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Edición 611

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Peña y la generación que sepultó al PRI

Sin dinero de los estados, con apenas una docena de gobernadores y como tercera fuerza en el Congreso federal, el Revolucionario Institucional no podrá remontar la crisis derivada de la última elección presidencial. En ese contexto, el tricolor nombrará a su nuevo líder el 1 de septiembre

Gerardo Hernández G.

El PRI vive la peor crisis de su historia y acaso también sus últimos años. El mérito no le corresponde al PAN o al PRD, inmersos en su propia agonía. El tiro de gracia lo recibió de la generación de gobernadores liderada por Enrique Peña Nieto desde Estado de México (Edomex). Una camada tan corrupta e incompetente como cínica y soberbia. El partido fundado por Plutarco Elías Calles perdió por primera vez la presidencia en 2000, pero conservó la mayoría en los estados (17, contra 10 del PAN y cinco del PRD), el Congreso federal, las legislaturas locales y los ayuntamientos.

Doce años después, el PRI recuperó la presidencia por el fracaso de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, sobre todo en materia de combate a la corrupción, seguridad y reducción de la pobreza, y una alianza con el PAN, el PRD, las grandes televisoras y la oligarquía para bloquear a Andrés Manuel López Obrador. El triunfo de Peña no habría sido posible sin un pacto de impunidad con los gobernadores —en 2012, el PRI ya controlaba 19 estados—, quienes inyectaron recursos públicos a su campaña y lo proveyeron de votos. Una comisión del Congreso, integrada por diputados del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, dictaminó que el candidato del PRI rebasó en 1,268% el tope de gastos. El límite legal era de 336.1 millones de pesos, sin embargo, el coste ascendió a cuatro mil 263 millones (La Jornada, 12.03.14).

Las deudas estatales se dispararon entre 2010 y 2011, dos años antes de los comicios presidenciales, según datos de la Secretaría de Hacienda. En Coahuila, Humberto Moreira recibió pasivos por 323 millones de pesos; al dejar el gobierno ya se debían más de 36 mil millones. Las tesorerías locales siempre han sido cajas chicas del PRI —para mantener su estructura electoral—, pero en los sexenios de Fox y Calderón, cuando no manejaba el presupuesto federal, representaron su tabla de salvación.

En el gobierno de Fox, el PRI fue la primera fuerza en las cámaras de Diputados y de Senadores; con Calderón, la segunda. Esa circunstancia le permitió imponer condiciones a los presidentes y preparar su retorno a Los Pinos, apalancado en los gobernadores. En el sexenio de Peña, el PRI dominó el Congreso, sin alcanzar la mayoría absoluta. Hoy, con apenas 47 diputados y 14 senadores, ocupa la tercera posición, por debajo del PAN (78/24). Morena es la nueva aplanadora: tiene 259 asientos en San Lázaro y 59 en el Senado sin sumar a sus aliados (PES y PT).

Entre 2012 y 2018, el partido de Peña perdió nueve estados. Ahora solo tiene 12, uno menos que el PAN. Pero aun en Edomex, cuyo presupuesto y padrón electoral son los más grandes del país, Morena controla la legislatura y la mayoría de los municipios. Morena gobierna cuatro estados (destacan Ciudad de México y Veracruz); Movimiento Ciudadano, uno (Jalisco) y el PRD, dos (Michoacán y Quintana Roo). Con 11.4 millones de votos menos que en 2012 y sin el dinero de las arcas estatales, el PRI está en un callejón sin salida.

A 10 meses de la derrota más apabullante en sus 90 años, el PRI sigue colapsado. Los gobernadores se replegaron. Con un embajador en cada estado, el presidente López Obrador cuida sus movimientos, maneja los programas sociales —base del clientelismo electoral—, estructura a su partido (Morena) y despliega su poder. Fox, Calderón y Peña Nieto les soltaron las riendas y el país pagó las consecuencias.

La vieja guardia

El fracaso de la «generación Peña Nieto», a la que pertenecen los exgobernadores Humberto y Rubén Moreira, investigados en Estados Unidos por supuestos nexos con Juan Manuel «el Mono» Muñoz, quien será juzgado en San Antonio, Texas, por delincuencia organizada, lavado de dinero y otros cargos, abrió las puertas a un político de la vieja guardia para tomar las riendas del PRI, en el momento más crítico. José Narro Robles (Saltillo, 1948) es uno de los seis aspirantes a ocupar la presidencia del CEN. Los otros son Alejandro Moreno, gobernador de Campeche; Ulises Ruiz, Ivonne Ortega (exmandatarios de Oaxaca y Yucatán), Lorena Piñón y José Ramón Martel.

