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Edición 613

Política

AMLO vs. AMLO

La Cuarta Transformación apuesta por los programas sociales y la Guardia Nacional para pacificar a un país cuya polarización se atiza desde la cima del poder. La estrategia es equivocada, refuta el Semáforo Delictivo: los homicidios aumentan porque la guerra contra las drogas no ha terminado

Gerardo Hernández G.

Andrés Manuel López Obrador ha conseguido lo que sus detractores más feroces no han logrado y las oposiciones (PRI, PAN y PRD), abismadas en la derrota de 2018, ni siquiera han intentado: debilitar su imagen, minar su credibilidad y poner en duda su capacidad para dirigir el país. Abril ha sido el peor mes del aún incipiente gobierno. Frente a las reacciones por la violencia rampante, el veto a la reforma educativa a través de un memorándum, el enfrentamiento con sectores y medios de comunicación críticos y los nulos resultados en la lucha contra la corrupción, los signos de exasperación del presidente más votado y popular son cada vez más evidentes.

«La ley es para las mujeres y para los hombres, no los hombres y las mujeres para la ley», dijo en la conferencia del 18 de abril en Palacio Nacional, a propósito de la reforma escolar. El sermón remite a Marcos 2 , 23-28: «El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado». Así replicó Jesús, de acuerdo con el evangelista, a quienes denunciaban a sus discípulos por no respetar la ley (el sábado).

AMLO supedita la Constitución a la justicia, según su muy particular interpretación del libro sagrado del cristianismo y de la carta magna. Bajo el mismo criterio, también puede pasar por encima de todo poder y mandato que se interpongan entre el orden jurídico y su visión del universo. Incluso podría reelegirse (una especie de resurrección sin muerte política previa) como muchos temen, y él niega. El personalismo, la intolerancia y la vena religiosa del presidente evocan a los ayatolás y a los líderes supremos de los países islámicos cuyos sistemas políticos y legales tienen como base la sharia (código de conducta).

¿Aspira AMLO a cambiar el Estado laico por uno fundamentalista con mandos civiles? No llegaría tan lejos, pero a veces da esa impresión. Las únicas teocracias en el mundo, organizadas en república o monarquía, son las de Afganistán, Irán, Mauritania, Arabia Saudita, Sudán y Yemen. El Vaticano es el único de los Estados gobernados por una monarquía electiva teocrática absoluta regida según los principios de la fe cristiana. El papa ejerce el poder supremo, y de él dependen las ramas ejecutiva, legislativa y judicial. A diferencia del resto de las monarquías, el cargo, que actualmente ostenta el argentino Jorge Bergoglio, no es hereditario.

Irán (antes Persia) era una monarquía gobernada por el sha Mohammad Reza Pahlaví, quien se hizo con el poder en 1941 tras fusionar a todas las fuerzas políticas en el Partido del rey. Las reformas de la «Revolución blanca» de Reza tuvieron alcance limitado, pero su política económica propició el enriquecimiento de los grupos vinculados al poder, en perjuicio de una mayoría empobrecida (Wikipedia). En 1979 fue derrocado por la Revolución islámica cuyo dirigente, el ayatolá Ruhollah Jomeini, regresó al país en 1979, una vez consumado el movimiento, para ser proclamado líder supremo de la República Islámica de Irán.

Jomeini publicó, el 14 de febrero de 1989, un decreto religioso (fetua) contra el escritor indio-británico Salman Rushdie por supuestas blasfemias contra el islam y el profeta Mahoma contenidas en la novela Los versos satánicos (1988). La obra desató protestas en el mundo musulmán, algunas de ellas violentas como la del 24 de febrero del mismo año en Bombay, donde murieron 10 personas y mil 600 fueron heridas. El ayatolá ofreció una recompensa de tres millones de dólares por la muerte de Rushdie. Jomeini falleció meses después. Rushdie sigue activo, pero la condena continúa vigente.

Malos augurios

El presidente López Obrador se halla atrapado en su laberinto retórico. El Índice de la Paz 2018 del Instituto de Economía y Paz (IEP) ubicó a México en el lugar 140 —de 163 países—, por debajo de Irán e India y ligeramente arriba de Palestina, Venezuela y Colombia. El nivel de seguridad de México es «bajo», según la clasificación. Entre los países más peligrosos del mundo figuran Siria, Afganistán e Irak. En el gobierno de Peña Nieto (PRI), la cifra de homicidios dolosos rondó los 125 mil y en el de Calderón los 103 mil, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El año más violento fue 2018 con 33 mil 341 víctimas.

