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Edición 614

Política

López Obrador en Coahuila: abucheos y espaldarazos

El fantasma del moreirato enardece a la población, Miguel Riquelme capea el temporal y AMLO le saca las castañas del fuego: «(Es) uno de los gobernadores que más ha apoyado al gobierno federal (…) por eso tiene todo nuestro apoyo y todo nuestro respeto», dice en Monclova, donde hace 40 años se estrenó la alternancia en las alcaldías

Gerardo Hernández G.

En su tercera visita a Coahuila en cinco meses de gobierno, la más prolongada cubierta hasta hoy por presidente alguno, Andrés Manuel López Obrador palpó la situación política en uno de los cuatro estados donde no ha habido alternancia. El agotamiento del modelo ocasionó que la última elección para gobernador —ganada por el PRI por un margen de apenas 2.5%— se resolviera en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Reyes Flores Hurtado —ahora delegado de AMLO en la entidad— ayunó varios días frente al TEPJF para demandar la anulación de los comicios por irregularidades graves. El 6 de junio de 2017, dos días después de las votaciones, tuvo lugar en Saltillo la mayor marcha ciudadana por el supuesto fraude electoral y para repudiar a los hermanos Moreira. Participaron alrededor de 60 mil personas.

Entre las elecciones para gobernador de 2011 y 2017, el PRI perdió casi un cuarto de millón de votos, además del control del Congreso, y aunque recuperó la alcaldía de Saltillo, perdió las de Torreón, Monclova y Acuña. En los comicios del año pasado, Morena ganó la presidencia de la república, las dos senadurías de mayoría relativa y cuatro de las siete diputaciones federales, además de Piedras Negras, Matamoros y Francisco I. Madero, donde jamás había habido alternancia. El PRI desapareció virtualmente en La Laguna: no tiene ninguna diputación y solo gobierna Viesca. En las regiones Carbonífera y Frontera, el partido en el poder pasó a ser una fuerza marginal.

La gira del presidente —del 3 al 5 de mayo— se desarrolló en un clima adverso al gobernador y su partido. No solo por ser minoría en el Congreso, en el cual formalmente suman 10 diputados (de un total de 25), y en los municipios, donde solo controlan 18 de 38, sino por la herencia del gobierno de los hermanos Humberto y Rubén Moreira: deuda impagable a la cual se destinarán este año tres mil 431 millones de pesos por concepto de intereses, desvíos por cerca de 500 millones a empresas fantasma, masacres, desapariciones forzadas, fosas clandestinas y violaciones sistemáticas a los derechos humanos, documentadas por la Federación Internacional de Derechos Humanos ante la Corte Penal Internacional.

El moreirato dejó en ruinas al estado y, frente a la falta de castigo por los desmanes del clan, el gobernador Miguel Riquelme paga las consecuencias. El servicio de la deuda, la cual ronda los 39 mil millones de pesos, le resta al estado capacidad financiera. La inversión en infraestructura y servicios se ha reducido. El sistema de salud colapsó en el gobierno de los Moreira. Varios hospitales se entregaron a medias y el desabasto de medicamentos hizo crisis.

Durante la presentación del Programa Integral de Desarrollo para La Laguna, el 28 de diciembre, en Torreón, el presidente López Obrador tomó el micrófono para interrumpir los abucheos contra el gobernador Miguel Riquelme: «Nada más les quiero pedir algo, les quiero pedir respeto a todos. ¿Va a haber respeto? Eso es todo. Urbanidad política. Ya se acabó la campaña. Ahora tenemos que reconciliarnos para sacar adelante a todo México. Nada de gritos ni de sombrerazos». El 4 de mayo en Monclova, en medio de una rechifla, AMLO volvió a defender al mandatario estatal: «Uno de los gobernantes que más ha apoyado al gobierno federal ha sido el gobernador de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme, por eso tiene todo nuestro apoyo y todo nuestro respeto».

«Así nos llevamos»

El abucheo a los gobernadores es una de las constantes en las giras del presidente López Obrador por la república. No de balde sus partidos perdieron las elecciones federales de 2018. La única entidad donde triunfó la fuerza política dominante fue Guanajuato. El castigo a los mandatarios locales y a sus formaciones se observa en la composición de las cámaras de Diputados y de Senadores y en los congresos estatales. Cinco años después de haber obtenido su registro, Morena gobierna ya cinco estados: Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Tabasco y Veracruz. El PAN tardó medio siglo en obtener su primera gubernatura (Baja California).

