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  Edición 648
  Los congresos locales continúan como camarillas de confabulación
 
Juan Antonio García Villa
   
  Hace poco más de medio siglo, hacia finales de los años 60, por increíble que parezca, en ningún congreso local había un solo diputado de oposición. Absolutamente todos eran priistas. Pero como gran acontecimiento sucedió entonces que en dos distritos con cabecera en la ciudad de Mérida, a pesar de las intentonas de fraude, resultaron electos dos diputados postulados por Acción Nacional.

Para el talante de los gobernadores del PRI de la época, no muy diferente al que tienen varios de los que aún quedan de ese partido, la presencia —y la voz, argumentos y crítica— del par de legisladores panistas de los años 60 resultó algo sencillamente insoportable para el sátrapa yucateco en turno.

No tardó mucho tiempo en que el gobernador, al más puro estilo romano, extendiera el brazo derecho y girara la mano con el dedo pulgar hacia abajo. Fue suficiente para que sus peones de estribo en el Congreso entendieran el sentido de la orden. Procedieron a destituir al diputado panista Mauro León Herrera. Aún recuerdo perfectamente el nombre de este héroe cívico.

Pues algo no muy diferente, con sus variantes, acaba de suceder en la otra península mexicana, en Baja California Sur. Ocurrió el acontecimiento en la madrugada del sábado al domingo 23 de agosto. Sí, en la madrugada, la clásica hora de los atracos y de los grandes shows. Por eso precisamente se trata de un atraco con tintes de espectáculo. De lamentable espectáculo político.

El problema de fondo es numérico. Resulta que el Congreso de BCS se integra por 21 diputados. De éstos, trece son de Morena y su aliado el PT. La minoría parlamentaria cuenta con ocho asientos y la siguiente distribución por partidos: tres del PES, dos de Acción Nacional y uno por cada uno de los partidos Humanista, PRI y PRD.

Morena y PT tienen pues sobrada mayoría absoluta, pero no mayoría calificada de las dos terceras partes, que serían catorce diputados, número que se requiere para decisiones políticas importantes, en particular —que es su propósito— para enfrentar al gobernador, que no es de Morena.

La mayoría numérica diseñó al efecto una estrategia para consolidar su dominio. La inició con el intento de apoderarse del control total del Congreso. La puso en marcha en sesión, privada por cierto, efectuada el 6 de marzo pasado en que pretendió llevar a cabo cambios en áreas —en particular la financiera— y comisiones del Poder Legislativo. Modificaciones que de acuerdo con la ley reglamentaria del Congreso requieren mayoría calificada, requisito que se pretendió pasar por alto, y que no permitió la presidenta de la mesa directiva, por faltar el voto de un diputado para que tales modificaciones pudieran darse por aprobadas y decidió, conforme a sus facultades, dar por suspendida la sesión.

Desatado el conflicto, vino a continuación un impasse. La suspensión fue desconocida por Morena, que convocó a sesionar el 17 de marzo con la sola participación de sus 13 diputados y nombró nueva presidenta de la mesa directiva. Todo esto naturalmente al margen de la ley. En esa sesión la mayoría inició juicio político contra los ocho diputados integrantes de la oposición de la minoría, proceso que se tuvo que suspender por el inicio de la pandemia de COVID-19, a pesar de lo cual convocaron a otra sesión el día 27 del mismo mes. Pero para entonces el conflicto ya había escalado, por la existencia de dos mesas directivas, una de Morena y la otra, la legítima, de la minoría parlamentaria.

En el ínter, los ocho diputados opositores a la mayoría numérica (que no de razón) presentaron una demanda de amparo ante el juzgado segundo de distrito de BCS, cuyo juez les otorgó —el 14 de agosto— la suspensión provisional para que no se dictara resolución definitiva contra ellos. Pero en desacato a esta medida, el Congreso de Morena destituyó a cinco diputados y amonestó a tres. Curiosamente, por cierto, de los ocho legisladores sancionados, seis son mujeres y dos son hombres. Como se podrá observar, en medio siglo las cosas no han cambiado mucho en el ámbito de los congresos locales, antes rehenes de los gobernadores y ahora hasta de abusivas mayorías parlamentarias.

 
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