Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Medios Finanzas Partidos Medios Luces y sombras Opinión Firmas  
 
 
  Edición 640
  Todos somos prisioneros
 
Gabriel Pereyra
   
  Por primera vez, todo el planeta es un centro de reclusión domiciliaria. No hay espacio seguro. Todos los seres humanos, sin importar clase social, raza o condición económica somos susceptibles de padecer la COVID-19.

No tenemos dónde ir. Nunca en la historia de la humanidad se dieron estas condiciones. El silencio se escucha y la soledad se siente en las ciudades, es una nueva realidad que nos envuelve y desconcierta.

Este virus nos ha atacado por todos lados, como su tamaño lo hace invisible se detiene donde nadie lo espera, en corto tiempo presenta síntomas que pueden llevar hasta la muerte al receptor. Los especialistas indican que no tiene una sintomatología única, la cual depende del sexo y edad del que se infecta. Algunos estaban contagiados sin darse cuenta, otros están encamados y graves. El número de muertes es bajo, aunque el dato no mitiga su angustia.

De los hombres enclaustrados, 80% son pobres y el 20% pueden sobrellevar o pasar la crisis sin problemas económicos; sin embargo, hay problemas comunes. La sobrevivencia económica, el cuidado que deben tener con su familia, la alimentación diaria. La experiencia de estar las 24 horas del día con personas que a veces no conocemos totalmente, cuya conducta cotidiana es extraña. Los nuevos ruidos y voces, y distintos estados de ánimo. El permanecer todo el tiempo en otro lugar que no el cotidiano es una decisión importantísima y fundamental para la vida futura. ¿Qué hacer al estar «enclaustrados»? Afortunadamente la inventiva del hombre es infinita, como el coronavirus.

Cada pueblo y grupo social reacciona de acuerdo con sus condiciones socioeconómicas, culturales y geográficas. Las nuevas tecnologías abren, sin duda, un inmenso abanico de posibilidades de estar sin presencia física en reuniones, visitas, comunicaciones, pláticas por teléfono.

El internet nos lleva a cualquier lugar del mundo, nos acerca a la más amplia y extensa información casi sobre cualquier tema. Los estudiantes toman clases en línea. Las manifestaciones en las redes sobre enclaustrados que tenían conocimientos u ocupaciones que no conocíamos se multiplican geométricamente. Algunos dan clases de música, teatro, literatura, matemáticas, pintura, e incluso de cómo realizar inversiones.

Las clases de yoga y meditación abundan, unas gratis, otras con aportaciones voluntarias, otras con costos estratosféricos, todas dependían del tipo de disciplina y el tiempo. Fue evidente que esta disciplina fue la más ética en precios, no alcanzaría el periódico para anunciar cada una de las profesiones, oficios y ociosidades que se pusieron en las redes. Las cuales no sabemos si siguen siendo benditas.

En esta crisis, como en otras, los oaxaqueños damos una vez más muestras de la falta de respeto a las normas elementales de convivencia y proclamamos mundialmente el importa-madrismo que nos caracteriza. Tal parece que nuestra cultura no es tener una vida civilizada, sino al contrario demostrar nuestro subdesarrollo, primitivismo, molestar, agredir, indignar, faltarle al respeto y agredir al prójimo.

Parece que ese es el código de conducta del 80% de la población. El oaxaqueño ha demostrado otra vez que no le importan las normas sociales, que es un pueblo primitivo, inculto y agresivo. Organizó plantones, fiestas, no obedeció, ni guardó las normas mínimas de protección.

Los bancos demuestran de nuevo su ineficiencia. Sólo en Oaxaca he visto filas enormes de personas de la tercera edad dormir en la calle esperando que abran las sucursales para cobrar el dinero que el gobierno les asigna.

Las estadísticas

Hace algunos años que preguntaron cuántos habitantes tenía Saltillo y uno de los asistentes expresó: depende por qué carretera llegas, si es por Monterrey son 800 mil, si es por la carretera de México son 750 mil, si es por la de Torreón son 650 mil. Todas las carreteras tienen a la entrada el nombre y el número de habitantes de cada población y todas tenían unas cifras distintas. Cuando estaba en la preparatoria el maestro Salvador Enrique Peralta, que nos daba física, explicó que la medida del metro es una convención, la diezmillonésima parte del cuadrante terrestre, porque el metro único no existe. Todos son distintos por milímetros. Así pasa con las estadísticas.

Han salido cientos de expertos en estadísticas que critican las cifras que ofrece el doctor Hugo López-Gatell. Afirman que no son reales. En la crítica aparecen varios exsecretarios de Estado que no hicieron mucho por el sector, pero disfrutaron de su paso por el cargo. Como el doctor Narro, quien se niega a desaparecer del escenario político.

El subsecretario expone las cifras que les dan los gobiernos de los estados, los centros de salud del gobierno, ISSSTE, IMSS, y la información de los certificados de defunción, de manera que esas cifras son las más apegadas a la realidad, una cifra exacta, exacta, no existe, es imposible conocerla porque cada minuto se mueve el panorama de contagiados, enfermos y muertos, no solo en México en todo el mundo.

Esto lo saben los críticos, si no lo saben, son unos imbéciles, pero como ahora viste mucho negar la realidad y criticar a una nueva forma de gobernar se suben al carro de la libertad que tiene hoy la prensa de publicar todo.

Nadie tiene las herramientas que tiene el gobierno federal o López-Gatell para opinar sobre la validez de esas cifras. Por otra parte, ¿qué interés tendrían en ocultar cifras de un problema que no generaron y que padecen todos los gobiernos? En esta crisis debería de privar la buena fe y la unidad de esfuerzos, pero la vida tiene muchas vertientes. Ahora estamos viviendo la crítica política disfrazada de científica, en un tema tan delicado como es la salud. Afortunadamente es poco el daño que pueden hacer.

 
Otras publicaciones
La tenacidad
La evaluación de fin de año
Valentín Campa: héroe civil
Otros López. Se respeta la vida
Los enemigos de siempre
Una segunda oportunidad
Migraciones y realidades
La burla es hacia nosotros mismos
El año que estamos en peligro
Respuestas predecibles
¿Qué hacer?
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2020. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba