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Edición 615

Partidos

Elección en el PRI: Narro vs. el clon de Peña Nieto

Alejandro Moreno representa a la generación de gobernadores que, junto con el expresidente, provocaron la debacle del Revolucionario Institucional. Amigo de Luis Donaldo Colosio, el exsecretario de Salud podría liberarlo de la cleptocracia y reconciliarlo con la ciudadanía

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Un cadáver no necesita cirugía mayor, sino una autopsia para determinar las causas de su muerte. José Narro Robles —quien además es cirujano y no forense— puede encontrar en Churchill respuesta a una realidad irrefutable, excepto para él: «En la guerra nos pueden matar una vez; en política, muchas veces». Desde la presidencia del PRI, Narro podría infundirle al difunto partido nuevo aliento. Amigo y contemporáneo de Luis Donaldo Colosio, también podría liberarlo de la cleptocracia y reconciliarlo con la sociedad y con sus militantes.

Pero si la nomenklatura peñista-salinista, de la cual forman parte el exgobernador de Coahuila Rubén Moreira y su esposa Carolina Viggiano, utiliza partes en descomposición de distintos cuerpos para engendrar un liderazgo con Alejandro Moreno —clon de Peña Nieto—, el resultado será el mismo obtenido por Víctor Frankenstein en la novela homónima de Mary Shelly: un monstruo que espanta a todo el mundo y abomina de sí mismo.

Fundado en 1929 bajo las siglas del PNR (Partido Nacional Revolucionario) para suprimir los cacicazgos locales, hacer gobernable el país y concentrar el mando en el presidente, el PRI sufrió una regresión en la primera alternancia de 2000, la cual devino, 18 años después, en crisis terminal. La incuria de Vicente Fox les permitió a los gobernadores crear un feudo en cada estado, imponerle condiciones a la presidencia de la república, apoderarse de sus respectivos partidos y en casos extremos de nepotismo, transmitir el poder entre hermanos como ocurrió en Coahuila en 2011.

Mangoneado por los gobernadores, Fox les entregó cantidades ingentes de dinero, derivado de las ventas petroleras, sin supervisar su aplicación. Deslegitimado en las urnas, Felipe Calderón hizo la vista gorda frente a la corrupción, el endeudamiento y los excesos en los estados, mientras los mandatarios locales pactaban con la delincuencia organizada para incendiar el país y desestabilizar al gobierno panista. Peña Nieto les pagó con impunidad por haber financiado su campaña e incubó la derrota más ignominiosa del PRI en sus 89 años de historia. El partido fundado por Calles es hoy un cadáver insepulto.

Alejandro Moreno, cuya compañera de fórmula es Carolina Viggiano —aspirante eterna al gobierno de Hidalgo—, representa a la generación de Peña Nieto. Una camada tan rapaz como inepta y de hibris exaltada. El gobernador de Campeche dio muestra del síndrome en su tercer informe, cuando se destapó para la presidencia de un partido pulverizado en las urnas el mes previo: «En la vida se gana y se pierde; y en la política también. A mí jamás me vencerán, pues (…) para vencer a alguien, se tiene que rendir; y yo jamás me rendiré. Por eso hoy les digo que no nos dejaremos vencer por nada ni por nadie. Yo lo tengo muy claro: yo por mi pueblo, primero muerto, que rendirme» (La Jornada, 7-08-18).

Hombre de convicciones tan sólidas como el papel de China, Moreno, en efecto, no es suicida. Por eso su rendición temprana ante Morena y el presidente López Obrador, de quien, según el mapache electoral Ulises Ruiz, otro de los aspirantes a la jefatura del PRI, es marioneta. ¿Denunciará Moreno la corrupción en el sexenio de Peña Nieto? El poder convirtió al gobernador de Campeche —una de las pocas entidades donde no ha habido alternancia; las otras son Coahuila, Estado de México e Hidalgo— en una especie de rey Midas, como a los Duarte, los Borge y los Moreira. Según el activista por los derechos humanos Alfredo Lecona, su ascenso patrimonial «debería centrarlo en una investigación de enriquecimiento ilícito» (Aristegui Noticias, 17-01-17).

Viggiano-Moreira

José Narro puede representar no solo la opción formal y sensata del PRI, sino también la única para sobrevivir y plantarle cara a un presidente fuerte como López Obrador. El partido de Salinas de Gortari y de Peña Nieto no murió de muerte natural, sino por atropellamiento… en las urnas. Morena le pasó por encima con 30 millones de votos. El exrector de la UNAM niega ser el candidato de Peña —menos aún de AMLO, con quien simpatizó en las elecciones de 2006— y refuta, contra toda evidencia, la muerte de su partido en las elecciones del año pasado.