Los exgobernadores Javier Duarte (Veracruz) y Roberto Borge (Quintana Roo), presentados por Peña Nieto como parte de la «nueva generación» del PRI, están presos por delitos de corrupción. El prófugo César Duarte (Chihuahua), de la misma cofradía, tiene órdenes de aprehensión por peculado electoral, lavado de dinero y el desvío de mil 200 millones de pesos. La suerte de Borge y de los Duarte la determinó la alternancia en sus respectivos estados. El PRI jamás había perdido en Veracruz y Quintana Roo.

En su libro Cleptocracia. El nuevo modelo de la corrupción (Grijalbo, 2018), el periodista Jenaro Villamil pasa lista a la generación de gobernadores peñistas: «11. Uno de los casos más graves de impunidad es el de Humberto Moreira, exgobernador de Coahuila, exdirigente nacional del PRI y uno de los más firmes aliados de Peña Nieto en su ascenso a la candidatura presidencial, hasta que fue señalado en México y Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico. La Secretaría de Hacienda documentó el desaseo en el manejo de los recursos públicos durante su administración, en la que la deuda pública se disparó de 323 millones a 36 mil millones de pesos».

Villamil, presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, escribe más adelante: «A finales de 2017 se dio a conocer un informe de la Clínica de Derechos Humanos de la Facultad de Derechos Humanos de la Universidad de Texas, que sistematizó los testimonios de tres juicios contra líderes del cártel de Los Zetas. En ese informe se compila y sustenta lo que los habitantes de Coahuila y Veracruz sabían desde hacía tiempo: que los gobiernos de Humberto y Rubén Moreira en la primera entidad y de Fidel Herrera y Javier Duarte en la segunda fueron “capturados” por el crimen organizado a cambio de millonarios sobornos».

El autor de El sexenio de Televisa (Grijalbo, 2011) y La caída del telepresidente (Grijalbo, 2015), advierte: «El vínculo común entre los Moreira, Herrera y Duarte con el cártel de Los Zetas, según el mismo informe, fue el empresario Francisco Antonio Colorado Cessa, mejor conocido como Pancho Colorado, señalado en varios reportajes de la revista Proceso y en el periódico Reforma de ser prestanombres y “lavador” de dinero. Colorado fue propietario de la empresa ADT Petroservicios y en 2012 fue llevado a juicio en Texas».

Humberto Moreira presidió el PRI entre el 4 de marzo y el 2 de diciembre de 2011. Su hermano Rubén duró apenas tres meses en la secretaría general después de la debacle electoral del año pasado. La generación Peña superó en cinismo y corrupción a todas las precedentes. El moreirato contribuyó a la caída del PRI; sus excesos no han sido castigados en los tribunales, pero el juicio de las urnas es irrefutable.

Rebelión ulisista

José Narro Robles resultó ser el as bajo la manga para la sucesión del PRI. Su edad (70) y falta de carrera política pueden ser sus mayores activos tras el batacazo de la «generación Peña Nieto» cuya corrupción y arrogancia le pusieron a López Obrador la presidencia en bandeja de plata. El PRI elegirá presidente y secretario general el primer domingo de septiembre, para el periodo 2019-2023. El proceso, «libre y abierto» a la militancia, será organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE), por acuerdo de la 62 asamblea, encabezada por Claudia Ruiz Massieu. Los principales rivales de Narro son:

Ulises Ruiz. Mapache electoral, impuesto por José Murat en el gobierno de Oaxaca (2004-2010), se presenta como el aspirante rupturista. «Les voy a ganar, soy el único que tuve la fortuna de no trabajar con (Enrique) Peña Nieto, no soy de esa expresión política. Soy el único, porque de los dos lados son o los funcionarios de Peña Nieto (Narro ocupó la Secretaría de Salud) que quieren seguir secuestrando al PRI, o los gobernadores de corte peñista como el caso de Moreno, que es Peña» (ADNPolítico, 27.02.19).

Ruiz permaneció en el banco en el sexenio pasado, pero junto con Humberto Moreira fue uno de los gobernadores que más impulsaron la candidatura presidencial de Peña Nieto. En el conflicto de 2006 con la sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), varios de sus colegas —entre ellos Peña— le sugirieron renunciar, pero los despidió con cajas destempladas. Peña y Ruiz asistieron al quinto (y último) informe de Humberto Moreira, meses antes de su ascenso a la presidencia del PRI.

