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  Edición 645
  El día de Pi
 
Marcos Durán
   
  La verdad no siempre es lo que parece. El sentido común nos engaña todo el tiempo. A lo largo de la historia, la ciencia ha eliminado creencias profundamente aceptadas acerca de nosotros como especie, del mundo que nos rodea y del Universo que contemplamos. Piense que por miles de años, los humanos asumimos que la Tierra era plana, que éramos el centro del Universo y que el Sol giraba alrededor nuestro: nos lo decía el sentido común.

Tolomeo, uno de los personajes más importantes en Astronomía, afirmaba que la Tierra estaba inmóvil y que estábamos justo en el centro del Universo. Estas teorías y explicaciones astronómicas perduraron y dominaron al mundo por más de mil 400 años, hasta el Siglo XVI, cuando Galileo derrumbó ese mito, un hecho que, por cierto, casi le cuesta la vida.

Lo mismo sucedía con la teoría evolutiva aceptada hasta hace apenas 150 años. No hubo Adán y Eva; los humanos descendemos de los monos. Eso cambió todo y le dolió a muchos, pero es verdad. Incluso cuando Darwin presentó su «Teoría de la Evolución por Medio de la Selección Natural», el biólogo británico Thomas Huxley exclamó: «¿Cómo fui tan extremadamente estúpido, por no haber pensado antes en eso?».

Pero a pesar de esto, seguimos viendo el mundo con ideas preconcebidas y prejuicios que nos han sido transmitidos por generaciones. Pocas veces pensamos con lógica y continuamos viendo patrones en donde no existen y asumiendo como ciertas cosas que no lo son. Atribuimos causas a la casualidad y a las coincidencias y con frecuencia utilizamos la frase: «Usa tu sentido común», como si éste fuera una cualidad admirable, inobjetable e infalible. Un sentido con el cual se debe escudriñar todo el mundo frente a nosotros.

Pero el sentido común nos engaña todo el tiempo. Hoy muchos creen que la salud de la gente mejora después de rezar y no como consecuencia del tratamiento y la destreza de los médicos. Y es que los seres humanos somos pésimos para percibir la realidad objetiva. Observamos y aceptamos o damos como cierta la realidad que nos venden, o la que queremos o nos conviene ver. Albert Einstein dijo que «la realidad no es otra cosa que la capacidad que tienen de engañarse nuestros sentidos; un depósito de prejuicios en la mente, eso es el sentido común».

Recordemos que es muy distinto ser una persona práctica y experimentada, pero no por eso podemos dejar todo en manos de la experiencia, la práctica y el sentido común. Usted va a encontrar a lo largo de su vida a mucha gente que cree que sin el sentido común resulta imposible triunfar. Pero el sentido común no es un sentido real, si definimos el sentido como un juicio sano, porque basarse únicamente en la experiencia, no suele ofrecer información para sacar conclusiones fiables.

Pero para eso es exactamente para lo que sirve la ciencia: para dejar de lado los prejuicios y es ahí cuando la ciencia que conoce de la falibilidad humana, reconoce al conocimiento científico como el único medio confiable para dilucidar lo que es, de lo que no. Lo hace porque antes puso a prueba las ideas a través de experimentos y de la observación. Aceptó las ideas validadas y rechazó las refutadas; y por último, siguió las pruebas hasta donde lo llevaron cuestionándolo todo antes de llegar a una conclusión.

El pasado 22 de julio, se celebró el día de Pi (?), una de las constantes matemáticas más antiguas y reconocidas del mundo. Pi es la relación entre la circunferencia de cualquier círculo y su diámetro. Su valor es aproximadamente igual a 3.14159265 y a menos que sea un matemático o científico, probablemente usted no se encuentre con Pi muy a menudo, pero es esencial para los cálculos en matemáticas, ingeniería, construcción, física y exploración espacial.

El día de Pi (?) tiene como objetivo promover la ciencia cuyo objetivo es solo uno: escudriñar, desnudar y encontrar la realidad objetiva. Encontrar la verdad acerca del mundo que habitamos y del Universo que nos rodea. Lo hace en forma independiente de nuestra acción cognitiva que nos lleva a afirmar nuestras creencias. Lo que persigue la ciencia es la adquisición del conocimiento, y tras de eso viene la verdad, y créame, la verdad duele.

Por eso, no lo deje todo al sentido común, porque esa es precisamente la primera falta de sentido común.

 
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