Narro acepta que el PRI necesita recuperar la confianza ciudadana, mas no lo logrará mientras se ande por las ramas y no llame a las cosas por su nombre. Los corruptos y «los priistas que no le cumplieron al partido desde las estructuras de gobierno» tienen rostro y apellido. En medio de la tempestad, el secretario de Salud de Peña Nieto —el peor presidente de las alternancias— supone que el castigo ciudadano es pasajero y que el PRI, en la elección de su nueva dirigencia, todavía tiene margen para volver a equivocarse sin pagar las consecuencias: «Yo no veo que esta sea la última oportunidad, pero sí tengo que decir que se vive un momento muy complicado, muy complejo, y que sí tiene que transformarse, de fondo, en serio, no solo de superficie» (El Norte, 21-05-19).

Para persuadir a una militancia renuente y desmoralizada, mucha de la cual ha emigrado a Morena (Fernando Castro Trenti, exsenador y exembajador de México en Argentina, y la exdiputada federal Nancy Sánchez, renunciaron al PRI para apoyar a Jaime Boinilla, candidato de Morena al gobierno de Baja California), Narro necesita articular una propuesta crítica y a tono con la realidad. Ser complaciente como José Antonio Meade, quien ponderó el gobierno de los Moreira sin reparar en la deuda ilegítima, las empresas fantasma, las masacres y los miles de desaparecidos, podría obtener la presidencia del PRI, mas no el voto ciudadano. En Coahuila, AMLO aventajó a Meade por un cuarto de millón de votos.

La coordinadora de la campaña del candidato presidencial de la coalición Todos por México, era Carolina Viggiano, esposa del entonces secretario de Organización del PRI, Rubén Moreira. ¿Cómo iban a votar por ellos los coahuilenses? Narro no carga con ese lastre. El tándem Viggiano-Moreira juega en el equipo contrario, el del gobernador de Campeche Alejandro Moreno. En un acalorado consejo político, celebrado el 6 de junio, Viggiano acusó a Narro de advenedizo, y lo invitó a conocer el partido antes de aspirar a dirigirlo (Reforma, 7-05-19).

Narro es el favorito para dirigir al PRI. Además de pertenecer a una generación anterior a la de Peña y a la de su panda de gobernadores, su trayectoria en el gobierno federal y como rector de la UNAM, en dos periodos, le han convertido en una figura respetada en diversos ámbitos. No es un político brillante ni está exento de dobleces, pero tampoco se ha visto envuelto en escándalos a pesar de haber formado parte de un gobierno en el cual México cayó 33 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

Nacido en Saltillo en 1948, Narro desarrolló su carrera en Ciudad de México y obtuvo reconocimientos de la Organización Mundial de la Salud y el Unicef. Como coahuilense, tiene un compromiso ineludible con el estado. Denunciar la corrupción del moreirato y repudiar su legado es lo menos que puede hacer quien aspira a recuperar la confianza ciudadana para revivir un partido de cuya muerte, al parecer, es el único que no se entera todavía.

«No a la simulación»

La discrepancia entre el candidato a la presidencia del PRI, José Narro Robles, y el exsecretario de Organización del CEN, Rubén Moreira, surgió por el padrón de afiliados, cuyo registro debe ser «libre, voluntario e individual». El PRI reportó al INE 6.7 millones de adeptos. Sin embargo, para no ser multado con 48 mil pesos por cada militante inscrito ante la autoridad electoral sin reunir los requisitos legales, rasuró a 5.4 millones de sus partidarios y los dejó «en reserva». Con esa operación, su membresía se redujo a 1.3 millones. Para Narro, el censo es una simulación: «no podría decir qué pasó, cuántos eran los militantes. Hoy la autoridad exige la cédula de afiliacióny el PRI solo reconoce que tiene 1.3 millones».

El exsecretario de Salud recomienda utilizar el padrón real en la elección de la dirigencia y depurar el listado «porque hay gente que falleció, que emigró a otro partido y otros que nunca firmaron un acta de afiliación» (El Universal, 17-05-19). El aspirante a la presidencia del PRI condiciona, para una elección democrática, utilizar «un padrón confiable y reglas que permitan evitar las simulaciones que han metido al partido en los problemas (en) que ahora estamos. No a la simulación. Sí a la democracia (…) pero con mecanismos confiables (…) sin recursos que no deban participar en esto y con apego a un código de ética fundamental», declaró a Radio Fórmula (RF) el 16 de mayo.

¿Cuáles son los «recursos» que no deben intervenir en la elección priista? La compra, inducción y coacción del voto para imponer a un aspirante como Alejandro Moreno, en quien sus padrinos ven, igual que a Peña Nieto hace doce años, cuando era gobernador de Estado de México, a un candidato presidencial en cierne. Narro advierte al respecto: «Cuando alguien llega a la dirigencia con un proyecto personal, al partido no le va bien; ya nos pasó. En el PRI, hay que reconocerlo, venimos de la peor derrota electoral de toda la historia; tenemos una situación compleja en el ánimo del priismo y sin duda alguna tenemos divisiones», dijo a RF.

