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  Edición 647
  La guerra de las vacunas…
 
Carlos Aguilar
   
  La vacuna contra la COVID-19 en el mundo se convirtió en una lucha mediática que lejos de ofrecer una verdadera esperanza a la población mundial, hoy significa no sólo la oportunidad de poder político y económico en el futuro, sino un verdadero acto de vanidad gubernamental de altas esferas político-financieras.

En las últimas tres semanas, los titulares en medios del mundo generan al menos de una a tres notas por semana sobre los avances de investigaciones sobre la vacuna contra el coronavirus en medio de un entorno en el que las estadísticas en el planeta señalan más de 22 millones de personas contagiadas y casi el millón de muertos por el virus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó el 7 de agosto que al menos seis candidatas a vacunas se encuentran en fase tres, previa a la aprobación, de acuerdo con la misma OMS, que mencionó a países como Reino Unido, Estados Unidos, Rusia, China, Brasil y Alemania.

Recientemente la India confirmó su búsqueda de una dosis inmunitaria, que ya ingresó a la carrera de los millonarios de la vacuna. Para Argentina y México, hay que conformarse con la promesa de sus gobiernos de comprar a AstraZeneca y Fundación Slim la producción de la vacuna inglesa-norteamericana financiada principalmente por el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, y el presidente Donald Trump de los Estados Unidos.

No era difícil anticipar e incluso entender que el presidente de México tendría que someterse a esa posibilidad por su marcada sumisión al gobierno estadounidense y a los caprichos de sus asociados comerciales de ambos lados de la frontera, incluidos el magnate Carlos Slim.

Sin embargo, en acto desesperado para desacelerar la caída libre de su popularidad, López Obrador afirmó chacoteramente, que estaría dispuesto a aplicarse la vacuna rusa, si ésta funcionara, como si esa actitud garantizara que los mexicanos se la aplicarían y salvarían sus vidas, una muestra más del egocentrismo y la vanidad política de un gobernante en la decadencia de un proyecto político que nunca funcionó para mejorar un país quebrado.

Los rusos sorprendieron al mundo el 11 de agosto, después de que su presidente Vladimir Putin, confirmó que la vacuna Sputnik V había sido registrada y que a pesar de no concluir totalmente la fase 3, había mostrado resultados altamente positivos y muy pocas reacciones colaterales, incluso, Putin se la ganó a López Obrador y aseguró que su propia hija se había aplicado la dosis sin problemas, y que su sistema inmunológico rechazó el virus en primera instancia.

Tras el anuncio de los rusos, los norteamericanos con la OMS hoy sometida a Donald Trump para que no le cancele el financiamiento, se encargaron en una campaña mundial que incluyó al pobremente célebre doctor Gatell —marioneta política de la cuarta transformación—, para desvirtuar el esfuerzo y logro de los rusos que, por cierto, comienzan la vacunación masiva y voluntaria en su país a finales de este mes de agosto y principios de septiembre.

Los americanos reaccionaron pronto y anunciaron que las investigaciones de AstraZeneca y la Moderna registraban muchos adelantos y mandaron al presidente de México para que dijera que en nuestro país podría iniciar la producción de las vacunas en noviembre.

Los chinos reaccionaron el 17 de agosto y establecieron que su vacuna muestra mayor efectividad y que se puede elaborar rápidamente y en forma masiva, incluso ya vacunaron a una buena parte de su ejército militar.

La lucha seguramente pronto llegará a su fin y nuevamente el humilde escribiente, como estableció hace un par de meses en esta colaboración, considera que la vacuna estará disponible en nuestro país para finales de noviembre.

Sin embargo, para terminar de reprobar la prueba para gobernados y gobernantes en el mundo, pues hay que reconocer que ninguno de los seis países mencionados por la OMS fue capaz de unir esfuerzos, recursos humanos y económicos para salvar la vida de miles de personas, para evitar que millones de personas perdieran sus trabajos y patrimonios y sobre todo para evitar la muerte de casi un millón de seres humanos.

 
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