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  Edición 642
  Todos somos hijos de Pedro Páramo
 
Marcos Durán
   
  Como Juan Preciado que viaja a Comala, un pueblo arrasado por su padre y que ahora es un lugar olvidado y oscuro, en donde se escuchan murmullos por todas partes, ecos de voces del pasado, así un tanto atormentados en su plan de Pedro Páramo de sus respectivos pueblos que gobiernan con puño cerrado, hace algunas semanas se reunieron en Comala, los gobernadores de Colima, Durango, Nuevo León, Michoacán, Jalisco, Tamaulipas y Coahuila.

Como modernos latifundistas, se reunieron en la Hacienda de Nogueras para dar a conocer su plan logístico para salir de la crisis de salud provocada por la COVID-19. Pero estos modernos hacendados no llegaron a Comala como Juan Preciado, a pie, cruzando un desierto insondable con ventiscas llenas de tierra y miseria. Lo hicieron por medio de modernos aviones cargados de asesores y un staff de reporteros pudo dar puntual seguimiento a los «importantes» acuerdos, el más relevante de ellos fue pronunciarse en contra del semáforo epidemiológico presentado por el gobierno federal para la nueva etapa de atención del COVID-19, y anunciaron que aplicarán sus propias estrategias para la reanudación de las actividades económicas en sus entidades.

Fue la decimoprimera reunión interestatal en donde los gobernadores de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solís; Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón; Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca; Michoacán, Silvano Aureoles Cornejo; Durango, José Rosas Aispuro Torres; Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez; y Colima, José Ignacio Peralta Sánchez lanzaron un documento conjunto, rumiando y quejándose tal y como hacía Dolores Preciado, que Pedro Páramo había decidido de manera unilateral —algo que pensaban reservado solo para sus propias acciones— no los tomó en cuenta y que «la autoridad sanitaria federal incumplió el compromiso que hizo con los gobernadores para darles a conocer el semáforo previamente, antes de su publicación».

Pero a su llegada a la antigua Hacienda de la Media Luna, los esperaba una manifestación reclamando su presencia y el enorme despliegue de personal y derroche de recursos públicos utilizados para saciar la vanidad y ego, agraviados por la fuerza que han perdido ante un hacendado mayor, que con un modelo expansionista, utiliza su poder con la pobreza de sus propios gobernados e igual o peor que ellos, impone su superioridad, lo que no les ha hecho nada de gracia a nuestros caciques locales, que también como Pedro Páramo, mostraron su peor o único lado al despreciar a los manifestantes.

Esta nueva reunión, siguió a la del pasado 22 de mayo, organizada entonces en Parras, Coahuila, también tierra de caciques y dinosaurios que como Comala, se encuentra desolado y olvidado de sus viejas glorias.

Ahí en Parras, demandaron con vehemencia la revisión del pacto fiscal. «A Coahuila lo que le corresponde», diría Riquelme de Coahuila, tal y como lo hizo Doloritas, cuando le exigió a su hijo Juan Preciado ir a Comala en la búsqueda de su padre con un puntual recado: «No le pidas nada. Solo lo que es nuestro. Lo que debería haberme dado pero nunca hizo (...) Haz que pague, hijo, por todos esos años que nos sacó de su mente».

Pero cuando Juan Preciado llega, descubre que en Comala todo está desolado y escucha susurros, murmullos de fantasmas y de ecos del pasado. Así que el reclamo de su patrimonio no llega a ninguna parte pues ahí las cosas no son lo que parecen y empieza a pensar si él mismo puede estar muerto.

Quizás los siete gobernadores, al igual que nosotros, seguimos sin darnos cuenta de que al final, todos estamos atrapados en una caja de paredes porosas y que Pedro Páramo, un personaje esquivo que se atrevió a decir «Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre» nos gobierna a su antojo y que ahora solo hay espacio para un cacique, el mismo.

Así que cualquier reclamo, por más válido que sea, debe de venir de voces justas para que no se conviertan en murmullos que nadie quiere. Y quién sabe, quizás ahora a los gobernadores les ha llegado su turno y puedan encontrar el sentido a sus reclamos en la respuesta de Pedro Páramo ante el cadáver de su hijo Miguel, quien al verlo tendido sobre una sucia mesa, solo alcanzó a decir: «Estoy comenzando a pagar, más vale empezar temprano para terminar pronto».

 
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