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  Edición 639
  La nueva guerra de Vietnam
 
Marcos Durán
   
  Caminando por lo que se conoce como el National Mall en Washington, D. C., capital de los Estados Unidos de América, se encuentra uno con una estructura de granito negro pulido. Se trata de un monumento en donde están inscritos de manera cronológica, los nombres de 58 mil 220 hombres y mujeres muertos en combate, durante los 20 años de 1955 a 1975, que duró la guerra de Vietnam.

En este conflicto, Estados Unidos no solo perdió la guerra y la vida de 58 mil hombres y mujeres jóvenes; Vietnam cambió a ese país, en muchos sentidos, para peor, erosionando mucha de la confianza de los estadounidenses sobre sus instituciones.

Estados Unidos se inmiscuyó en esa guerra, queriendo impedir que el comunismo alcanzara a Vietnam y desde épocas de la administración de Truman. Luego Eisenhower envió asesores militares y agentes de la CIA, John F. Kennedy envió soldados a Vietnam. Lyndon Johnson ordenó el primer combate y Richard Nixon ordenó la retirada de sus tropas, pues miles y miles de millones de dólares y la pérdida de la vida de 58 mil jóvenes terminaron por socavar la confianza del pueblo estadounidense, hartos de ver llegar miles de cajas con los cadáveres de la juventud norteamericana.

En enero de 1975, el presidente Nixon firmó un alto el fuego que puso fin a las hostilidades. Luego, el 30 de abril de ese mismo año, las fuerzas de Vietnam del Norte tomaron Saigón, la capital de Vietnam del Sur, y ese mismo día la nombraron «Ho Chi Minh», en honor del ícono de la guerra, fallecido unos años antes. Ese día se reunificó Vietnam y la intrusión de los Estados Unidos quedó en nada más que la muerte de miles de sus jóvenes.

Menciono esta terrible y sangrienta guerra que aun se encuentra en la psique de nuestros vecinos, ya que perder a 58 mil 220 hombres y mujeres son un recuerdo que aun los lacera.

Ahora el enemigo es otro pues, al momento de terminar este artículo, 58 mil estadounidenses habrán muerto por la pandemia de COVID-19, solo que al coronavirus le tomó apenas poco más de tres meses superar ese hito terrible. Sí, esto es realmente una guerra, como lo describió el presidente Donald Trump, en sus palabras, «Estamos librando una guerra contra el enemigo invisible».

Ya muchos han criticado a Trump y apuestan a que la crisis de COVID-19 y los miles de muertos serán parte de su legado. Y es que, a medida que el coronavirus comenzó a extenderse por los Estados Unidos, el presidente Trump insistía reiteradamente en que no era nada de qué preocuparse. Dos meses después, Estados Unidos se convertía en el primer país del mundo con más de 100 mil casos, con una economía colapsada y con un virus que no cede.

A medida que aumentaron los casos y las acciones cayeron, la actitud del presidente hacia la amenaza de COVID-19 evolucionó de decir en enero «tenemos al COVID-19 totalmente bajo control», luego en febrero decir que el virus «desaparecerá en abril» y «dentro de un par de días —el número de estadounidenses con COVID-19— se reducirá a casi cero», luego en marzo dijo «Estamos utilizando todo el poder del gobierno federal para vencer al virus, y eso es lo que hemos estado haciendo».

Hace un par de semanas, Anthony S. Fauci, el líder científico en el grupo de trabajo sobre coronavirus de la Casa Blanca, advirtió que entre 100 mil y 200 mil estadounidenses podrían morir y que millones se infectarían. Un país en donde se han aplicado ya cinco millones de pruebas y en donde 1 millón han resultado infectados. En México se han realizado de acuerdo con información del gobierno federal alrededor de 70 mil pruebas y de las cuales poco más de 15 mil personas han resultado positivos.

Pero Trump jamás se da por vencido a la hora de decir estupideces, y hace apenas unos días declaró frente a los medios, la idea de inyectar desinfectante en el cuerpo para luchar contra el virus. Sus comentarios, que hizo el día en que las muertes superaron las 50 mil personas, provocaron una reacción virulenta en su contra, en lo que él suele llamar la «prensa corrupta». El científico Neil de Grasse escribió en sus redes sociales que «Cada película de desastre, empieza con un científico siendo ignorado». Así que, luego de cifras terroríficas, piense en México con el presidente afirmando que su gobierno y los ciudadanos están «domando» la epidemia del coronavirus.

 
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