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  Edición 640
  Un mirada del México de AMLO
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Ideas van, ideas vienen, supuestas conspiraciones en el terreno de las redes sociales. A final de cuentas, el mexicano común vive con incertidumbre, con un mal sabor de boca y con esa sensación de ya no saber qué creer o a quién creerle.

Para muchos analistas políticos, especialistas en seguridad o uno que otro «todólogo», las cosas no marchan bien en el gobierno de AMLO y su 4T.

Cancelar obras millonarias, controversias en algunas de sus decisiones como la suspensión de fondos públicos para atender niños y mujeres en situación de violencia, desabasto en las medicinas, política fiscal que cunde en el miedo a los grandes empresarios, las mañaneras que a muchos dan escozor, temor o risa…

Pese a quien le pese, su particular forma de gobernar ha cimbrado al país, y creo en parte ha sido por ser la primera vez que tenemos un gobierno de «izquierda».

Según el periódico El Financiero, en lo que fueron sus primeros 100 días, el gobierno gozaba de una aprobación que rondaba en el 78%. Según datos de Forbes, antes de la tragedia de Culiacán, su aprobación era del 68%. Hoy es menos su aprobación, pero casualmente no menos que cualquier otro expresidente.

Su estilo particular de hacer política ha dado una sacudida al país, en específico a los que disfrutan su «status quo» y se ven amenazados —la clase política tradicional incluida en ese grupo—.

La comidilla que se quema. ¿Cómo gobierna nuestro presidente? ¿Quiénes son sus asesores? ¿Hacia dónde vamos?... para muchos sigue siendo una interrogante.

Informar a México es una actividad que todo buen gobernante debe hacer, pero también creo que tiene sus errores técnicos —las mañaneras—. No es la prensa granjeada, no es la prensa de oposición al sistema; aunque es innegable que son una especie de dique, de golpeteo frontal, pero con datos puros y duros, combinados con la invitación al diálogo y la discusión, eso pasaría a segundo término.

Decía Bukowski:

«A medida que vamos viviendo vamos siendo atrapados y desgarrados por diversas trampas. Nadie escapa de ellas. Algunos incluso viven con ellas. La idea es darse cuenta de que una trampa es una trampa».

No creamos todo lo que dicen; en especial con las tecnologías de la desinformación.

 
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