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  Edición 640
  La falacia de la mayoría…
 
Esther Quintana Salinas
   
  «Las más difíciles de explicar son las verdades evidentes

que, toda la gente ha decidido no ver».

Ayn Rand

Creo que, igual que un gran número de mexicanos, me siento asqueada de un sistema siempre en manos de un grupo que hace y deshace, «legitimado» por la voluntad de la mayoría, como si obtener la mayoría fuera garantía de gobiernos comprometidos con las causas de quienes les pagan la dieta.

Todo el tiempo, desde que comprendí la pudrición del sistema, he luchado para no deprimirme ante semejante avalancha de injusticias y barbaridades que se han hecho en nombre de la «ley». Hubo momentos en que me cuestioné mi propia indignación, pero no, están tan evidentes los despropósitos y sinvergüenzadas cometidas por los diferentes sátrapas y corifeos que los hacen «grandes», que ratifico mi rebeldía, y que tenemos razón quienes hemos constatado que este deleznable sistema político no nos ha traído bienestar generalizado, ni justicia, ni respeto a los derechos humanos tan cacaraqueados, y que eso sí, a los únicos que les ha sido muy útil es a los políticos sin patria ni matria, que encontraron en él, el mejor instrumento para hacerse del poder, permanecer y volverse ricos hasta la consumación de los siglos.

El grueso de esa caterva de ladrones disfrazados de gente honorable son los que han envilecido una disciplina tan noble como es la política, pero la sociedad los ha tolerado. La democracia en nuestro país está quebrada y sin ella las instituciones públicas son una farsa. La división de poderes no existe más que en el papel, por eso el cáncer de la corrupción y la impunidad no tiene parangón. Y lo más triste, preocupante y desolador, es que la gente en este país ya se acostumbró a vivir así. Con este entramado despreciable ganó López Obrador, supo «manejar» como nadie lo ha hecho, el repudio, el asco, el resentimiento de muchos compatriotas, y les habló de una transformación, de la cuarta… y le compraron la cantinela. Y hete aquí lo que campea…

Tenemos un año y lo que va de éste bajo la «égida» de la transformación de cuarta. El hecho es que lo que estamos viendo es la clara ignorancia de una mayoría que le dio el poder a lo más mediocre que tiene este país… en nombre de la democracia. El error craso vino de esa mayoría que legitimó una vez más un sistema en decadencia. La mayoría nos endilgó un lastre, y ahora con un peso extra, porque eso constituye la doctrina caduca, obsoleta y trasnochada del marxismo que está implantando López Obrador, en la que la estatización va viento en popa… ¿qué no? Se necesita ser ciego o hacerse el ciego para negar hacia dónde nos llevan las «reformas» cocinadas desde el poder legislativo por los vasallos morenistas, obedeciendo órdenes de su amo. Más poder para el Ejecutivo, control de recursos$$$ desde la presidencia, manejo a su antojo del dinero público, recortes y asignaciones discrecionales del presupuesto.

La debacle legitimada por una mayoría conformada por el hartazgo, el resentimiento, el enojo y todo cuanto despiertan la corrupción y la impunidad en el ánimo de un pueblo en búsqueda de salvadores mesiánicos, como es el mexicano —desdichada genética que venimos arrastrando desde la Conquista— , que sigue sin aprender a creérsela, que permanece aferrado a que otros tienen que hacer por él lo que le corresponde ejecutar per se, que está aferrado a no apostar a favor suyo, en una búsqueda enfermiza de fuerza exterior cuando es la interior la que hace que el humano saque lo mejor de sí mismo y realice proezas extraordinarias.

Y en esa mayoría que en julio del 2018 decidió votar por López y su partido, se mezclaron ignorantes y preparados… Según los cánones, es explicable una actuación irracional de quienes no han tenido la oportunidad de desarrollar su intelecto —gracias al sistema—, lo que resulta inconcebible es que también sufragaron por esta ruindad los cultos, los doctos... ¿Cómo? Y el grueso de estos últimos, clasemedieros… La clase que más se aborrece en un régimen socialista, con la que se ensañan todos los izquierdistas que llegan al poder. Nada de que con los ricos, con esos hay alianzas$$$$ muy convenientes… ¿Ejemplos de la que corre ahora? Por mencionar dos, Carlos Slim y Salinas Pliego. La clase media es el objetivo a hacer polvo, y al paso que nos lleva López, si no le ponemos un hasta aquí, lo va a lograr.

Sus filas continúan engrosándose con la receta de siempre, que López domina al dedillo: Clientelismo. En ella parasita y vive del sudor de los demás una muchedumbre que aplaude en los mítines y pertenece a Morena, a la que hoy se suman los bots que invaden las redes sociales para insultar y mentar madres a todos los que expresen opinión contraria a la decretada por el régimen, pagados para ejercer un servilismo supino traducido en el acatamiento a pie juntillas de los que les manden sus amos. Todos estos y los citados en los párrafos anteriores constituyen la mayoría que sostiene al ínclito de Palacio Nacional.