Para la renovación de la presidencia y la secretaría general del PRI, cargo al que aspira su esposa, Rubén Moreira propone utilizar el padrón inflado de 6.7 millones de militantes. El engaño permite a mapaches como el exgobernador «arreglar» las elecciones. En Coahuila lo hizo durante dos sexenios, pero ahora no tiene poder ni mando sobre el INE.

«El gobernador de Coahuila, Rubén Moreira, aseguró que, para la elección, que se llevará a cabo en septiembre, debe utilizarse el padrón de seis millones 787 mil 761 de militantes, pese a que cinco millones 386 mil 603 registros no tengan documentos que acrediten su militancia. “Yo prefiero, y junto conmigo muchos priistas, que todos aquellos que alguna vez se registraron en nuestros padrones voten, ese sería el mejor de los refrendos. (…) Que [la dirigencia] aclare públicamente que no se trata de coartar los derechos de los priistas, esa es la primera; la segunda, que ya nos diga una ruta para la elección, cuál va a ser el rumbo que vamos a tomar, la falta de información, la ausencia de una voz de la dirigencia provoca muchísimas confusiones» (El Universal, 15-05-19).

Si el PRI declara un padrón de 1.3 millones, es porque no puede comprometer aún más sus finanzas. En el supuesto de que solo el 20% de los 5.4 millones de militantes en reserva fuera irregular, la multa del INE sería por 48 mil millones de pesos, siete mil millones por encima de la deuda que el moreirato le impuso a Coahuila. El triunfo de Narro significaría el fin del ciclo de Moreira II en el PRI y el regreso de cuadros valiosos de Coahuila marginados y perseguidos por el clan. E4


Sí a la democracia (…) pero con mecanismos confiables (…) sin recursos que no deban participar en esto y con apego a un código de ética fundamental.

José Narro Robles


En la vida se gana y se pierde; y en la política también. A mí jamás me vencerán, pues (…) para vencer a alguien, se tiene que rendir; y yo jamás me rendiré.

Alejandro Moreno


El credo de Beatriz y la «pinche cúpula»

La elección del próximo líder del PRI debe ser pulcra y generar certeza entre los participantes; quien gane, que decline de aspiraciones presidenciales, exige

José Narro Robles puede reagrupar a la corriente del extinto Luis Donaldo Colosio y a otras fuerzas del PRI marginadas o dispersas. Peña Nieto tomó el control de esa formación un año antes de ocupar la presidencia e impuso a los 10 últimos dirigentes. La lista incluye a Claudia Ruiz Massieu, todavía en funciones. Los más nefastos resultaron ser Humberto Moreira, defenestrado entre acusaciones de corrupción por la megadeuda de Coahuila, y Enrique Ochoa, quien años antes negó pertenecer a ese partido. Peña y Ochoa sepultaron al PRI no solo por su desempeño, sino también por despreciar a la ciudadanía, humillar a la militancia, fomentar la corrupción y proteger a los venales.

Por esa razón sorprende cómo, tras la derrota mortal de 2018, el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, pretenda repetir la fórmula de Peña Nieto: apoderarse del PRI con un ejército de mapaches —comandado por Rubén Moreira— para convertirse en candidato presidencial en 2024. Cual si los agravios y el repudio contra la sigla tricolor y su significado fueran un recuerdo etéreo, fácil de olvidar; y los errores del presidente López Obrador, un acicate para que los electores vuelvan a ponerse en manos de un partido habituado a mentirse a sí mismo. Su padrón es un ejemplo: de los 6.7 millones de militantes registrados, solo el 20% (1.3 millones) es válido.

Beatriz Paredes, coetánea de Colosio y formada también en la cultura del esfuerzo, fijó su posición con respecto a la inminente elección priista, en el consejo político del 6 de mayo. Después de pedir perdón por haber sido presentada como exlíder del PRI y senadora —«la militancia va a decir: “pura pinche cúpula”»—, advirtió que para evitar la polarización y la quiebra del partido debe haber un acuerdo previo entre los aspirantes. «Si el partido organiza la consulta tiene que haber absoluta certidumbre de todos los participantes en la pulcritud con la que se va a manejar el proceso electoral interno».