Para el Semáforo Delictivo, los ocho mil 493 homicidios registrados en el periodo enero-marzo son un mal augurio. No obstante que el presidente López Obrador «ha declarado el fin de la guerra que se inició en el 2008 y a pesar de que su Plan de Paz y de Seguridad contempla la regulación de drogas como estrategia de reducción de daños, la guerra contra el mercado de drogas continúa, y con ella, el incremento de los homicidios», apunta.

Santiago Roel, director del proyecto cuya función consiste en «promover el buen gobierno mediante la presión ciudadana organizada e informada», advierte: «De continuar así la tendencia, de seguir con esta guerra, este año será el peor que cualquier otro que hayamos vivido». El Semáforo Delictivo es el tipo de organizaciones que incomodan al presidente. AMLO ha refutado incluso las estadísticas oficiales sobre la violencia en los primeros meses de su administración.

La mayor escalada proviene de «las ejecuciones en el mercado negro de drogas». Roel insiste que «mientras no se regulen algunas drogas como la cannabis o la amapola, México seguirá en una tendencia a la violencia alcista. Los mercados no se combaten con fuerza sino con inteligencia económica». La Guardia Nacional —dice— «puede ayudar en otros delitos, pero no en homicidios porque estos siguen una lógica de lucha por territorios que no se acaba con la presencia de policías, sino con la eliminación del mercado negro a través de la regulación».

AMLO no prometió, como Fox con respecto a la rebelión del EZLN en Chiapas, resolver la violencia «en 15 minutos», pero en Veracruz, donde el 19 de abril fueron asesinadas 13 personas durante una fiesta en Minatitlán, ofreció resultados en los próximos seis meses, plazo demasiado corto para la gravedad del fenómeno. Para abatir la violencia se necesitan, mínimo, dos años. El presidente culpa a los gobiernos de Calderón y Peña de la situación. «Vamos a mejorar todo lo que está sucediendo. Nos entregaron un país en crisis, un cochinero, pero lo estamos limpiando».

Según el Semáforo Delictivo, además de los homicidios dolosos, cuyo incremento fue de 10% en relación con el mismo periodo de 2018, en el primer trimestre del año también aumentaron otros delitos de alto impacto como la extorsión (47%) y el narcomenudeo (14%). «Este último es un indicador más de que algunas policías siguen distraídas o involucradas en la guerra contra las drogas en lugar de cuidar a la ciudadanía», previene. Con datos del Índice de Paz, el Semáforo señala que el costo per cápita de la violencia en México es de 41 mil pesos anuales. «Estamos destruyendo recursos en una guerra inútil que nos cuesta muchísimo en todos sentidos. Económicamente, crecemos a una tasa muy baja y hay estados muy rezagados».

Retórica presidencial

La pinza del gobierno de López Obrador para pacificar el país, después de un par de sexenios cruentos, la forman los programas sociales y la Guardia Nacional. Si en los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto, según el presidente, «no había una línea divisoria (…) entre delincuencia y autoridad; eran lo mismo, si acaso se podía decir delincuencia común y delincuencia de cuello blanco», el fundador de Morena se propone atacar las causas de la violencia y no solo sus efectos. En esa línea, la atención a los jóvenes es prioritaria para que la delincuencia deje de «engancharlos», advierte.

El presidente reprocha a los regímenes neoliberales haber dado la espalda a los jóvenes —«estaban completamente abandonados», declaró en Veracruz— y etiquetarlos de ninis: «ni estudian ni trabajan». El ambiente cambiará cuando los programas sociales se consoliden, dice, pues «los grupos de delincuentes se van a quedar sin base social». Cuando los adultos mayores y las personas con discapacidad reciban pensión, los estudiantes tengan becas y los jóvenes trabajo, la inseguridad bajará, asegura.

