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  Edición 628
  Periodismo médico
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
  Tradicionalmente, se ubica al médico como un profesional dedicado a resolver problemas de salud tan solo con interrogar y explorar al supuesto enfermo, solicitar estudios de laboratorio y gabinete de alta tecnología en el momento actual y relacionado con estos resultados, prescribir tratamiento médico farmacológico, quirúrgico o ambos. ¡Y Tan tan!

Me parece una actitud simplista y reduccionista del quehacer médico a lo biológico.

Entiendo que el ser médico va mucho más allá de lo biológico, pues el ser humano enfermo o sano es un ser social, es un zoon politikon, decía Aristóteles y con este principio filosófico, el acto médico abarca lo biológico y lo social. Personalmente no tengo la menor duda al respecto.

Y dentro de lo social, entre otras actitudes el médico ha de ser un buen comunicador, analítico, reflexivo y un buen educador y filósofo para entender el fenómeno humano y transformar la realidad en bienestar social.

Para cumplir lo anterior, en la actividad médica existen los medios de comunicación, el individual entre médico y paciente, la docencia en escuelas de medicina y hospitales y el comunitario mediante los medios de difusión masiva: prensa, radio, televisión y actualmente las redes sociales.

Algo complicado resulta usar el periodismo ético para orientar, informar con veracidad, claridad e imparcialmente al público, tomando en cuenta que la medicina y otras ciencias usan un lenguaje particular, con tecnicismos tan complejos que en ocasiones ni entre los mismos científicos tienen acuerdos respecto a su definición y significado.

Cualquier ser humano, independientemente de sus grados académicos, tiene capacidad cerebral para comprender los conceptos más complejos de la ciencia, siempre y cuando el que se considera un experto en tal o cual rama del área científica, reconozca lo anterior y aplique su potencial cerebral para trasmitir y traducir al lenguaje común o coloquial y accesible a cualquier mortal.

Poco aporta un científico ducho en su área si no sabe trasmitir su sapiencia. Personalmente, por más de 30 años he colaborado e intentado informar veraz, objetiva y desinteresadamente, esencia ética del periodismo; a la sociedad sana y enferma, por medio del periódico regional, La Opinión; y desde hace unos 7 años en esta revista Espacio 4.

Y para documentar el valor social del periodismo, he de comentar un caso clínico reciente de paciente y «colega del deporte de las patadas», el futbol veterano. Hace unas semanas, un futbolista de unos 65 años de edad, tras un partido sabatino bajo tremendos calores que han quemado la flora regional, por la noche se quejó de fosfenos Y miodenopsias.

Fosfeno deriva del griego Phos= luz y phainein= aparecer, mostrarse. Los fosfenos también llamados fotopsias —del griego phos, photos= luz y oasis= vista—. Los fosfenos son esas lucecitas que se observan cuando se frotan los ojos con cierta presión, o con un fuerte golpe de un balón o cualquier otro objeto en la cabeza, por ejemplo. Se deforma el humor vítreo del globo ocular estimulando la retina y son más evidentes con la edad avanzada.

Miodenopsia deriva del griego myie= mosca, eidos= formas y ops= visión. Las miodenopsias consisten en esas nubes oscuras que se ven como cuerpos flotantes, como moscas y que se desplazan con los movimientos oculares como las nubecillas observadas cuando los limpiaparabrisas de un coche no eliminan por completo las gotas de agua. También se deben a la alteración de la estructura del humor vítreo.

Nuestro protagonista, preocupado, consultó a un especialista neurólogo, le comentó que por su edad podría ser una amenaza de una trombosis cerebral por arteriosclerosis senil, le solicitó una tomografía la cual fue normal y lo desahució… para jugar futbol, le dijo tajantemente que si continuaba jugando le podría suceder un infarto cerebral. Se presentó muy deprimido y aterrorizado buscando una segunda opinión, recomendación que encontró en la lectura de varios de mis casos clínicos difundidos periodísticamente.

He aquí un ejemplo, del objetivo del periodismo médico: la orientación e información para transformar la realidad, para cambiar actitudes y decisiones vitales.

Por comodidad profesional, para no arriesgar lo que se llama reputación profesional, podría avalar y reafirmar la opinión del neurólogo. Pero, después de analizar este caso, tuve que informar a mi amigo y paciente mi punto de vista, diferente, ni mejor ni peor que la muy respetable opinión y criterio de mi colega neurólogo:

No coincido, le dije. Una posible trombosis cerebral la mayoría de las veces he observado que se anuncia por una debilidad muscular de la mitad del cuerpo con dificultad para hablar y para caminar que no hubo en tu caso.

Las «estrellitas» (fosfenos) las he vivido personalmente infinidad de veces en mis partidos de futbol. Pueden presentarse al cabecear los duros, pesados y corrientes balones de futbol y dudo que exista alguna persona que no haya visto estrellitas en diferentes circunstancias, sobre todo después de contraer matrimonio. «Pa´cabarla» de amolar, me casé en Torreón y esas estrellitas me siguen.

Las «moscas volantes» (miodenopsias) las he vivido infinidad de veces en estados de estrés físico y emocional, bajo deshidratación actual y, ciertamente, son más frecuentes en personas de avanzada edad, seguramente porque los párpados, como limpiaparabrisas ya avejentados, ya no arrasan con las lágrimas adheridas al globo ocular.

Por todo lo anterior, creo que tu problema se debió a la asoleada temporada futbolera y no veo motivo para dejar de jugar futbol. Tú decides en quién confías: en el neurólogo, en mí como médico internista deportista y amigo, o en ti.

Apenas el sábado pasado, fuimos contrincantes en una asoleada tarde. Mi desahuciado paciente cual «ladilla perruna» se fusiló los dos tiempos a ritmo de siete pulmones como «carrilero», ya por la derecha, ya por la izquierda. No está enfermo, y seguramente se fue de parranda sabatina.

Lea Yatrogenia: www.kiskesabe.com

 
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