Ningún gobernador se ha salvado de las rechiflas y denuncias ciudadanas delante de AMLO, incluso quienes no lo han acompañado a la entrega de apoyos de programas sociales, como el de Aguascalientes, el 8 de marzo, «para no prestarnos al juego de grupúsculos que quieren divertirse como si la visita del presidente fuera la llegada de un circo romano». En un video difundido en las redes y en YouTube, Martín Orozco (PAN) cita al mandatario federal: «Este tipo de acciones representan un gran infantilismo político de quien lo provoca».

El presidente explicó la ausencia de Orozco: «(así) se convino, llegamos al acuerdo de que era mejor por lo que ha venido pasando, no prestarnos a un mal rato. Era mejor actuar con prudencia, pero aprovecho para decirles que el gobernador de Aguascalientes se ha portado muy respetuoso con nosotros y les pido que respetemos a las autoridades. (…) Tenemos que respetar todas las maneras de pensar, todas las religiones y respetar también a los librepensadores».

AMLO recurrió incluso a la Sagrada Escritura para aplacar la ira popular. «A ver, los que son creyentes: ¿cuál es el libro fundamental? La Biblia. ¿Y qué dice la Biblia, el Antiguo Testamento? Que hay que respetar a la autoridad, ¿o no?». Dueño de la situación, el presidente arengó: «Cada quien es libre; yo nada más comento que no perdemos nada respetándonos unos a otros». Con esa libertad, el público abucheó con «deferencia» al gobernador Orozco.

En Coahuila, Miguel Riquelme quiso tomar las cosas con espíritu olímpico. Tras las rechiflas en Monclova, primer municipio del estado donde hubo alternancia (PRI-PAN, en 1979), ironizó: «Me tocó un poquito menos de abucheo que al maestro Peralta (Colima), que a Pepe Murat (Oaxaca) y que a Héctor Astudillo (Guerrero). A usted le fue bien, presidente». Felipe Calderón no tuvo la misma fortuna cuando visitó Piedras Negras tras las inundaciones de julio de 2010. Las porras fueron para el gobernador Humberto Moreira y los reclamos para el presidente. Todo estaba fríamente calculado.

Los decibelios por los abucheos se dispararon en Acuña, cuya alcaldía ganó, en las dos últimas elecciones, una coalición formada por Unidad Democrática de Coahuila y el PAN. Durante 30 segundos, Riquelme escuchó gritos de «¡Fuera!... ¡Fuera!», sin desviar la vista del público mientras AMLO cruzaba algunas palabras con Román Meyer Falcón, titular de la Sedatu. «Al cabo…», dijo Riquelme, sin terminar la frase. La moderadora pidió respeto, y el mandatario pudo continuar: «Así nos llevamos aquí, presidente, en Coahuila». La gira concluyó en Piedras Negras, gobernada por Morena después de 90 años de alcaldes del PRI.

La ola de Morena

El recorrido por las regiones Centro, Carbonífera y Norte le permitió al presidente López Obrador tomar el pulso político del estado con vistas a las siguientes elecciones: de Congreso el año próximo y de alcaldes y diputados federales en 2021, para las cuales, por temprano que parezca, los partidos ya se preparan. Los programas sociales de la Cuarta Transformación pueden permitirle a AMLO no solo conservar, sino acrecentar, el caudal de votos obtenido en 2018.

En procesos locales el comportamiento del electorado cambia, pero AMLO y su partido tienen ventaja en los estados. Así se aprecia en Baja California y Puebla cuyas gubernaturas, ahora en poder del PAN, seguramente ganará Morena el 2 de junio próximo. Si el pronóstico se cumple, el movimiento del presidente gobernaría siete entidades, una menos que el PAN y cuatro por debajo del PRI. Las otras corresponden al PRD (dos), Movimiento Ciudadano (una) y a un independiente.

AMLO tiene la ventaja de haberle ganado al PRI, al PAN y al PRD en 31 estados el año pasado. En Coahuila captó 609 mil sufragios contra 358 mil de José Antonio Meade y 307 mil de Ricardo Anaya. Empero, en la elección de senadores, la votación de Morena descendió a 493 mil y la del PRI subió a 442 mil. El Movimiento de Regeneración Nacional aún no se estructura como partido. La falta de organización y de cuadros lo hacen depender —para bien o para mal— de un solo hombre: el presidente.

Los apoyos económicos del gobierno federal a adultos mayores, jóvenes y personas con discapacidad buscan asegurar el voto de amplios estratos y dotar a Morena de una base electoral, además de sólida, leal. Retirar el manejo de esos programas a los gobernadores y asignárselo a los delegados de AMLO puede mermar la votación del PRI, cuyo rango en Coahuila, en procesos locales, es de alrededor de 500 mil sufragios. Miguel Riquelme obtuvo hace dos años 482 mil y el panista Guillermo Anaya, 452 mil.