Si en el pasado «el problema era la autoridad» y «el gobierno estaba (…) solo dedicado a facilitar el robo, el saqueo», y no preocupado por las necesidades del pueblo, la Cuarta Transformación se coloca en las antípodas: «Nosotros actuamos a partir de principios, tenemos ideales, tenemos autoridad moral, porque sabemos que de esa manera se puede tener autoridad política. No somos iguales a los conservadores y a sus voceros. (…) Nosotros no hacemos acuerdos en lo oscurito, no nos préstamos a ninguna componenda, no estamos al servicio de ningún grupo de interés creado».

La Guardia Nacional cierra la pinza. Con un ejército de casi 300 mil elementos de las fuerzas armadas, el gobierno federal retomará el control en los estados cuyas autoridades, en la mayoría de los casos, fueron infiltradas por la delincuencia organizada en los gobiernos de Calderón y Peña. Antes «no había protección para la gente, no había cuerpos de seguridad. No se le permitía ni al Ejército ni a la Marina hacerse cargo de la seguridad pública. (…) Cuando tengamos presencia de la Guardia Nacional en todo el país (…) entonces vamos a garantizar la seguridad pública», ofreció el presidente.

Sin embargo, para el director del Semáforo Delictivo, Santiago Roel, la Guardia Nacional no resuelve la violencia —«puede ayudar en otros delitos, pero no en homicidios»—, como tampoco los programas sociales. «Es al revés, la violencia nos causa pobreza, despilfarro de recursos, corrupción y distracción de autoridades. Es momento de generar oportunidades de negocio lícito a los pobres de México y fomentar la inversión productiva. México puede crecer a buen ritmo, pero para ello se necesita mejorar la actuación de su gobierno y regular las drogas. En el Índice de Libertad Económica Mundial salimos muy mal evaluados por el concepto de gobierno ineficaz y corrupto».

AMLO está por cumplir seis meses en la presidencia. En ese tiempo era imposible revertir décadas de violencia, corrupción e impunidad. Le restan cinco años y medio para cumplir sus promesas de transformar al país en uno donde imperen la justicia social, la honradez y el estado de derecho. Para Roel, «La mejor manera de hacerlo es con un buen nivel de conciencia que se ubique en la paz y no en la ira, la venganza, la división o los mensajes de guerra. Tenemos que aceptar la realidad, los datos y probar estrategias inteligentes. La solución no está en la fuerza de las armas, sino en el poder de las buenas ideas». E4



Jorge Ramos

Sin miedo: Lecciones de rebeldes

Donald Trump lo expulsó de una rueda de prensa, el 25 de agosto de 2015 en Dubuque, Iowa, cuando aún no era candidato. «Siéntese, no le he dado la palabra. Vuélvase a Univisión». Enseguida, un guardia lo sujeta y lo escolta hasta la salida. Después se le permitió regresar a la sala. Jorge Ramos buscaba respuesta sobre la postura antiinmigrante del republicano. «Creo que ni siquiera lo había conocido antes. (…) Se puso de pie y empezó a gritar, así que quizá también él cometió una falta. Obviamente es alguien muy emocional, así que no tengo problemas con su expulsión», dijo el magnate (El País, 26-08-15).

El 25 de febrero, Nicolás Maduro retuvo a Ramos y a su equipo de Univisión en el Palacio de Villaflores donde era entrevistado. Las autoridades requisaron el material para evitar su transmisión. El periodista mexico-estadounidense narró su experiencia al diario español: «Estuvimos retenidos más de dos horas (…) Tras 17 minutos de entrevista a él no le gustaron las cosas que le estábamos preguntando sobre la falta de democracia en Venezuela, la tortura, los prisioneros políticos, sobre la crisis humanitaria (…) y se levantó (…) después de que le mostrara el vídeo de unos jóvenes comiendo de un camión de basura. Inmediatamente después, uno de sus ministros, Jorge Rodríguez, vino a decirnos que la entrevista no estaba autorizada».

Ramos y la productora María Guzmán permanecieron encerrados un par de horas en un cuarto de seguridad. Esa misma noche se les permitió regresar a su hotel, custodiado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia. Al día siguiente fueron deportados a Estados Unidos. En un mensaje a El País, Rodríguez, vicepresidente de Comunicación y Cultura, replicó:

«(Ramos) no vino a hacer una entrevista. Vino a insultar y a grabar con cámaras escondidas zonas de seguridad del palacio. Dimos por terminada la entrevista y ya se fueron al hotel». El mismo funcionario publicó en su cuenta de Twitter: «Por Miraflores han pasado centenas de periodistas que han recibido el trato decente que de forma habitual impartimos a quienes vienen a cumplir con el trabajo periodístico y han publicado el resultado de ese trabajo. No nos prestamos a shows baratos».

