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  Edición 639
  El existencialismo es humanismo
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  El hombre es el único que no solo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere (…) el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo.

Sartre

Hay personajes que transitan en la línea histórica del tiempo y dejan huella, algunos ahondan más en nosotros, otros dejan un par de líneas en los libros del tiempo; otros, parafraseando al poeta, dramaturgo y comunista Bertolt Brecht, son los imprescindibles.

Creo que en ese contexto Sartre fue uno de ellos. Fallecido el 15 de abril de 1980, fue un intelectual completo, demasiado controversial y al parecer hoy permanece en un purgatorio filosófico e ideológico, aunque su obra literaria sigue generando fascinación y debate entre los viejos, entre los que no lo somos tanto, creo que en los millenials y quizá, pasado mañana, entre los centenials.

Sartre fue demasiadas cosas: autor de obras que marcaron toda un época, tratados filosóficos, novela, teatro… en suma, un intelectual con demasiados fierros en contra del status quo de una sociedad que en ese momento demandaba un cambio profundo desde los jardines de París.

Desgraciadamente —sin conocer con precisión— desde que no quedó bien parado frente a las batallas ideológicas con colegas como Albert Camus o Louis Alhusser hasta su entierro en el Montparnasse en París, de cierta manera, el existencialismo quedó exiliado, quedó enterrado con él.

Poco se lee hoy sobre él, es más, en el mundo intelectual, dudo que alguien se diga sartriano o sartriana. En su momento —y por lo cual lo recuerdan más los estudiantes de esa época— fue por el apoyo a lo que se conoció como el Mayo Francés. Muy posteriormente, en su acercamiento con los maoístas, se metió de lleno a la revolución cultural China y al final de su vida con la revolución Cubana —muchos recordarán la entrevista de Sartre y Simone de Beauvoir con el Che Guevara, en 1960—.

Sin embargo, creo que la figura de Sartre que encarna al intelectual comprometido políticamente, es una figura mítica del siglo XX y que debe servir, aunque sea de referente para las generaciones que hoy son presente y futuro.

En tiempos de coronavirus, en donde se entremezcla con el aislamiento la nostalgia, la angustia, le felicidad y la lucha frontal con nuestros propios demonios, puedo recomendar algunos de los textos (solo los que he leído) como El existencialismo es un humanismo y La náusea. En el momento de su entierro, fue acompañado y ovacionado por un cortejo de decenas de miles, una multitud amontonada. El 19 de abril de 1980, el telediario de la televisión pública francesa comparaba lo que ocurría esa tarde, con lo ocurrido con Víctor Hugo en 1885.

De Sartre —según los intelectuales de tiempo completo— le podemos aprender a «no aceptar nunca que el ser humano esté completamente determinado por el curso de los acontecimientos y de las leyes económicas». Según lo dicho, no es que se niegue el peso y la fuerza de éstas, sino que siempre cabe el margen de maniobra para la libertad, aunque muchas veces sea ínfimo.

Sartre reinó durante casi cuatro décadas el paisaje intelectual francés, que en ese momento era casi sinónimo de mundial. Con la libertad del encierro, salgamos sutilmente cambiados.

 
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