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  Edición 648
  Hacia la nada
 
Jaime Torres Mendoza
   
  El imprescindible Octavio Paz, dada su capacidad para mirar profundamente muchos acontecimientos de la vida de la nación, nos ilumina en Posdata con la siguiente consideración que hoy cobra particular relevancia. Dice en ese pequeño volumen que las crisis políticas son en realidad la expresión de verdaderas crisis morales.

En efecto, digo yo ahora para seguir en el mismo tenor, una sociedad se descompone en su sistema de valores, en su axiología, cuando el comportamiento de su clase dirigente, de sus instituciones o, incluso, de la colectividad que la constituye, ha dejado de considerar al ser humano como un ente de unidad que debe ser preservado por encima de cualquier cosa que pudiera poner en riesgo su integridad.

En una sociedad que ha entrado en un proceso de crisis, como la nuestra, digamos, es inevitable que las ideas se transformen en fórmulas de fácil asimilación destinadas, primero, a halagar el oído de los destinatarios. Sin embargo, cumplida la misión, esas fórmulas se transforman en antifaces que desfiguran la realidad y esconden, por lo tanto, su verdadera noción.

Eso ocurre porque —sigo a Octavio Paz— al florecimiento de toda esa crisis corresponde un florecimiento verbal convertido en oratoria, demagogia, discurso vacuo, retórica, que desemboca siempre en el engaño.

Y sí, eso es lo que pasa en estos días, en que esos cuatro señalamientos, se han convertido en los géneros verbales predilectos de los políticos para enmascarar sus verdaderas intenciones traducidas en metas de interés personal, nunca público, aunque sea fácil desentrañarlas siguiendo los derroteros de su actuación.

Pero esos cuatro señalamientos que configuran el florilegio de los discursos, son apenas flores de plástico, de cartón mal aglomerado. Es decir, son falsas flores que se quieren pasar como si fueran genuina naturaleza.

Al lado de esos discursos de florido, y a veces también conmovedora sensiblería, se propaga como otra pandemia que infecta a quien se le pone enfrente, una sintaxis bárbara que denota una descomposición inocultable. Y de toda esa falsedad tenemos evidencia en las conferencias mañaneras del presidente, en los informes cotidianos del subsecretario de salud, que funciona como secretario porque al jefe no se le ve nunca (deberían haberlo cesado ya) en torno a la situación que guarda la contingencia sanitaria.

Pero también tenemos evidencia en el decir y el hacer del coro de ángeles de MORENA que le entona melodías celestiales al que manda desde palacio nacional. Flores de papel que se reducen a ceniza al primer contacto con el calor de la verdad.

Qué pena. Porque esa diaria deshonra de la palabra a través de lo anteriormente señalado y aceptada a ciegas, es decir, sin crítica de por medio por gente aletargada, satisfecha por el mucho comer, por el mucho beber, por la urgencia animal, instintiva, de darle satisfacción a lo inmediato con la beca, con la ayudita para los pobres, de unas políticas públicas de corte asistencial que terminan por corromper las voluntades de quienes se han hecho acreedores de las migajas que la mano santa del político en turno ha dejado caer al suelo para que todos se hagan bola y se peleen por un granito de azúcar que endulce la amargura de una vida vivida en la más absoluta de las mediocridades.

Cuando una sociedad se corrompe —me sigue acompañando la sabiduría de Octavio Paz— lo primero que se gangrena es el lenguaje; se enferma y pierde su sentido de ser el soporte del pensamiento y el vehículo adecuado en que el ser humano soporta su capacidad para simbolizar su entorno.

Si en una sociedad en crisis tenemos un lenguaje que ha perdido su sentido porque a no comunica, porque ya no simboliza, porque a no es capaz de soportar el pensamiento humano, ¿a qué hora un individuo puede acometer la crítica de su sociedad? En una sociedad donde el lenguaje es un sistema de signos sin contenido, ¿cómo le hace un sujeto para que la formación de su conciencia le indique el rumbo exacto hacia donde debe dirigir sus pasos para enfrentar con la razón los problemas que le afectan?

Para restaurar la crisis moral de una sociedad, decía Octavio Paz, primero hay que restablecer el lenguaje, devolverle a la palabra su significado preciso, justo. Dejarla que cumpla la función que debe su naturaleza le exige dentro del sistema de la lengua.

Por eso Octavio Paz no aceptaba bien la poesía de Neruda, o de Sabines; una por estar al servicio de las ideologías, y la otra de la cursilería. Por eso la obra poética de Paz basa su solidez en el lenguaje preciso, contundente y claro donde su significado es justo; nunca ambiguo.

Ya sé que el presidente ni el coro celestial morenista que lo acompaña, no se acercan a la estatura intelectual del Nobel mexicano, pero no por eso debiera pasarnos por alto el lenguaje corrompido con que se comunican con la comunidad sometida y a la que se le exige sumisión total al sumarla a la orquesta de voces que cantan laudes al pequeño dios local.

Es un crimen de orden político que desemboca en un crimen real. Si el lenguaje de las estrellas que gobiernan carece de sentido, entonces todo está bien. Por eso el presidente director y la compañía coral que se deja dirigir en el escenario de luces y destellos cegadores, jamás podrán ver el país que se cae a pedazos cada vez que un ser humano muere por efecto del coronavirus y un sistema de salud en ruinas no pudo ni siquiera hacer el esfuerzo de rescatarlo de la enfermedad. El país sucumbe en las estadísticas de cada día en que se enumeran las cifras de la violencia. El país se va a pique y nadie puede, ni quiere, detener su naufragio, cuando la economía retrocede y aumenta el nivel de incertidumbre.

Tengo amigos cercanos muertos por el coronavirus, conozco las cifras de todos los días proporcionadas por la prensa en torno a los muertos originados por la violencia, a diario tocan a la puerta de mi casa gentes que solicitan apoyos con urgencia.

Hace falta cambiar la orientación de los discursos para mirar con objetividad lo que nos pasa hoy en este país. De no ser así, el presidente y su coro, continuarán viendo un país que va por buen rumbo hacia una transformación que deberá situarlo ¿dónde?...

 
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