Ramos dedicó su columna «La entrevista que nunca verás» a ese tema (Reforma, 02-03-19). Con un epígrafe de Julio Scherer («Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos», a propósito de la conversación de los actores Sean Penn y Kate del Castillo con el narcotraficante Joaquín Guzmán, en 2015) y los arrestos del fundador de la revista Proceso (contra quien el gobierno de Luis Echeverría urdió una campaña para deponerlo de la dirección de Excélsior, por su línea crítica), el presentador estrella del Noticiero Univisión dice que tras la interrupción de la entrevista le espetó a Maduro: «Eso es lo que hacen los dictadores, no los demócratas».

Autor de 11 libros —entre ellos Sin miedo: Lecciones de rebeldes—, Ramos inició su carrera en XEW y XEX (radio) en Ciudad de México. A principios de los 80 del siglo pasado emigró a Los Ángeles debido a la censura de su primer reportaje para Televisa. En 1985, cuando el país vivía aún bajo la «dictadura perfecta», se incorporó a Univisión. La cadena en español pertenece a Univisión Communications, Inc., fundada por Televisa y Venevisión en 1992. En audiencia compite con la cinco principales redes de televisión de habla inglesa en Estados Unidos (Wikipedia). E4



Peña Nieto: el peor presidente

Jorge Ramos puso contra las cuerdas a Enrique Peña Nieto, en 2009, cuando el gobernador de Estado de México no supo decir de qué murió su esposa, Mónica Pretelini, el 11 de enero de 2007. «Parecía que era… se me fue el nombre de la… el nombre de la enfermedad puntual». «Epilepsia», le ayuda Ramos. «Epilepsia», asiente Peña. «No era epilepsia puramente… pero sí algo parecido a la epilepsia». El político titubea, tiene lapsus y sonríe nervioso, según se aprecia en el video disponible en YouTube con 1.1 millón de visualizaciones. [En 2008, Peña ya era pareja de la actriz de Televisa Angélica Rivera (ADNpolítico, 09-02-19) con quien contrajo nupcias el 27 de noviembre de 2010 y de la cual ya se divorció].

En una segunda entrevista con Ramos (febrero de 2011, antes de ser postulado para la presidencia), Peña buscaba poner punto final a un tema potencialmente tóxico para sus aspiraciones, pero volvió a fallar: «A ver, es absurdo pensar (…) que no sepa de qué murió mi esposa. Fue un lapsus por no poderte decir qué era, que mi esposa sufrió en aquel entonces ataques de epilepsia que habían derivado justamente en eso, en alguna insuficiencia cardíaca». El gobernador negó haber tenido participación en el caso. Esa y otras versiones, como la del suicidio, las atribuyó a su posición política y a «contrarios a uno» que las dejaron sonar.

El asunto generó, desde el primer momento, un alud de rumores. Dos días después del fallecimiento, Proceso ofreció una hipótesis en un texto de la Redacción titulado Todo huele raro…: «La muerte de Mónica Pretelini, esposa del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, fue por lo menos inesperada y extraña: no aparentaba sufrir ninguna enfermedad grave, las causas que oficialmente provocaron el deceso no acaban de convencer a médicos prestigiados. Pero más rara aún fue la forma en la que personajes e instituciones “todo México”, podría decirse, se volcaron en condolencias. El número de esquelas estableció un récord. Superó, por mucho, a las publicadas, por ejemplo, con motivo de la muerte de personajes como Carlos Hank González y Juan Sánchez Navarro (…).

«Tras la declarada muerte cerebral de la paciente, de inmediato empezaron a circular versiones que sembraron sospechas y dudas sobre la causa de su repentino fallecimiento. Paradójicamente, la muerte de su pareja provocó que Peña saltara a la palestra política con mayor fuerza que antes. Si bien es cierto que en 2005 dejó de ser un político de limitados alcances locales, el repunte de su fama se debe, en buena medida, a su alianza con Televisa, que desde hace dos años maneja no solo su imagen, sino gran parte de su futuro político con miras a las elecciones presidenciales de 2012».

