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  Edición 645
  Hugo López-Gatell, mentiras y confusión: salud politizada
 
Carlos Aguilar
   
  El Gobierno Federal y el presidente de México, desesperados por la dramática caída de popularidad debida a sus equivocadas estrategias de control y combate de la pandemia, aprovecharon la ingenuidad, rencor y falta de inteligencia política de un personaje que, de facto, sabían les serviría y después se podrían deshacer de él: Hugo López-Gatell, un hombre capaz de mentir mucho más incluso que el propio presidente. «Científico» de medio pelo enojado con el sistema y con la vida.

El subsecretario de Salud tardó al menos 10 años para obtener un puesto directivo de nivel en su carrera burocrática. Nunca trabajó en hospitales, aunque colaboró en estudios de universidades nacionales e internacionales.

Su regular trayectoria y, sobre todo, su capacidad histriónica casi natural, permitieron que el presidente lo eligiera como vocero nacional de la pandemia, incluso por encima del propio secretario de Salud, Jorge Alcocer, que prefirió mantenerse al margen de lo que seguramente anticipó como un fracaso de la política pública federal.

Alcocer no sería el primer miembro del gabinete en abstenerse de participar en las políticas públicas de López Obrador, tal vez por eso en esta pandemia ni el director del recién creado Instituto Nacional de la Salud (Insabi) aparece con el gabinete de Salud que enfrenta la situación.

Pero los errores, declaraciones y acciones polémicas de López-Gatell son dignas de enumerarse como ejercicio de lo que no se debe hacer en el sector público o privado.

Al inicio de la pandemia, sobre la peligrosidad de las giras presidenciales, López-Gatell respondió: «La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio. En términos de una persona, de un individuo, el presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que usted o yo”.

Después dijo que no era indispensable usar el cubrebocas, pues no era garantía para evitar contagios, situación diferente en el mundo. Hay países donde su uso es obligatorio.

Luego desestimó las declaraciones de un especialista de Harvard y descalificó los conceptos sobre la evaluación del doctorado extranjero en epidemiología que criticó la estrategia de salud y la información vertida a diario en los informes.

En una comparecencia ante senadores realizó comentarios que fueron considerados por una legisladora como ofensivos y sin respeto, situación que después recompuso con una disculpa, más a fuerza que por gusto.

Sus desencuentros con gobernadores incluyen una diferencia radical por el manejo y estrategias de la gobernadora de la Ciudad de México, que a pesar de su misma corriente política generaron un distanciamiento evidente.

Las críticas y el encono con el comunicador Javier Alatorre, con o sin razón, lo llevó fácilmente a perder la paciencia y la cordura en una de sus conferencias de prensa.

Con gran simpleza y sin desparpajo político reconoció que la mentada curva de contagio ya era una cordillera que subía y bajaba a pesar de su estrategia del plan centinela que hoy coloca a México en el top cinco mundial de número de muertos, tasa de mortalidad y contagios.

La última puntada de don Hugo, fue celebrar que al menos tres investigaciones de vacunas en el mundo registran avances, cuando antes en al menos cinco ocasiones, rechazaba hablar del tema y sostenía que el periodo para encontrar una vacuna era de 12 a 18 meses, sin recordar y reconocer que para la vacuna del AH1N1, el tiempo que transcurrió fue de ocho a nueve meses.

Con estos antecedentes sobre el segundo al mando, al parecer, de la secretaria de Salud del gobierno Federal, surge una pregunta: ¿usted acudiría a recibir una consulta o atención médica de este personaje?; el humilde escribiente responde a la pregunta; no, mejor acudía a una farmacia popular y similar para gastar menos y engañarme poco.

López-Gatell es sin duda uno de los fracasos de la pandemia y al mismo tiempo el mejor aprendizaje para el sector público y privado porque su desempeño deja como lección lo que no se debe hacer y lo que no se debe declarar.

 
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