Aunque el PAN afronta una crisis igual o más profunda que la del PRI, debido a la ausencia de liderazgos y la competencia del partido en formación México Libre, promovido por el expresidente Calderón y su esposa Margarita Zavala, en Coahuila todavía es la segunda fuerza electoral. Ahora tiene nueve diputados locales, uno menos que el PRI, y gobierna municipios estratégicos como Torreón, Monclova, San Pedro y Acuña, este en coalición con Unidad Democrática.

En la gira de AMLO, el gobernador Miguel Riquelme obtuvo buenos resultados, pese a los abucheos. El más importante es de carácter político. El presidente reconoció la colaboración del mandatario local en su programa de reformas, tanto en el Senado y en la Cámara de Diputados como en la Comisión Nacional de Gobernadores (Conago). Riquelme apoyó la Guardia Nacional y la reforma educativa.

El juego del presidente consiste en avanzar en los estados, sin confrontarse con los agentes políticos locales, y ganar el mayor número de espacios. Los gobernadores perdieron la elección de 2018, y frente a un líder fuerte como AMLO, cuya mayoría en el Congreso le confiere aún más poder, no tienen más opción que marchar al ritmo impuesto desde el Palacio Nacional. En Acuña, mientras Riquelme lidiaba con un público hostil, el senador Armando Guadiana —el aspirante a la gubernatura más visible de Morena— se acicalaba el bigote. E4


«Cada quien es libre; yo nada más comento que no perdemos nada respetándonos unos a otros».

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México


«Me tocó un poquito menos de abucheo que al maestro Peralta, a Pepe Murat y a Héctor Astudillo. ¡A usted le fue bien, presidente».

Miguel Riquelme, gobernador de Coahuila


Chalecos amarillos y chalecos tricolores, en las antípodas

El movimiento galo tiene base social —a diferencia del nacional— y su agenda coincide más con la del líder mexicano

Los presidentes deben gobernar para tirios y troyanos. Sin embargo, por abandonar a los pobres y privilegiar a las elites, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto, cuyas administraciones se caracterizaron además por la ineptitud, la corrupción, la violencia y la impunidad, allanaron el camino a Andrés Manuel López Obrador, convertido hoy en el jefe de Estado y de gobierno más popular quizá solo después de Lázaro Cárdenas.

Sobre las manifestaciones del 5 de mayo, en Ciudad de México y en algunas capitales estatales, el periodista y escritor Eduardo Huchim, escribe: «tienen su génesis en las medidas que está tomando el gobierno y, en particular, en el estilo heterodoxo del nuevo presidente que asombra a unos, conquista a otros, desespera a algunos y hace rabiar a un sector que le critica todo, desde su falta de institucionalidad hasta sus zapatos desgastados (…). Lo detestan porque AMLO encarna el empoderamiento de los más desfavorecidos, de los que literalmente sufren hambre, de aquellos que muy probablemente morirán en la pobreza porque nacieron en ella, fatalidad que el presidente quiere romper, en un encomiable propósito que merece apoyo general», («Marchas: excesos y protestas», Reforma 08-05-19).

Uno de los desaciertos de la marcha, convocada para pedir la renuncia de AMLO, quien recién había cumplido cinco meses en la presidencia, consistió en haberla llamado chalecos México en alusión a los chalecos amarillos de Francia, que puso en jaque al presidente Emmanuel Macron y lo obligó a cancelar el alza de impuestos a los combustibles y a congelar el alza a las tarifas de gas y electricidad. El movimiento, iniciado en octubre de 2018 contra el impuesto sobre el carbono, ha sacado a la calle a cientos de miles de franceses y se ha extendido a Bélgica, Alemania, España e Italia. Algunas manifestaciones han sido violentas y reprimidas por la policía. Hasta hoy el número de muertos es de 10, la mayoría por atropellamiento, y los heridos y detenidos se cuentan por millares.

A los chalecos amarillos se han sumado las clases medias y bajas y los jubilados, inconformes por el deterioro del poder adquisitivo y las bajas pensiones. Los estudiantes rechazan la reforma a la educación secundaria. Otra de las reivindicaciones se refiere a la reimplantación del impuesto a las fortunas superiores a los 1.3 millones de euros (27 millones de pesos), creado por el gobierno socialista de François Hollande. Macron, de centro, lo suprimió para no espantar a los grandes inversionistas. Los chalecos amarillos expresan su «“hartazgo” ante un gobierno que, afirman, está “desconectado” de un “pueblo” que no hace más que ver cómo se degrada su nivel de vida» (El País, 08-12-18).

