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  Edición 640
  Nada ni nadie son para siempre
 
Marcos Durán
   
  Piense en el tamaño de una persona en comparación con el tamaño de nuestro planeta, luego con el sistema solar; con la Vía Láctea y al final con el Universo. Después de analizar todo esto, podemos llegar a una sola conclusión: somos insignificantes ante el Cosmos. Esto nos lleva a recordar la frase del gran Carl Sagan: «El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: es indiferente».

Y es que nada de lo que hagamos podrá dejar una marca lo suficientemente profunda para que el universo logre siquiera darse cuenta. El gran Imperio Romano, el mismo que dominaba casi todo el mundo conocido en ese tiempo, cayó. El enorme Imperio Español al mando de Carlos V, que regía un territorio tan grande que llegó a decir «En mis dominios nunca se oculta el sol», y al final, acabó. Todos se sentían eternos y al final quedaron en nada.

Esto hace sentido incluso con la teoría del Big Bang en donde el universo mismo y el tiempo llegarán a su fin. Lo confirma un estudio reciente que reveló que el universo se está apagando. La agonía es lenta, pero al final no quedará nada. Así lo han dicho un grupo de destacados astrónomos que presentaron las conclusiones de su investigación a la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional. Este trabajo dice que la energía actual de los soles y estrellas representa la mitad de lo que emitían hace 2 mil millones de años y que nos encontramos en un proceso imparable y definitivo que nos dice solo una cosa: el universo muere lentamente.

El estudio se realizó por medio de los telescopios más grandes y avanzados del mundo, que han medido la emisión de energía en 200 mil galaxias a través de 21 longitudes de onda. La investigación, forma parte del proyecto Galaxy And Mass Assembly, la evaluación más completa de la emisión de energía del universo. El líder del proyecto GAMA, Simon Driver, astrofísico de la Universidad de St. Andrews, explicó que toda la energía del universo fue creada en el «Big Bang», y que parte de la misma está en forma de masa. «Mientras que la mayoría de la energía que se encuentra dispersa alrededor del universo surgió después del “Big Bang”, la energía adicional es generada de manera constante por las estrellas a través de la fusión de elementos como hidrógeno y helio juntos», explicó.

Las conclusiones de este estudio nos dicen que la energía generada desde la gran explosión que dio nacimiento a todo fue expandiendo el universo, pero que lentamente, y casi de manera imperceptible, éste envejece y ha entrado en la tercera edad preparándose para, en algunos miles de millones de años, iniciar el sueño eterno.

Claro que, de acuerdo con otro estudio, este inevitable final podría tomar alrededor de 22 mil millones de años, más incluso que la edad que se le atribuye al nacimiento del propio universo que, aseguran, data de hace 15 mil 800 millones de años.

Así que una vez que hemos entendido esto y que se revela la verdad de nuestra insignificancia respecto al espacio y al tiempo, y si hemos logrado entender que cualquier gozo o sufrimiento terminará más temprano que tarde, analicemos entonces: ¿Qué significa esto en términos de nuestra vida diaria?

En realidad muy poco, por lo que lo más difícil entonces sería encontrar un propósito en la vida, especialmente si se entiende que al final todo terminará y nada de lo que hagamos o dejemos de hacer trascenderá. Entonces, ¿cómo encontrar un propósito en la vida cuando, al final, la existencia misma dejará de existir? Pues eso depende de nosotros, porque al final de todo, lo único que importa en nuestro universo personal, son la familia, los amigos y la paz interior. Y es triste, pero al final, usted, sus seres queridos, su casa, su mundo todo, se habrán ido un día.

Así que dejemos de darnos tanta importancia y tengamos muy en claro acerca del verdadero peso de nuestras decisiones, pues aunque la gente todavía puede sufrir su resultado, incluso su sufrimiento inevitablemente llegará a su fin, y nuestras decisiones o las de otros, lo harán también. Así de tranquilizadora y así de increíblemente perturbadora es esta verdad, lo que confirma la gastada frase de que «Nada ni nadie es para siempre… ni siquiera el universo».

 
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