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  Edición 643
  El perfil de un político; el deber ser
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Toda sociedad es necesaria. «Todo Estado es una asociación, y toda asociación no se forma sino en vista de algún bien, puesto que los hombres, cualesquiera que ellos sean, nunca hacen nada sino en vista de lo que les parece ser bueno», dijo Aristóteles en sus escritos sobre política, considerando que en esa época, existían distintas clases de seres humanos de acuerdo con su condición en la polis griega.

Hoy en día, las transiciones políticas no solo de partido político, sino de grupos de poder, además de pasar a lo meramente electoral, tienen repercusiones en cada uno de los individuos que integran una sociedad, en la economía, en la educación, en la cultura; inclusive en la ciencia y en la tecnología.

Si bien es cierto, una de las bondades de la democracia es la divergencia de ideas, también es importante saber que las democracias —sobretodo en el mundo actual—, se tienen sus riesgos, en donde particularmente han convertido a la democracia en el mero acto de votar, y se ha comprobado que por un lado existe un voto razonado y, por el otro, existe un voto lleno de sentimientos confusos en los que se encuentran incluidos la intimidación, sentido de pertenencia, temor, desilusión, o simple ignorancia… nadie hará por los mexicanos lo que ellos no hagan por sí mismos de manera organizada.

La sociedad civil es importante, toda sociedad es importante, aquella sociedad civil de la que hablaba Gramsci es importantísima hoy en día. Importante resulta hoy en día hablar de tópicos como pluralismo, sociedad, derecho y democracia. Puesto que muchos factores han mermado a la sociedad, a su intención del voto, a sus emociones y a su forma de votar, es necesario poner el dedo en instituciones tan primarias y tan esenciales como la familia en la construcción de la ciudadanía.

Pese a los esfuerzos —con balazos de escopeta— en nuestro país, existe un importante rezago en temas como la corrupción. En todo el país, la impunidad que se percibe, se incrementa cada vez más la incredulidad en las instituciones, el oficio de la política ya casi llega a ser sinónimo de nefasto.

La falta de visión histórica de que los partidos políticos solo piensen en lo inmediato contribuye a la desconfianza y al desprestigio; y también ha mellado en el optimismo de los mexicanos. Si no hay seguridad, si no hay confianza en las instituciones, si las expectativas para el futuro se vuelven difusas, difícilmente se logrará una democracia a la que debe aspirar cualquier político: igualitaria, económica, política, social y cultural.

¿Profesionalismo político y profesionalización de la política? Estas dos palabras se hacen confundir por sus coincidencias debido a sus frecuentes aplicaciones y al lenguaje cotidiano. Por ejemplo, decimos clase política, en relación únicamente con los que se ocupan de la organización política, quizá de acuerdo con cánones de profesionalidad —aunque legalmente no lo sea así—.

Podríamos definir al profesionalismo político como el proceso de profesionalización de la política, en el que convergen tanto el problema histórico de la diferenciación de una esfera política de la esfera social, en relación con la consolidación del modo de producción capitalista y como el problema más explorado de la participación política.

Podemos ver también, en los escritos de Max Weber, a la política como una profesión, y más bien, considerar a la política como un problema, en donde se debe de ver a la política como vocación. Aunque la política se constriñe —como deber ser— a todos los ciudadanos, se profesionaliza cuando se institucionaliza, y se monopoliza su poder y su administración de manera tradicional. Norberto Bobbio y Nicola Matteucci hablan en su Diccionario de Política sobre profesionalismo político. (Continuará…)

 
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