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  Edición 646
  Gobiernos reprobados en test de COVID-19
 
Carlos Aguilar
   
  Falta de estrategia con limitaciones físicas y económicas son el común denominador en el mundo para concluir que el combate a la pandemia de coronavirus fue un fracaso y que las acciones implementadas no sirvieron para evitar miles de muertes.

Las cifras no mienten, casi 20 millones de personas infectadas en un período que no supera los 4 meses, después de que, en teoría, el virus inició su propagación en China; hoy el mundo registra casi 700 mil personas que murieron, más que en una guerra, en un temblor o en un tsunami.

Personas que murieron lentamente, algunos incluso sin recibir atención médica y sin siquiera saber que eran portadores del virus y que, por consecuencia, también con su muerte contagiaron a otros semejantes.

Hoy no hace falta ser especialista o científico para observar que la estrategia falló en cuanto a la aplicación de pruebas y sus resultados rápidos para evitar, sobre todo en individuos asintomáticos, que continúe la propagación del virus en forma indiscriminada.

Seguramente los gobiernos tienen la razón en cuanto a la falta de responsabilidad y civilidad de las personas, que como en casos de nuestro país, pues muchos no respetaron la mentada sana distancia y aprovecharon para realizar fiestas y reuniones con concentraciones considerables de personas que no usaban cubrebocas o que no respetaron los lineamentos de higiene básica.

Seguramente muchos de los casi 500 mil mexicanos y los también casi 50 mil ciudadanos que murieron en los últimos cuatro meses en nuestro país, fueron parte de esa comunidad que subestimó y no obedeció.

Pero en un verdadero honor a la verdad, hoy más de la mitad de los contagios en nuestro país y las muertes por el virus, se registra en personas que salen a trabajar todos los días, que regresaron después de la reactivación y que se arriesgaron para no perder el trabajo y sus ingresos.

La estrategia de las pruebas para esos trabajadores, totalmente iguales a los gobernantes, empresarios, deportistas y artistas, no fue la misma, y a esos ciudadanos: asalariados, burócratas, policías, bomberos, médicos, personal de salud, operarios, albañiles, dependientes del comercio, empleados de supermercados, en fin, todos aquellos que no pertenecen al segmento de poder, pues sí, para ellos no hay pruebas suficientes, ni tampoco efectivas y mucho menos rápidas.

Hoy el sistema mexicano, y coahuilense, de laboratorio público o privado, ya colapsó, no hay capacidad para procesar (24 a 72 horas) las pruebas que se hacen diariamente.

En laboratorios del gobierno federal y estatal, así como los privados y de hospitales particulares, el tiempo de cita promedio es de tres a cinco días, luego la entrega de los resultados va de los cinco a siete días, tiempo que, sumado, es suficiente para que una persona pueda morir incluso en su propia casa sin recibir siquiera atención médica.

Quienes tienen suerte de ser internados sus posibilidades tampoco son mayores, pues ya pasaron de 8 a 12 días sin diagnóstico y resultados que permitan recibir atención médica oportuna; es decir, llegan a terminar de morirse solos, intubados e inconscientes, vaya muerte dolorosa y miserable.

La calificación en la aplicación de las pruebas y test de COVID-19, es reprobatoria, el sistema de laboratorios para el procesamiento colapsó y ya no hay forma de revertirlo, en el mejor de los casos, tener dinero puede ser la diferencia, pero incluso eso, el dinero no puede comprar el tiempo, para superar un virus que es mortal.

Risorio y ofensivo el dato ofrecido por la pandilla de Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud del gobierno federal, al informar que en México se aplicaron un millón de pruebas durante la pandemia, dato que, de ser cierto, pues además demuestra que solo la mitad de los que se la aplicaron lograron sobrevivir, en términos de calificación escolar, entonces, el gobierno está reprobado y con miles de muertos y sus pruebas no sirvieron siquiera para ofrecer una atención digna para cualquier ser humano.

 
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