Alejandro Moreno. El gobernador de Campeche (43 años) pertenece a la generación de Peña. Su carrera política (como la de los Moreira en Coahuila) fue meteórica, igual que vertiginoso ha sido el crecimiento de su patrimonio (otra coincidencia) «el cual debería centrarlo en una investigación de enriquecimiento ilícito» (Alfredo Lecona, Aristegui Noticias, 01-17-17).

Ruiz acusa a Moreno de desviar recursos públicos y por hacer campaña anticipada. En un oficio fechado el 9 de marzo, Claudia Ruiz Massieu, presidenta del PRI, pide a los dirigentes de los sectores, organizaciones y comités estatales y municipales, asumir «una conducta ejemplar ajena a cualquier manifestación de parcialidad (…)». Lo anterior, advierte, «no implica limitación o impedimento para reunirse o intercambiar impresiones» con los aspirantes, sin realizar «pronunciamientos» o «asumir posturas que atenten contra nuestros deberes de imparcialidad y de responsabilidad en la preservación de la unidad interna del Partido».

Ulises Ruiz es el aspirante más zorro a la dirigencia del PRI. Y Peña Nieto, el presidente más repudiado —incluso algunos sectores priistas piden su expulsión— y el principal responsable de la derrota que tiene a ese partido al borde de la tumba. Asociar a Narro y a Moreno con el gobierno de la corrupción, la impunidad y la violencia, como lo hace el exgobernador de Oaxaca, es un llamado a la rebelión para impedir que Peña mantenga el control del PRI otros cuatro años. Ruiz no es el más calificado para hablar de democracia y honradez ni para dirigir al PRI, pero sí quien puede darle la puntilla a un organismo sin liderazgo ni apoyo social. E4


Colosio: memoria incómoda

El presidente López Obrador se reunió con el candidato del PRI dos días antes de su asesinato. Carlos y Raúl Salinas de Gortari siempre estuvieron en el centro de la trama

Desde 1994, dos sucesos confrontan al PRI en marzo: su aniversario (el día 4) y el asesinato de Luis Donaldo Colosio (el 23). En un lapso de 19 días, el partido más antiguo de México pasa de la celebración al duelo. Esta vez, en un contexto diametralmente distinto. Hoy la fuerza política dominante no es el PRI ni el PAN, sino Morena. El presidente López Obrador reveló que el 21 de marzo —dos días antes del atentado en Tijuana—, cenó con el candidato en casa de la activista Clara Jusidman, sin dar detalles de la reunión.

En su primera campaña presidencial (2006), AMLO nombró como asesor a Manuel Camacho Solís, a quien Carlos Salinas de Gortari utilizó en dos rutas: 1) para distraer a la galería y ocultar a su favorito; y 2) para poner en jaque a Colosio. Tras el levantamiento zapatista en Chiapas, el 1 de enero de 1994, coincidente con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, Salinas designó a Camacho coordinador para la Paz y la Reconciliación. El movimiento debilitó la de por sí frágil candidatura de Colosio y reabrió la sucesión.

El 22 de marzo —un día después de la reunión de AMLO en casa de Jusidman—, Camacho telefoneó a Colosio y le anunció su decisión de no participar de nuevo en la carrera presidencial. Al día siguiente, el sonorense era abatido al término de un mitin en la colonia Lomas Taurinas. El 24 de marzo, el presidente Salinas encabezó un homenaje ante el féretro de Colosio. El priismo, reunido en el auditorio Plutarco Elías Callas, apuntó a Salinas y dio un veredicto inapelable: «¡Él fue!... ¡Él fue!... ¡Él fue!».

Raúl Salinas de Gortari, hermano del presidente, fue uno de los actores centrales de la trama, urdida desde el poder. Desde Los Pinos se habrían fraguado también los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, y el del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, seis meses después del de Colosio. José Córdova Montoya, jefe de la oficina de la Presidencia; Manlio Fabio Beltrones, a la sazón gobernador de Sonora, quien habría entrevistado en secreto a Mario Aburto, el supuesto asesino solitario; y Emilio Gamboa Patrón, secretario de Comunicaciones y Transportes y muñidor de los Salinas, participaron en el juego para sustituir a Colosio.

En una nota autógrafa —publicada por Reforma— Raúl Salinas le dice a Colosio, en tono amenazante: «Te estás equivocando, Donaldo. Necesitas aliados, yo conozco a los buenos, ¿entiendes? Nada más acuérdate, la puerta de Los Pinos se abre desde adentro». El testimonio se consigna en la serie «Historia de un crimen: Colosio», estrenada por Netflix en la víspera del 25 aniversario de los hechos en la colonia Lomas Taurinas, convertida en ratonera.

