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  Edición 626
  Urgente reconciliarnos con la naturaleza
 
Gerardo Moscoso
   
  La Revolución humana permanente, lejos de constituir un ideal remoto, se va convirtiendo hoy en una precondición para la práctica de los principios ecológicos.

El cambio radical de unas estructuras sociales que causan graves desequilibrios en el medio ambiente y están desarticulando la pirámide vital, que sustentó a la humanidad durante milenios, no puede contemplarse como una halagüeña posibilidad con la que podríamos tropezar de forma más o menos accidental, sino como la única alternativa de supervivencia aquí y ahora.

Desde un punto de vista ecológico, la reversión de la evolución orgánica resulta de insalvables contradicciones entre la ciudad y el campo, el Estado y la comunidad, el centralismo y el federalismo, la escala burocrática y la humana.

Nuestro sistema intenta resolver estas contradicciones con parches que vienen a suavizar la acción destructora del llamado progreso: grandes filtros depuradores para los gases tóxicos, para las aguas contaminadas de arsénico y otras sales pesadas, tranquilizantes y psicofármacos para el estrés y las perturbaciones mentales… pero los problemas planteados por las relaciones económico-sociales derivados del sistema neoliberal no pueden ser resueltos en el ámbito de una sociedad neocapitalista, de lo que se trata es de perturbarlo, de subvertirlo, de recrear un sistema social en armonía con el medio ambiente.

En su desenfrenada lucha por captar los nuevos mercados y beneficios, la democracia burguesa no ilustrada está dispuesta a hipotecar el destino de la Tierra a mediano y largo plazo, mientras que los beneficios sean inmediatos. Cubiertos bajo la teoría de que «la técnica del futuro resolverá los problemas del futuro», contaminamos los mares y los ríos con residuos radioactivos, destrozamos nuestro sistema nervioso en las grandes ciudades, envenenamos el aire y las aguas y hacemos que el planeta, que es la casa de todos los seres vivos, sea cada vez menos habitable.

Así pues, el primer objetivo de un programa y proyecto ecologista ha de ser la lucha contra la ignorancia, la avaricia y la estupidez del ser humano y la reconciliación de éste con su medio natural. Basta de paliativos. La revolución humana ecologista pasa por la destrucción del actual estado de cosas. No tenemos otra salida.

 
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