Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Política Sociedad Reportaje Medios Luces y sombras Opinión Firmas  
 
 
  Edición 641
  Ausencia de Estado
 
Jaime Torres Mendoza
   
  La democracia nacida en Grecia, particularmente en Atenas, como relación social y de poder, nada tiene que ver con la democracia moderna. De su definición primera como poder del pueblo, no queda rastro. Hoy se prefiere la de gobierno de todos los ciudadanos, es decir, de los que gozan de los derechos ciudadanos.

Hoy, lo sabemos todos, la democracia tiene muchas claves comprensivas; todas indispensables, pues, si alguna de ellas falta —ciudadanos, sufragio, derechos, obligaciones, igualdad, libertad—, no tiene sentido hablar de democracia.

En efecto, una de esas claves es la promoción de libertad individual frente al Estado, manifiesta de manera concreta en libertades civiles —pertenecen al individuo— y políticas —a la colectividad, aunque siguen siendo individuales—. En una democracia ambas libertades se traducen en derechos inalienables reconocidos por el Estado.

Los derechos civiles son, entre otros: la libertad de pensamiento, que significa que el individuo puede expresar su opinión de manera libre, sin ser coaccionado por ninguna autoridad; libertad de religión, según convenga a su desarrollo espiritual; libertad de reunión, para intercambiar ideas; libertad de trabajo para ejercer lo que desee no lo que se pueda; libertad de tránsito para desplazarse sin que nadie se lo impida; libertad de elección para tomar la opción política que considere mejor para su sociedad.

Los derechos políticos también son del individuo. Destacan dos: votar para elegir representantes a cualquier poder de autoridad; y a ser votado, o elegido, para representar a la sociedad en los poderes de autoridad de la nación.

En una democracia ambos derechos deben ser una expresión libre, una participación de la ciudadanía, sin que haya coacción alguna para cada uno de esos derechos.

Sí, es cierto, de algún modo la democracia es una utopía, de las muchas que ha habido en la historia humana en su búsqueda por equilibrar la convivencia social. Aun así, la democracia mantiene su vigor y es, hasta donde se sabe, la mejor forma de estructura política conocida hasta hoy.

El problema es ajustar la realidad a los supuestos teóricos. Hacer, en todo caso, que se correspondan mutuamente, pues la realidad siempre supera estos supuestos teóricos que funcionan frente a una sociedad ideal, porque los grupos, la sociedad, constituyen fuerzas sociales con un universo de intereses, emociones, expectativas, formas de interpretar el mundo, aspiraciones de poder, dinero, fuerza, que desean ejercer a su manera.

Por eso se necesitan líderes que sean capaces de conciliar todos esos componentes de las fuerzas de la sociedad; también que puedan concebir una estructura socio-política, socio-económica y socio-cultural que encauce esa complejidad hacia la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Como la sociedad no puede gobernarse a sí misma ejerciendo cada quien su poder personal, adopta mecanismos para crear instituciones: de justicia, para garantizar la aplicación de leyes; educación para la formación ciudadana integral; salud, para propiciar bienestar; trabajo para generar estabilidad y crecimiento; seguridad para garantizar paz.

El conjunto de todas las instituciones forman el Estado de Derecho, donde Estado es el conjunto de instituciones que rigen la vida ciudadana para lograr el bien común.

En el caso de nuestro país, el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial constituyen su estructura socio-política y son las piezas fundamentales de lo que se llama Poderes de la Unión, establecida vía elección con el voto libre de un ciudadano que apela a los derechos que otorga la democracia.

Esto es muy importante porque, una vez puesta en vigor esta estructura socio-política, es ella la encargada de crear infraestructuras en distintas áreas para lograr el propósito de un Estado: el bien común, realizado a través de un conjunto de acciones llamadas genéricamente: políticas públicas, acciones por las cuales el Estado manifiesta su presencia en la sociedad pues son ellas las que fundamentan el propósito de que el Estado cumpla su cometido de otorgar y garantizar el bien común para toda la sociedad que integra una nación.

Toda política pública, tiene la finalidad de crear infraestructuras. Las infraestructuras son elementos que un gobierno pone a disposición de su sociedad para que ésta funcione. Para los ciudadanos las infraestructuras se traducen en bienestar.

Cada vez que un ciudadano necesita bañarse, basta con que abra una llave salga agua; si requiere una medicina la existencia de una farmacia cercana para adquirirla, es suficiente; si se camina por la calle y el alumbrado brilla en todo su esplendor, esas son, precisamente, infraestructuras. Son, por supuesto, las más elementales; también las hay de otro tipo.

Cuando esas infraestructuras disminuyen o, incluso, desaparecen, estamos hablando de una carencia de políticas públicas que las generen y en un caso muy extremo podemos decir que una ausencia de Estado capaz de propiciarlas.

Y ausencia de Estado pareciera haber ahora que, con el azote de la pandemia, no existen políticas públicas que generen confianza y unidad y que, además, fortalezcan a las instituciones del país (ya cualquier pelagatos hace lo quiere en su pequeño coto territorial).

Ausencia de Estado resulta el hecho de que el presidente hubiera querido apropiarse de los fondos económicos del país para acumular más poder en lugar de fortalecer a las instituciones. Ausencia de Estado es permitir que los cárteles de la droga tengan más poder de convocatoria para reunir a miles a fin de entregar despensas y el gobierno sólo diga que eso está mal; ausencia de Estado es haber abandonado a la ciudadanía para dejarla en manos de la delincuencia que, hoy, ha hecho de la violencia su mejor expresión; ausencia de Estado es haber militarizado el país, reconociendo implícitamente que la política de un régimen pasado, en ese rubro, era la mejor; ausencia de Estado es haber presentado un programa económico en tiempos del coronavirus en el que elude contundentemente temas esenciales como el medio ambiente, políticas de género, la cultura, la justicia, la pobreza (la real, no el concepto genérico), la violencia, la militarización; ausencia de Estado en permitir la injerencia de Estados Unidos en nuestra reactivación económica, en asuntos migratorios y otros más; ausencia de Estado se observa, incluso, hasta en la fuga del Chino Ántrax para escaparse de la protección gringa y venir a México a que lo ejecutaran, ¿quién cree eso?

Ante esta ausencia de Estado se requieren dos cosas: una participación ciudadana real y el fortalecimiento de las instituciones del país.

 
Otras publicaciones
Hacia la nada
Memoria reciente
Una amenaza para la democracia
¿Amigos?... ¡Adió!
¿Mantener la paz?
Arena movediza
Quejas
¿Y las políticas públicas?
Los vacíos de poder
¿Presagio?
Sociedad civil para México
¿Proyecto liberador de la política mexicana?
Educación: abordamiento serio
Otra vez la pobreza
Contundente fracaso
Recuperar la confianza
Proyecto humano para este país
México: historia sin preguntas
Difiero
El ser humano: la primera prioridad
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2020. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba