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  Edición 643
  Alan Turing y su máquina para pensar
 
Marcos Durán
   
  El científico inglés y pionero de la computación Alan Turing egresó como matemático de la Universidad de Cambridge y obtuvo su doctorado en Princeton, instituciones a las que marcó con sus ideas. Claramente adelantado a su tiempo, en 1950, cuando la computación estaba en sus albores y el término de inteligencia artificial aún no se acuñaba, Turing ya se hacía una pregunta: ¿Pueden pensar las máquinas? Este criptógrafo y filósofo nacido en la India, entonces colonia inglesa, trabajó en el Laboratorio Nacional de Física y diseñó el «Motor de Computación Automática», el primer programa de computadora.

Hace poco más de 50 años, Turing, de quien hace unos días se celebró el aniversario de su nacimiento en 1912, propuso una prueba que lleva su nombre para determinar si las máquinas eran capaces de pensar aplicando un método para medir la inteligencia de los aparatos a los cuales retaba a «imaginar». El Test de Turing consistía en juzgar si una persona podía distinguir la diferencia entre las respuestas de un ser humano y la máquina. Y a pesar de que la prueba fue un fracaso, fue la base de un enorme avance tecnológico, porque el sueño de Turing era que en un futuro cercano la inteligencia humana pudiera crear robots capaces de pensar, razonar e imaginar por sí mismos. Robots capaces de tener conciencia, pues como Alan Turing decía, «Una computadora puede ser llamada “inteligente” si logra engañar a una persona haciéndole creer que es un humano».

Alan Turing, una de las mentes más brillantes de la historia, anhelaba construir «una máquina para pensar», pues lo obsesionaba crear robots inteligentes mantenidos a perpetuidad, ya que la inevitable mortalidad del hombre limitaba la capacidad humana de explorar y migrar en largos viajes en una campaña que algún día será necesaria para expandirnos más allá del planeta. Pero este proceso nos ha tomado mucho tiempo. Los pronósticos de los creadores de la inteligencia artificial, hace casi 50 años, eran que para el año 2000 existieran robots que sustituyeran las funciones del ser humano más allá de las aplicaciones industriales y algunas labores del hogar. Del primero, los robots se utilizan en la manufactura hace poco más de 25 años. En el segundo, la robótica no ha pasado de aspirar alfombras, lavar pisos, albercas o que Siri marque por nosotros algún teléfono. Nada parecido a las películas de hace 30 años que para estas fechas pronosticaban avanzados robots que sustituían las funciones humanas elementales.

Pero las cosas pueden cambiar en menos de una generación. Las nuevas computadoras poseen gran capacidad de cálculo, reconocen objetos y traducen la voz en tiempo real, lo que hace pensar a los expertos en que la inteligencia artificial es finalmente inteligente. Esto ha motivado a los investigadores a tener esperanzas —algo muy alejado de la ciencia— para que finalmente, la inteligencia artificial deje las películas de ciencia ficción y transforme todo. Desde nuestras comunicaciones, pasando por la informática, la medicina, la industria manufacturera, el transporte y la prometedora impresión en tercera dimensión que en 15 años más podría reproducir tejidos nerviosos y órganos completos, hechos a la medida de cada paciente.

Es probable, que tras 200 mil años de evolución y predominio humano en la Tierra, las máquinas sean la siguiente especie que algún día gobierne, algo que al final puede no resultar tan grave. ¿O de verdad lo hemos hecho muy bien como para intentar seguir por el mismo camino? ¿No han sido nuestra hipocresía, egoísmo, odio, mentiras, envidia, ignorancia y en especial nuestro deseo de poder sin límites, los que han ocasionado guerras, hambrunas, muertes, pobreza, depredación y contaminación de nuestro planeta? ¿De verdad somos tan vanidosos y ciegos como para negar que hemos perdido la oportunidad y debemos dejar a otros —una máquina para pensar como la que hace más de 50 años propuso Alan Turing— que intenten hacerlo mejor que nosotros? No falta mucho para que las máquinas hagan el trabajo humano, lo que se vuelve urgente, pues hasta el momento, la inteligencia artificial ha sido derrotada con gran facilidad por la estupidez humana.

 
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