Exgobernadora de Tlaxcala y primera diputada en contestar un informe presidencial [el tercero de López Portillo (1979) y dos de Vicente Fox], Paredes precedió en la dirigencia del PRI a Humberto Moreira, y su nombre se barajó en la sucesión de 2012. Pudo haber sido la Dilma Rousseff mexicana (la presidenta de Brasil, electa dos años antes, recibió a Paredes en 2013 como embajadora de México). Con ese antecedente, la también exlíder de la CNC soltó de su ronco pecho:

«El PRI estáviviendo uno de sus momentos más difíciles. (…) de repente las disputas por el poder al interior (…) nos llevan a olvidar el compromiso que tenemos con el conjunto nacional (…) a relegar cuál es la verdadera razón de ser de un partido (…) que se pretende mayoritario». El mensaje de Paredes a Moreno y su grupo fue directo e incluso retador:

«Dije en mi discurso de toma de protesta (como líder nacional) que no aspiraba a ser candidata a presidente de la república y lo cumplí. (esa) fue la piedra angular de la confianza de las corrientes (…). Tuve que sacrificar lo que hubiese sido una legítima aspiración, por el bien del partido y (para) articular a un conjunto de personalidades y de corrientes en un momento muy complejo de transición política. (…) este todavía es un momento mucho más grave (…) porque la irresponsabilidad con que se está gobernando es dramática. (…) para construir país necesitamos construir partido, que este partido pueda renacer». E4


¿Lagunero, gobernador de Puebla? Morena, a prueba

Enrique Cárdenas, candidato de la colación PAN-PRD-MC, está 20% por debajo de Barbosa, pero podría dar la sorpresa y vencer al partido de AMLO

La aplanadora de Morena se pondrá a prueba el 2 de junio, en Puebla, donde habrá elecciones extraordinarias por la muerte de la gobernadora Marta Alonso (PAN) y su esposo y predecesor, Rafael Moreno Valle, en un accidente aéreo ocurrido el 24 de diciembre pasado. El triunfo de Alonso, quien obtuvo el 38% de los votos contra el 34% del candidato de Morena, Miguel Barbosa, fue impugnado, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) lo validó tras un conflicto que pervirtió el clima político y social en el estado. (Moreno, senador, era la carta fuerte de Acción Nacional para las presidenciales de 2024).

La postulación de Barbosa para el nuevo proceso confrontó a la presidenta de Morena, YeidckolPolevnsky, con el coordinador de ese partido en la Cámara alta, Ricardo Monreal, quien promovió la candidatura del senador Alejandro Armenta. Monreal reunió a los contendientes el 23 de abril para fumar la pipa de la paz, pero el partido del presidente López Obrador no ha superado la crisis. Según una encuesta de Reforma, Barbosa, figura controvertida, tiene el 52% de las preferencias.

La intención de voto por Enrique Cárdenas Sánchez, candidato de la coalición formada por el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano (MC), es del 32% (la misma de AMLO dos meses antes de las elecciones presidenciales de 2018, de acuerdo con Mitofsky). El aspirante del PRI, Alberto Jiménez, está en el fondo con un 16%. Morena y Barbosa intensificaron la guerra sucia contra Cárdenas. El PRI utilizó la misma táctica para desprestigiar y debilitar a Ricardo Anaya, de la alianza Por México al Frente, cuando empezaba a representar un riesgo para López Obrador.

Fundador del movimiento cívico Sumemos, Cárdenas compitió por la candidatura de Morena para el proceso ordinario, invitado por López Obrador; al no obtenerla, se registró como independiente, pero el TEPJF le negó el aval por no reunir las firmas necesarias. El PAN, el PRD y MC vieron en el economista —poblano por adopción— liderazgo, cualidades y prestigio para ganar. Quizá acierten. Barbosa, crítico pertinaz de AMLO mientras militaba en el Partido de la Revolución Democrática, encona y polariza.

El candidato de Morena faltó a un debate organizado por la Coparmex; el PAN lo acusa de falsear su declaración patrimonial. Morena se halla dividido, y, por si no bastara, la salud de Barbosa es precaria —cuando era senador le amputaron un pie a causa de la diabetes— y no genera confianza en las clases medias y altas; menos entre los empresarios. Puebla es uno de los estados más conservadores del país.

Cárdenas, en cambio, goza de prestigio en los ámbitos académico, económico y gubernamental. Nacido en Torreón hace 65 años, ha sido rector de la Universidad de las Américas de Puebla —fundada en 1940 por Henry L. Cain y Paul V. Murray— cuyo lema «El amor a la sabiduría nos engrandecerá» resume el sentimiento de legiones en los primeros meses de la presidencia de López Obrador. El lagunero dirigió el Centro de Estudios Espinosa Yglesias hasta 2017 y ocupó distintos cargos en el Banco de México y las secretarías de Hacienda y de la Función Pública. En el gobierno de Miguel de la Madrid fungió como director de Análisis Económico de la Unidad de la Crónica Presidencial.

El triunfo de Cárdenas le permitiría al PAN conservar Puebla —Baja California se da por perdido de antemano—, catalizaría el malestar contra López Obrador y le enviaría al presidente un mensaje incontrovertible para futuras elecciones: Morena debe ser más riguroso, pues en el futuro no ganará con cualquier candidato. E4

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