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Edición 614

Seguridad

La inteligencia y su centro

En la inauguración del CIM de Torreón no hubo mención de los actores clave en el ámbito de la educación superior de La Laguna, que tanto tienen que ver con la formación académica de las inteligencias que conforman la comunidad torreonense

Renata Chapa
Twitter: @RenataChapa
Email: centrosimago@yahoo.com.mx

En un café de cualquier esquina, abro la prensa y leo: “Fue inaugurado el Centro de Inteligencia Municipal de Torreón (CIM)”. Vaya nombre con crack. Lógica y proyección quedan alebrestadas a la primera. Deduzco rápido y apuesto por mis certezas personales: quizá se trata ¡por fin! del tan necesario y urgente sitio dedicado a la investigación y aplicación de las neurociencias. O también, en una variante del anterior, bien podría corresponder a un espacio educativo de macro rendimiento comprobable, garantizado, en el que la palabra clave de su nombre, la inteligencia, es la pieza rectora.

Ambas suposiciones fueron lentes de dopamina para continuar la nota. Seguí mi lectura con la esperanza acelerada. “El CIM es un lugar estratégico para la seguridad, reacción, coordinación y mejora para la operación de la policía. El municipio de Torreón es el primero en Latinoamérica en instalar un sistema de cámaras dobles que operan como una sola al detectar cualquier conducta delictiva”.

Contra reacción primera: ¿Inteligencia equivale a seguridad pública como tal? Evidentemente, los dos términos tienen relación. Es más: deben tenerla y de manera perenne y sobresaliente. Sin embargo, en lo literal, la primera palabra no es sinónimo del segundo término. Menos aún, una equivalencia metafórica en los hechos que pudiera darle cierto permiso lingüístico. Por el contrario, las estadísticas e imaginario municipales, estatales y nacionales no dejan mentir: la dupla inteligencia-seguridad pública, lastimosamente, se acerca más a la antonimia que a la equivalencia semántica.

Contra reacción segunda: ¿es posible que cualquier conducta delictiva (!) (Generalización improcedente) sea detectada por un aparato, en este caso, una cámara doble que luego muta a una sola? Hablando de competencias inteligentes, la advertencia ?o no? de falacias al hablar, al redactar, al leer son valioso termómetro. La perla narrativa que origina la pregunta dos es claro ejemplo de una redacción anfibológica. Es decir, que se presta a dos o más interpretaciones por la manera en que fue escrita. Y uno de los entornos donde vaya que pululan y tanto daño causan las anfibologías tanto en palabras como en acciones es, sin duda, el de la seguridad pública. Policías, custodios, abogados, ministerios públicos, jueces, magistrados y ciudadanos. Cada quien abona al caos argumentativo con planteamientos obtusos, descripciones cantinflescas, sentencias errabundas, estatutos ilógicos. Contenidos donde la inteligencia pierde, pues, su centro.

Monitorear el monitor

Con el típico otorgamiento de resignación, más que del beneficio de la duda, y ya sin afán de análisis, continúo una mera revisión de pormenores del corte del listón del Centro de Inteligencia (insisto: qué nombre tan pesado). “El CIM no se conforma exclusivamente de las 105 cámaras instaladas en más de 80 cruceros, sino que son sólo una parte coadyuvante como herramienta de apoyo, ya que la funcionalidad de este centro es integral con personal altamente calificado. La seguridad es un tema que no tiene colores, además de que la coordinación es fundamental, dijo el mandatario estatal al reconocer el esfuerzo que hizo el gobierno del alcalde Jorge Zermeño Infante para la operación de este centro”. Imposible no recordar, luego de leer esta parte, algunas historias aquí sí coloridas. Como la de aquel horror que comenzó con la cámara colocada en el semáforo del cruce de la calle Acuña con la avenida Juárez, en el corazón de Torreón. Ahí donde un motociclista, sin casco, a exceso de velocidad y pasándose el semáforo en rojo de la citada avenida, impactó mi vehículo cuando yo cruzaba la luz verde, con mi cinto de seguridad, a no más de treinta kilómetros por hora y con cero gotas de alcohol encima. Esto me valió dos noches encarcelada, una cantidad importante de dinero solicitada y prestada (“porque si no, luego la van a llevar al Cereso”) y más pérdidas de bienes, como fueron las partes extraídas de mi coche en su estancia de tres largos meses en el corralón, aparte de la gorda lista de reparaciones mecánicas y facturas diarias de UBER que tuve que cubrir para atender a mis trabajos. La familia del motociclista, según lo relató mi abogado, arremetió días después para inculparme. Decía que, según la cámara ubicada en el semáforo del punto del accidente, yo me había pasado mi alto. Y como, además, el joven conductor de la moto circulaba por una “avenida” y yo por una “calle”, ellos tenían el doble razón, para que me reportara con el saldo económico de sus daños. Mi defensor reportó al poco tiempo: la cámara de este dilema monetario sí estaba colocada ahí y sí estaba en funciones, pero grabando el hermoso cielo lagunero. El paso del sol, de la luna, de las estrellas y los pájaros. La familia ofendida dejó de insistir y yo, sin la evidencia de la cámara, tenía una manera menos de defenderme. Esa cámara sub aprovechada fue adquirida con mis contribuciones municipales y con las de los demás ciudadanos. Funcionaba con la luz también contemplada en esa misma cuenta e instalada, operada y cuidada ?en teoría? por trabajadores públicos que ameritan salario, igualmente sumados a mi polla de impuestos municipales. ¿Tendremos que llegar al extremo de solicitar el monitoreo de la manera en que es aplicada la inteligencia, a través de las destrezas profesionales en el ámbito de lo público, con poderosas cámaras de total disponibilidad ciudadana? En otras palabras: ¿monitorear a los que monitorean y salvaguardan la seguridad pública?

