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  Edición 645
  México herido y confundido
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  El país de nuestros abuelos, el México idealista de nuestros padres, no existe. Hoy vive un México sin sentido, nosotros como colectividad no sabemos el rumbo de nuestros pasos. Situaciones como las recesiones económicas, pero sobre todo la violencia que vivimos día a día y que parece no tener fin, nos lleva a una desorientación complementada por la fragmentación del tejido social.

Los gobiernos actuales —tanto en el espectro local como nacional— nos han llevado a una desintegración, donde resulta difícil ver convicciones generalizadas; nuestro país vive de metas inciertas. Los individuos y la sociedad ya no tienen ideales.

Las utopías construidas por los políticos con eslóganes se han convertido solamente en medios para llegar al poder, eso también ha alimentado la descomposición, la frustración y el desánimo nacional.

La lucha contra el crimen organizado sin cuartel del gobierno de Felipe Calderón («el presidente del empleo») demostró que fue muy alejada de la realidad de los mexicanos. Su discurso para muchos parecía ser muy loable, sin embargo, los llamados «daños colaterales» fueron tantos que destruyeron más a la sociedad que el combate del crimen con armas.

La alternancia en el poder le dio la batuta al Partido Revolucionario Institucional y poco cambió, comenzando con un Pacto por México amañado hasta el hoy sonado caso Odebrecht, que llegó en niveles de corrupción a todas las cúpulas de los distintos partidos políticos y también a niveles locales y regionales.

El gobierno entrante suponía que iba destinar más presupuesto a la política social para ayudar a construir un tejido social que cohesionara y que nos diera identidad nacional, y que los demás partidos, abandonaron.

Sin embargo, con un respaldo popular apabullante, el gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador ha dejado mucho que desear. Ciertamente muchas de las noticias tienen carácter tendencioso, pero también la realidad obliga.

Todavía no vamos a la mitad del camino; hacer análisis comparativos, ciertamente carece de objetividad y la realidad de hoy es muy distinta a la anterior (pandemia, déficit económico mundial, caída del petróleo…)

Fuera de ello —y complementándolo también— considero que el gobierno de AMLO debe plantearse políticas orientadas a construir mejores expectativas de vida, a fortalecer los vínculos sociales y valores, a generar confianza en las instituciones públicas, en los partidos, en los políticos y que a nosotros como sociedad nos haga más humanos, más solidarios y que nos haga detenernos un poco a plantearnos como personas, como ciudadanos y como sociedad, ¿quiénes somos? y ¿qué queremos ser?

 
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