El movimiento francés tiene mayor base social que el de sus imitadores en México; por otra parte, su agenda es más afín a la del gobierno de López Obrador. En un país cuyo voto contra los partidos tradicionales determinó la abrumadora victoria del líder de Morena, las protestas del 5 de mayo tuvieron escasa respuesta. El presidente polariza, es cierto, pero su propuesta de cambiar de régimen, y no solo de gobierno, responde al clamor ciudadano y al agotamiento de un sistema carcomido por la corrupción, la impunidad y la violencia. Los electores repudiaron en las urnas a una clase política rapaz y soberbia que en los 36 últimos años le dio la espalda. E4


Giro copernicano en el estilo personal de gobernar

Del derroche y el culto a la imagen y la simulación, en las presidencias de Salinas y Peña, al desaliño y «pobreza franciscana» de AMLO

Andrés Manuel López Obrador representa la antítesis de Salinas de Gortari y de Peña Nieto, quienes recurrían al maquillaje, vestían trajes cortados a la medida y se preocupaban más por su calzado y su peinado que por las necesidades sociales. También eran adictos al teleprómter para no equivocarse y leer de corrido. A ese tipo de impostores les viene como anillo al dedo de la canción Alberto Cortez «No te juntes con ellos»: Excelente consejo que he escuchado de grande/ por no haberlo seguido, desperté mis verdades,/ me junté con prohibidos, con tachados y ocultos,/ y aprendí que ser limpio… no es igual que ser pulcro.

AMLO no presta atención ni a sus zapatos. Su peinado y desaliño son objeto de mofa. El desprecio por la imagen y la austeridad republicana no van con una clase política superflua y derrochadora ni con algunos sectores sociales con ínfulas de realeza. Menos aún la «pobreza franciscana» de la que habló el jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Alfonso Romo, para advertir sobre la tónica del gobierno, en cuestión de gasto público. En México los presidentes se daban vida de reyes. Para eso existía la «partida secreta», que algunos robaron íntegramente. Zedillo la minimizó y López Obrador la eliminó después de 102 años de existencia.

Entre el registro de Morena y el ascenso de AMLO al poder mediaron apenas cuatro años. En Francia, el partido La República en Marcha ganó la presidencia en menos de un año. Contrario a lo ocurrido en México, donde la aprobación de López Obrador era de 78% en abril (Reforma, 03-04-19), la del líder galo cayó en picado y ahora se ubica en el 23% (Centro de Investigaciones Políticas). No solo por efecto de los chalecos amarillos, quienes le restaron 13% en los niveles de confianza, sino también por sus excentricidades. En Francia, como en México, la brecha entre ricos y pobres es cada vez más profunda y motivo de impaciencia e irritación social.

Macron gastó en maquillaje 26 mil euros (556 mil pesos al tipo de cambio actual) en los primeros meses de su presidencia, según la revista Le Point. El Palacio del Elíseo atribuyó la cuantía a una «emergencia» y ofreció reducir en el futuro el costo por ese tipo de servicios (Wikipedia). En sus dos primeros años de gobierno, Peña Nieto dilapidó 6 mil 397 millones de pesos en viajes (las comitivas incluían peinadoras y maquillistas), imagen, comunicación y servicios generales (Reforma, 08-04-15).

AMLO le ha dado un giro copernicano a la presidencia. Una de las primeras acciones de su gobierno consistió en poner a la venta el avión José María Morelos y Pavón, valuado en cuatro mil 360 millones de pesos. En cuatro años, Peña realizó 214 viajes y recorrió 600 mil kilómetros en el fastuoso Boeing 787-8 («ni Obama lo tiene», machacó en campaña López Obrador). La licitación para la venta del jet se publicó en el sitio web del Mercado Global para los proveedores de Naciones Unidas. El presidente realiza sus giras en líneas comerciales, con los consecuentes riesgos y molestias para el resto de los usuarios.

López Obrador es un presidente atípico. Su estilo desagrada a los adictos al boato y al oropel, y algunas de sus decisiones, por obcecadas y riesgosas, preocupan a líderes de opinión y a especialistas. Sin embargo, ha dejado en claro que no busca el aplauso de esos grupos, sino «separar el poder económico del poder político», dar prioridad a los más necesitados y erradicar la fórmula de «gobierno rico, pueblo pobre».

¿Será AMLO el José Mujica mexicano? El tiempo lo dirá. E4

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