Historias contrastantes

Dispersión e impotencia provocaron que me saltara párrafos. Me fui a uno cercano al cierre: “El sistema de video vigilancia estará enlazado y a disposición de las distintas policías y de las fiscalías, para que las evidencias, los datos y elementos que se requieran para combatir el delito estén a disposición del Estado Mexicano”. Qué contrastante imagen con la de la historia recientemente compartida ante los titulares de la asociación “Impunidad Cero, A.C.” sobre las carpetas con las denuncias interpuestas por las familias de desaparecidos del “Grupo Vida” y la manera en que les informa la Fiscalía de Durango que no pueden disponer de esa información porque, según les dicen, la bodega de esos archivos está infestada de ratas. Qué contrastante escenario con el boletín informativo del caso de la torreonense Mónica Esparza, preparado por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, A.C (Centro PRODH): “Mónica fue detenida el 12 de febrero de 2013, aproximadamente a las 10:00 horas por personas que tripulaban una patrulla de la policía municipal de Torreón mientras viajaba con su pareja y su hermano a bordo de una camioneta propiedad de su padre. Estas personas les hicieron bajar del vehículo, les pidieron identificaciones y detuvieron, inicialmente, al esposo y al hermano de Mónica, mientras que ella fue sujeta a una revisión. (…) La policía los llevó a la Dirección de Seguridad Pública de Torreón, específicamente a una bodega rotulada con la leyenda “Campo militar”. (…) Llegó un oficial que empezó a abofetear a Mónica y le tapó el rostro con su propia ropa. Mientras amenazaba con asesinarla, la introdujo en la bodega en donde estaban su hermano y su pareja”. Mónica es madre de cuatro hijos. Fue detenida de manera arbitraria, torturada sexualmente y, hoy en día, confinada en el Centro Femenil de Readaptación Social de Coatlán del Río (CEFERESO 16) en Morelos. A seis años de permanecer en esta prisión federal, ella aún espera que la Fiscalía General de la República decida si presenta conclusiones acusatorias o no acusatorias en su contra y que, en su caso, un juez federal determine su libertad.

Actores claves

Llego al párrafo de cierre de la nota periodística sobre el estreno del Centro de Inteligencia Municipal en Torreón: “Al acto, asistieron también Marcelo Torres Cofiño, presidente de la Junta de Gobierno del Congreso del Estado de Coahuila; Primo Francisco García Cervantes, director de Seguridad Pública de Torreón; Gerardo Márquez Guevara, Fiscal General de Coahuila, y Reyes Flores Hurtado, delegado del Gobierno de México en Coahuila. También Andrés Andrade Tello, director de Recursos Materiales y Servicios Generales del Centro Nacional de Inteligencia; Fernando Adolfo Castañón Durán, Comandante del 33 Batallón de Infantería, y mandos militares, alcaldes, diputados locales y federales, funcionarios municipales y empresarios”. Un dato curioso. En el listado anterior no aparece la mención de los actores clave en el ámbito de la educación superior de La Laguna. Es decir, la referencia a quienes tanto tienen que ver con la formación académica de las inteligencias que conforman la comunidad torreonense: los rectores de nuestras universidades, los directores de espacios educativos de todos los niveles. La escuela, el colegio, el instituto, la universidad son, por obvia que resulte la mención, los centros de la enseñanza-aprendizaje para el desarrollo de los pensamientos lógicos, analíticos, críticos. Son espacios de transformación social para elevar nuestra calidad de vida a través de competencias inteligentes. Pero, al parecer, no meritorios de mención a través de sus directores en la cuadrilla de personajes valiosos el día en que nació el CIM. Menos mal que, hoy por hoy, circula un breve video que da testimonio visual de lo sucedido aquel mediodía del martes 14 de mayo en las recién estrenadas instalaciones del CIM. En una de las imágenes aparece Omar Lozano, rector de la Universidad Autónoma de La Laguna, recorriendo las áreas de monitores, cámaras y colaboradores. Eso me devolvió, la verdad, un tranco de mi esperanza perdida. Qué fantástico sería que esa inteligencia del CIM incluyera, a manera de impostergable sello de calidad, las capacitaciones y respaldos educativos de las tantas casas del saber en La Laguna. Nuestros otros Centros de Inteligencia. E4

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