Señores, pero somos infinitamente mayor el número de los que no comulgamos con esta vileza. Por eso me encabrita más el que se continúe machacando el que la mayoría es la que tiene la razón, el que la mayoría es la posesionaria de los valores de esta nación y de la verdad. Toda esta basura que el actual gobierno mantiene viva es la que ha corrompido, envenenado, distorsionado el pensamiento de generaciones de mexicanos. Hay una verdad irrefutable de infelices resultados a la vista, entre otros, el bajo nivel académico de millones de mexicanos, la ausencia cada día más acusada de valores morales, las adicciones a las drogas a la alza y con consumidores más y más jóvenes, la delincuencia más organizada que nunca, la pobreza rampante… y todo esto debilita a un pueblo que merece mejor destino.

No puede haber progreso, no puede haber bienestar generalizado con cimientos tan podridos. Esto no se va a solucionar mientras el pueblo no esté suficientemente formado y preparado para emitir un sufragio razonado. No puede ser que el voto siga comprándose a los más necesitados, a los que el propio sistema mantiene en ese grado de dependencia e inconsciencia para manejarlos a su antojo; no puede ser que a la clase media le siga valiendo una pura y dos con sal no presentarse a votar o votar a ciegas, como si no fuera asunto de su incumbencia, no puede ser que quien tiene fortuna ayude a pillos y sinvergüenzas a llegar al cargo a cambio de «jugosos» negocios, y todo esto a costa de hundir a un país que es nuestra patria.

Tuvimos décadas de mentiras y agravios con el priato y hoy gobierna un exmiembro de sus filas, casado con la escuela en la que aprendió a engañar, a manipular, a fingir lo que no es… y ni así ha cambiado la mentalidad de millones de mexicanos. Hoy nuestro país se mueve en aguas turbulentas y el capitán que eligió la mayoría no es ninguna garantía para que el barco llegue a buen puerto. Este desgobierno me lleva a desear la existencia de un cursus honorum, como se estilaba en la Roma milenaria. El cursus honorum era el orden secuencial de los cargos públicos ocupados por el político aspirante, en él se establecía cada una de las magistraturas que se debían escalar peldaño a peldaño, desde la cuestura hasta el consulado. Y debía observarse escrupulosamente. Si lo trajéramos hoy a nuestra legislación es factible que dejen de llegar a los cargos públicos de alta responsabilidad, como es el del titular del poder Ejecutivo, indigentes intelectuales, y ya entrados en gastos, hacerlo extensivo a los legisladores, con eso se pondría un freno a tomboleros, ahijados, hijitos o hijitas de papi, y todo género de arribistas sin preparación alguna para el desempeño del puesto.

El gobierno federal acentúa su incompetencia en el manejo de esta pandemia, al titular se le ve disperso, dando palos de ciego, con puntadas y ocurrencias que exhibe sin pudor alguno desde en la mañana, en el show que se monta para darle vuelo a su egocentrismo exacerbado, por supuesto contando con la entusiasta colaboración del grueso de la prensa palera que asiste, y haciéndole al loco cuando entra alguno que no pertenece al corralito y le plantea una interrogante que le provoque coraje, ahí se suelta con los epítetos de sobra conocidos y le echa la culpa a todos los que lo antecedieron.

Lo suyo, lo suyo, es continuar como si anduviera en campaña y repetir la inercia del 2018 con los candidatos a diputados para el 2021, gubernaturas y alcaldías que estarán en la boleta. Para eso impulsa la revocación de mandato. Se mantiene montado en su macho, como dicen en el rancho, de que el COVID 19 le hace lo que el viento a Juárez a México. En su mundo paralelo todo está perfecto. Con negar la realidad al estilo de Fulgor Sedano —el capataz de Pedro Páramo, la obra inmortal de don Juan Rulfo—, nomás por sus… todo está arreglado.

En el sistema público de salud todo marcha al cien y ya con la suma del privado pues lo que sobra es atención para quienes se contagien. La falta de insumos para la protección del personal médico, enfermeras, camilleros, y cuantos están al frente de la pandemia, se niega, son inventos de sus adversarios políticos, de los conservadores. Cambian cifras de contagiados y difuntos, y manda a su personero López-Gatell, a desmentir lo que se publica en medios internacionales, al más puro estilo de Cantinflas, con perdón de nuestro querido y bien recordado Mimo.

En otros tiempos, los regímenes despóticos se valían de la fuerza para gobernar, ahora sus aliadas son la propaganda y artimañas cada vez más descaradas.

Esto que tenemos es lo que votó la mayoría en el 2018. De modo que a aplaudir porque a la mayoría siempre le asiste la razón… ¿O qué?

Hago votos para que en la elección de legisladores del año próximo priven la cordura y la sensatez y seamos capaces de ponerle un contrapeso a López Obrador, si no lo hacemos el descarrilamiento es inminente.

 
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