«El hermano incómodo», como la revista Proceso calificó a Raúl por los abusos cometidos antes y después de la presidencia de Carlos, depositó en Suiza 160 millones de dólares bajo un nombre falso, al parecer producto del narcotráfico y de la sustracción de recursos públicos.

Luis Donaldo Colosio Riojas es diputado local de Nuevo León por el Partido Movimiento Ciudadano. No quiere saber nada del PRI, cuya «nomencklatura» traicionó a su padre. Alfonso Durazo, uno de los colaboradores más cercanos de Colosio, es secretario de Seguridad Pública de AMLO. Los Salinas no han pagado sus culpas. El grito de «¡Él fue!... ¡Él fue!... ¡Él fue!» resuena en el país cada 23 de marzo. La muerte del PRI empezó también en Lomas Taurinas. E4


Narro Robles: el retorno (tardío) de la vieja guardia

El aspirante coahuilense a la jefatura del PRI defiende a Peña Nieto; fue omiso en casos de corrupcion, acusa AMLO

¿SeráJoséNarro Robles el cuarto jinete de Coahuila en la presidencia al PRI? En lenguaje apocalíptico, le correspondería el caballo bayo (símbolo de la muerte; ¿premonición?). En lamisma línea, el general Manuel Pérez Treviño habría montado el corcel blanco, de la conquista; Humberto Roque el rojo, de la guerra; y Humberto Moreira el negro, del hambre. Los otros aspirantes a la jefatura priista con Ivonne Ortega, Ulises Ruiz (exgobernadores de Yucatán y Oaxaca), Alejandro Moreno (gobernador de Campeche), Lorena Piñón (del equipo de Luis Videgaray) y José Ramón Martel, quien, junto con Narro, son los aspirantes menos contaminados.

En la campaña presidencial de 2006, Narro se decantó por Andrés Manuel López Obrador, a quien ahora combate. Crítico pugnaz del Seguro Popular (creado en el sexenio de Vicente Fox y desaparecido por AMLO), hizo la vista gorda cuando el mecanismo se desvirtuó y corrompió —a escala nacional y estatal— en la administración Peña Nieto. El saltillense ocupó la Secretaría de Salud entre 2016 y 2018, lo que explicaría su cambio de actitud.

En el gremio médico nacional rivalizan dos bandos políticos. Uno lo encabeza Guillermo Soberón, exrector de la UNAM y secretario de Salud en el gobierno de Miguel de la Madrid, al que pertenece Julio Frenk, quien ocupó la misma cartera en el sexenio de Fox. El otro lo lideraba Jesús Kumate (secretario de Salud con Salinas de Gortari), fallecido el año pasado, en el cual milita Narro. Peña Nieto dejó colapsado el sistema de salud, inauguró hospitales sin terminar y el desabasto de medicamentos se extendió a toda la república.

En su conferencia de prensa del 6 de marzo, el presidente López Obrador acusó a Narro Robles de haber omiso en los casos de corrupción detectados en la Secretaría de Salud. «Cuatro mil millones de dólares destinados a la compra de medicamentos cada año, alrededor de 80 mil millones de pesos, y no hay medicinas en los centros de salud (…) de esos cuatro mil millones, 15 empresas acaparaban el 80% de las compras. (…) había hasta políticos promoviendo la venta de medicamentos». La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) presentará 50 denuncias por corrupción.

Narro, de 70 años, necesita como compañera de fórmula a una mujer de menos edad, para atraer al priismo joven. Quien sea, puede sumarle o restarle votos en el proceso del 1 de septiembre. La selección, por tanto, deberá ser rigurosa. Hay aspirantes a la secretaría general demasiado codiciosas y además vinculadas con algunas de las figuras más nefastas del PRI —pertenecientes a la «generación Peña Nieto»—, acusadas de lavado de dinero y delincuencia organizada en México y Estados Unidos.

Según Narro, Peña Nieto —nombrado consejero político del PRI el 27 de febrero— no es culpable de la derrota que hoy tiene a su partido con un pie en el sepulcro. «Quienes dicen eso, seguramente lo hacen de mala fe o no saben lo que dicen» (El Imparcial, 24-03-19). Peña terminó con una aprobación menor al 20%, porcentaje casi equivalente a los votos obtenidos por José Antonio Meade (16.4) incluidos los del Verde y Nueva Alianza. ¿Así aspira Narro a convertir al PRI en «una oposición franca, honesta, madura (…), comprometida con México?». Con ese diagnóstico —exento de crítica y de espaldas a la realidad— solo le falta extender el certificado de defunción. E4

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