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  Edición 647
  Antonio Gramsci y su legado
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer.

Y en ese claroscuro surgen los monstruos».

Antonio Gramsci

Fue a finales del mes de abril que un colega y amigo de trabajo me recordó que era el día en que Gramsci había fallecido —27 de abril de 1937—. Considero que los escritos de filósofos y políticos como Antonio Gramsci, hoy más que nunca, deben ser retomados. Hoy, cuando los partidos políticos se ven desdibujados y no tienen nada que ofrecer, cuando la presidencia de la república, también desdibujada, ha tenido más errores que aciertos.

Es momento, como parte de nuestra evolución democrática, hacer uso de otros medios, como la cultura desde la sociedad civil para generar cambios que anhelamos desde hace más de 25 años. Nacido en una provincia de Cagliari en Cerdeña, en el año de 1891, Gramsci es considerado como el más grande pensador marxista que se haya dedicado al estudio del papel de la cultura y de sus creadores, los intelectuales, en la vida económica y política.

Desde su confinamiento en la cárcel produjo la mayor parte de su obra, y la más importante. Fue en ese tiempo cuando afirmaba que sus estudios no pretendían ser de carácter sociológico, sino, precisamente culturales e históricos. Creo que ningún otro estudioso, de ninguna tendencia filosófica o ideológica ha aportado, lo que Gramsci hizo a la comprensión del rol que la cultura y los intelectuales, desempeñan en la vida social en todos los aspectos del mundo moderno. Fue el único entre los marxistas que se ocupó de este tema, y lo fue porque, entre los que estudiaron estos fenómenos, ninguno llegó a los hallazgos que él logró.

A este punto ¿Qué son los Intelectuales? y ¿quiénes son los intelectuales orgánicos? Para Gramsci, todos los hombres son intelectuales, sosteniendo que «no hay actividad del hombre donde se pueda excluir la intervención intelectual». En ese sentido es intelectual un filósofo, un artista, un obrero, un trabajador manual, un maestro, un político… Por otro lado, son intelectuales orgánicos el grupo social más amplio, inclusive que el sector específicamente cultural. Son aquellos que intervienen en la formulación de políticas públicas del estado. Para Gramsci, los expertos y los funcionarios también lo son, ya que participan en el grupo dominante.

Aunque desde hace algún tiempo se ha vuelto peyorativo hablar del intelectual orgánico, ya que lo confunden como sinónimo de intelectual oficial al régimen, vale la pena esta aclaración. Inclusive, un intelectual orgánico hace críticas y razonamientos en contra del sistema, dentro del sistema.

Gramsci jamás creyó en los determinismos económicos ni materialistas, para él «el mundo es el escenario de la vida social, en el que los hombres, con todas sus capacidades intelectuales, sus energías naturales, actúan y crean su vida en sociedad. Los hombres, al actuar en el mundo, crean la cultura, que es la obra humana en la realidad natural. Pueden destruirlo todo, es posible; pero incluso eso es obra suya y no hay fuerzas ocultas en la naturaleza que lo obliguen a hacer lo que no quiere o él mismo no decide».

Es entonces que para Gramsci, las fuerzas productivas de la sociedad —que convirtieron en fetiche mucha gente de izquierda— no son solo fuerzas ciegas de la naturaleza, sino más bien inteligencia aplicada, pensamiento organizado y voluntad de querer cambiar la realidad. Mientras el hombre exista, el pensamiento será parte indisoluble de la realidad. El pensamiento es fuerza motriz del materialismo. El empirismo que opera ciegamente es un sinsentido.

Así que, dicho sea de paso, nos falta mucho por conocer a nuestro país, a nuestro entorno, nos faltan instrumentos adecuados, por ello es que somos incapaces de hacer predicciones, de orientarnos y de establecer líneas de acción que puedan ser correctas. Este problema es demasiado añejo, por ello considero, como imperiosa necesidad, ver la vida real, no desde el púlpito ni detrás de un escritorio, profundizarla, sin aflojar nunca, mantener la mirada fija en los problemas sin distraerse.

 
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