exrector de la UNAM era la única opción capaz de hacer renacer a ese partido de sus cenizas; o al menos intentarlo. Rubén, cuya insania le procuró la enemistad de legiones —«Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud»—, fue empleado de Montemayor, Enrique Martínez y Eliseo Mendoza. A todos los traicionó y les causó daño, acaso por su complejo de clase, algún trastorno de personalidad o por los influjos de Hybris, diosa de la insolencia, la perversidad, la arrogancia, la desmesura y el ultraje en general. Mejor fórmula no pudo haber escogido Alejandro Moreno para recordarle al país el PRI que viene. GHG E4



Coahuila, el soldado fiel… y corrupto

Una «epidemia de ansia priista». Así calificó el exaspirante a dirigir el PRI, José Narro Robles, el sospechoso aumento de militantes priistas en Coahuila.

La dirigencia estatal del tricolor hizo mutis. Fue el gobernador Miguel Riquelme quien salió a cerrar filas en torno a la dirigencia nacional encabezada por Claudia Ruiz Massieu. «Desde #Coahuila, refrendo mi respaldo al @PRI_Nacional y hago un llamado a los priistas a conservar la unidad y la confianza en la dirigencia así como en el proceso interno para su renovación», escribió en Twitter el día que Narro renunció al partido (19.06.19).

La dirigencia que defiende Riquelme es la misma que arropó fugazmente a los hermanos Humberto y Rubén Moreira. El primero como presidente del partido, en 2011, cargo al que se vio obligado a renunciar por el escándalo de la deuda estatal; el segundo, como secretario general, puesto en el que duró apenas un mes, y el cual busca ocupar hoy su esposa Carolina Viggiano.

Se trata de una dirigencia que ha movido cielo y tierra para tender un manto de impunidad sobre los escándalos de corrupción cometidos en Coahuila durante los 12 años del moreirato.

Y si bien por ahora Rubén Moreira ha logrado esquivar las denuncias de desvíos de recursos públicos a empresas fantasma, derivadas de revisiones de la cuenta pública de su gobierno por parte de la Auditoría Superior del Estado (ASE), a Humberto podría no irle tan bien.

Además de ser investigado en Estados Unidos por lavado de dinero «proveniente de las arcas de Coahuila», el 22 de junio, la ASE informó que ganó un amparo para que la Fiscalía General de Coahuila reabra un caso de ocultamiento de créditos por casi cuatro mil millones de pesos que data de 2010, cuando Humberto era gobernador.

La ASE detalló que se trata del caso atribuido a la Promotora Inmobiliaria para el Desarrollo Económico de Coahuila (Pideco), sobre el cual, en 2016, la entonces Procuraduría de Justicia estatal decretó el no ejercicio de la acción penal.

«Se había declarado el no ejercicio de la acción penal (…) Ahora lo que buscamos es que se abra nuevamente el caso. Promovimos 12 amparos. De estos 12 amparos, el de Pideco tiene relación con la megadeuda, los otros son de municipios», dijo el auditor superior, Armando Plata Sandoval.

De acuerdo con la revisión de la cuenta pública de 2010, Pideco presentó facturas en el programa Cadenas Productivas, de Nacional Financiera, por tres mil 994 millones de pesos, que transfirió a cuentas de la Secretaría de Finanzas y del Servicio de Administración Tributaria de Coahuila (Satec), entonces a cargo de Javier Villarreal, lo que constituyó un ocultamiento del crédito. Villarreal se declaró culpable de lavado de dinero en Estados Unidos y se ha convertido en testigo protegido para reducir su condena y enfrentar el proceso en libertad.

En 2011, Reforma reveló que de los 36 mil millones de pesos de la deuda que heredó Humberto Moreira, 18 mil millones fueron contratados con documentos falsificados. Las autoridades de justicia y el Congreso de Coahuila se hicieron de la vista gorda, pero las denuncias de la ASE podrían prosperar.

Mientras el partido termina de destruir lo que de él queda en pie, al menos uno de sus exlíderes será investigado. Por su parte, Rubén le prende velas a la virgen para que su esposa llegue a la dirigencia del partido. E4

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