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  Edición 638
  Crisis de informacion del COVID-19…
 
Carlos Aguilar
   
  Al margen de la falta de previsión y alcances de muchos políticos y gobernantes del mundo que subestimaron las consecuencias de la pandemia por COVID-19 y ahora el interminable número de muertes y contagiados, actualmente también se exhiben serias fallas de información que generan muchas dudas a los ciudadanos, además de promover en forma deliberada el pánico y el miedo con anuncios que incluso rayan en la ilegalidad.

En México, al margen de los datos oficiales y los extraoficiales, hoy esa falta de experiencia y habilidad de gobernanza en el manejo de la información ya provocó dos serios problemas sociales: la incredulidad y la desconfianza ciudadana en sus autoridades.

Y ambos sentimientos pueden tener origen en muchos factores como la información nacional (real y ficticia) de los acontecimientos en el entorno mundial e incluso con países vecinos, sin embargo, el sentimiento nacional y local adquieren una relevancia mayor, pues se comparan invariablemente las acciones y decisiones con otros países.

En México hace casi un mes el presidente desestimaba la pandemia y por el contrario pedía a los ciudadanos no «apanicarse» y salir a las calles y restaurantes para abrazarse, incluso en días posteriores, al continuar con sus eventos públicos se atrevió a mordisquear la mejilla de una pequeña niña y saludar de mano a la madre del narcotraficante Joaquín el «Chapo» Guzmán, sentenciado en Estados Unidos.

Además, el presidente se negó en incontables ocasiones a las recomendaciones de sus propias autoridades sanitarias, como usar gel antibacterial, tapabocas y tomarse temperatura cuando acude a sitios públicos.

La mayor autoridad federal no se cansa de decir que el sistema de salud mexicano está preparado con miles de camas y especialistas para el tratamiento de los enfermos, pero luego en videos a través de redes, reconoce que no habrá camas suficientes y médicos suficientes para atender a todos los que resulten con complicaciones graves.

Su propio subsecretario de salud, quien encabeza diariamente las conferencias de prensa informativas sobre la situación de infectados terminó por reconocer que las estimaciones diarias no son completamente verdaderas y explicó que es a través de un protocolo poco conocido, que estiman que la cantidad de infectados sería ocho veces más grande que la que representan los número reales y por consecuencia también seguramente los muertos.

El humilde escribiente detectó, por ejemplo que el señor López Gatell, reportaba unas cifras que no correspondían a las que registraban diariamente los estados, específicamente Coahuila y Nuevo León, situación que pareció sospechosa pero que finalmente su explicación tiene origen en la falta de coordinación entre el IMSS y la Secretaría de Salud y la solución del chico maravilla-sensación de la 4T, don López Gatell, fue cambiar ahora la tabla de los casos por estado y establecer un porcentaje por cada 200 mil habitantes.

Hoy la consecuencia es que entre los ciudadanos existe la desconfianza en las cifras y por ende en las acciones que realiza la autoridad de gobierno, no importa el nivel que represente, hoy el presidente y su gabinete son culpables de la incredulidad de los ciudadanos que tarde o temprano cobrarán una factura que ya tiene varios abonos.

En la próxima colaboración se abordará el dramático y triste tema del enfermo más grave en el país, el que casi desahuciado solo muestra sus apéndices y extremidades con pocas señales de vida, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuyo director general bien podría ser enjuiciado en el futuro por su negligencia y falta de capacidad para evitar el inminente exterminio de la institución de seguridad médica y social más grande del país.

Mientras tanto, guste o no a muchos la apreciación, los errores y las omisiones voluntarias de información con estrategias incluso anticonstitucionales agravarán la crisis sanitaria en la otra crisis: la económica y la falta de credibilidad y confianza, un mal crónico y permanente para los mexicanos y sus gobernantes.

 
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