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  Edición 646
  Treinta años sin nada ni a nadie a quien encontrar
 
Marcos Durán
   
  Edwin Hubble tenía un sueño: ser astrónomo. Su padre por su parte, pensaba que se trataba de una idea ridícula y lo persuadió para que se inscribiera en la escuela de Derecho de la Universidad de Oxford. Pero a la muerte de su padre, Hubble volvió por su sueño y estudió astronomía en la Universidad de Chicago donde se doctoró en este campo.

Hubble se subió a los hombros de gigantes como Ptolomeo, Tales de Mileto, Copérnico, Kepler, Galileo y Newton, y lo hizo con un solo propósito: llegar a ver más lejos y confirmar que jamás fuimos, no somos y tampoco seremos el centro del universo. Galileo ya nos había sacado de ese gran error, pero fue Hubble quien nos mostró un cosmos infinito y quien realizó un hallazgo dramático: existen galaxias fuera de la nuestra, la Vía Láctea.

La astronomía moderna asegura que existen más de 100 mil millones de ellas y, en 1925, Hubble confirmó que Andrómeda es la más cercana a nosotros; apenas 2.5 millones de años luz de nuestro planeta. Para darnos una idea de estas distancias, el objeto humano que más lejos ha llegado, la sonda especial Voyager I, salió de la Tierra en 1977 y ha recorrido en 38 años, una distancia de cerca de 18 mil 200 millones de kilómetros y se sigue alejando a razón de 525 millones de kilómetros al año, esto equivale a una velocidad de 17 km por segundo; aunque en todo ese tiempo, la sonda Voyager I apenas alcanzó a salir de nuestro sistema solar.

Es también Edwin Hubble a quien se atribuye el descubrimiento astronómico más importante del siglo pasado: la confirmación de que el universo está en constante expansión. Esto provocó un cambio en la forma en que lo observamos y llevó a los científicos a calcular que hace alrededor de 13 mil 800 millones de años, el Big Bang dio origen a todo. El propio Albert Einstein llamó al descubrimiento de Hubble como su peor error, pues en un principio creía que el universo estaba estático, lo que lo llevó a modificar su Teoría General de la Relatividad.

Hace unos meses, se celebraron los primeros 30 años del lanzamiento del Telescopio Espacial Hubble, nombrado así en honor del gran astrónomo. Volando a unos 547 kilómetros sobre la Tierra, el telescopio nos orbita cada 97 minutos, y en el cuarto de siglo que ha estado en funcionamiento tiene unas estadísticas impresionantes. El Hubble ha viajado 3 mil 400 millones de millas, orbitando la Tierra cerca de 137 mil veces y haciendo más de 1.2 millones de observaciones de más de 38 mil objetos celestes; fotografiando algunas de las galaxias más lejanas y más antiguas jamás vistas por la Humanidad.

Se trata de galaxias primitivas, algunas de ellas con más de 13 mil millones de años. El Hubble demostró la existencia de agujeros negros supermasivos y encontró que están ubicados en el centro de la mayoría de las galaxias. El telescopio ayudó a establecer la edad del universo mediante la determinación de su tasa actual de expansión; y es gracias a él, que los astrónomos ahora saben que la expansión cósmica se está acelerando debido a la misteriosa energía oscura.

De la información obtenida del Hubble, los astrónomos han podido publicar 12 mil 800 artículos científicos y algunas de las investigaciones sobre las supernovas, o estrellas en explosión, y la propia expansión del universo comprobada por el telescopio contribuyó a la obtención de varios Premios Nobel de Física.

Pero existe un dato poco publicitado de sus aportaciones: en 30 años de constante investigación astronómica, no se ha encontrado ningún tipo de vida fuera de este planeta. Cientos de miles de observaciones y fotografías de otros cientos de galaxias y miles de millones de planetas existentes y no se ha encontrado nada de nada, ni siquiera un eco, tampoco una imagen o figura sospechosa.

Ninguna prueba se ha podido acreditar de que existe o existió vida en algún sitio fuera de este planeta. Ni un avistamiento de que en algún lugar del universo la vida evolucionó y existen civilizaciones avanzadas; en ningún lado. Silencio y oscuridad han sido todo. Estamos solos en la inmensidad del cosmos y, basados en la evidencia científica disponible, si no hemos observado o encontrado nada es por una razón muy sencilla: No hay nada ni a nadie a quien encontrar.

 
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