Peña no volvió a conceder una entrevista a Ramos. En su columna del 19 de noviembre de 2018 en Reforma («Peña Nieto: el peor presidente»), el premio Gabriel García Márquez 2017 cita un número preliminar de homicidios dolosos en el gobierno del priista (122 mil 889 https://bit.ly/2LGFnty). «… fue un presidente solo de nombre. (…) confundido, creía que las malas noticias eran una cuestión de imagen y gastó millones en publicidad. Nunca entendió que mil anuncios de televisión no podían evitar una sola muerte. Ni borrar la agonía de las familias. Los que votaron por Peña, o le ayudaron tramposamente a llegar al poder, son cómplices de haber empujado a la presidencia a uno de los políticos más incompetentes que haya tenido el país». E4



Mañaneras, el tribunal de la 4T

Enrique Peña Nieto le cerró las puertas de Los Pinos a Jorge Ramos, quien figura entre «los 25 hispanos más influyentes de Estados Unidos». Seis años después, el presidente Andrés Manuel López Obrador le abrió las de Palacio Nacional para la conferencia mañanera del 12 de abril. El presentador del Noticiero Univisión —la cadena con mayor audiencia de habla hispana en Estados Unidos y cobertura en 16 países de América Latina— refutó las cifras de asesinatos dolosos en los primeros meses del nuevo gobierno, y dejó en claro que los periodistas no revelan sus fuentes. AMLO había pedido a Reforma, donde Ramos escribe una columna semanal, informar cómo obtuvo el borrador de la carta que envió Felipe VI de España para exigir perdón por los abusos de la conquista.

A finales de febrero pasado, Ramos y su equipo de Univisión permanecieron retenidos dos horas en el Palacio de Villaflores, sede del gobierno de Venezuela, en el marco de una entrevista interrumpida por el presidente Nicolás Maduro, molesto por los cuestionamientos del periodista y escritor. En México, la relación de AMLO con algunos columnistas y sectores de la prensa (en particular con Reforma) es áspera, pero hasta hoy no se ha llegado a tanto. Sin embargo, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y otras organizaciones se muestran preocupadas por el discurso del presidente, pues puede generar mayor violencia contra el gremio.

En su columna «El presidente no es el jefe de los periodistas», publicada en su portal el 17 de abril, Ramos dice que las mañaneras son «un extraordinario ejercicio democrático», pero advierte: «A pesar de la clara apertura periodística (…) López Obrador ha utilizado sistemáticamente ese espacio para desacreditar a reporteros, columnistas y medios de comunicación que lo critican. Les llama “prensa fifí?, entre otros calificativos (como conservadores y deshonestos). Él dice que solo está ejerciendo su “derecho de réplica”. Y lo tiene. (…) Pero las fuertes críticas desde Palacio Nacional (…) son preocupantes en uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo».

Ramos reconoce «una gran diferencia» entre los presidentes de México y Estados Unidos: «AMLO aguantó y respondió todas mis preguntas durante la conferencia de prensa en Ciudad de México, mientras que Trump, en 2015, me expulsó con un guardaespaldas en Dubuque, Iowa. (…) Está claro: México no es ni será Venezuela y AMLO no tiene nada que ver con Maduro. Ni con los desplantes racistas y xenofóbicos de Trump. Pero el presidente de México no tiene por qué descalificar a periodistas que cuestionan su labor; ese es precisamente nuestro trabajo. (…) Así como los periodistas no cuestionamos su legitimidad bien ganada (…) él tampoco tiene por qué recurrir a descalificaciones innecesarias».

López Obrador juega sus cartas. Las ruedas de prensa matutinas, con preguntas abiertas y algunas presencias incómodas como la de Jorge Ramos, eran inimaginables en los gobiernos anteriores. Peña jamás se expuso. Empero, la apertura no es necesariamente democrática. Menos cuando el presidente impone su criterio, desmiente a las propias fuentes gubernamentales y convierte cada conferencia en tribunal donde juzga a quienes piensan distinto. En Palacio Nacional se enciende cada mañana una pira para los enemigos de la Cuarta Transformación: periodistas, ONG y todo tipo de adversario, real o imaginario. El presidente juega con fuego en un país sentado sobre un barril de pólvora. E4

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