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  Edición 638
  La fuente de la eterna ineptitud
 
Marcos Durán
   
  Desde siempre, el deseo de prolongar la vida, de seguir siendo jóvenes, ha sido una obsesión para los humanos. Nuestro miedo de llegar a un final y de alcanzar la inmortalidad encontrando «la fuente de la eterna juventud» ha sido discutida desde hace siglos desde el punto de vista religioso, filosófico y hasta místico.

Hasta hace años esto parecía imposible, pero ahora la ciencia, en la frontera del conocimiento, nos hace creer que nuestra anhelada eternidad es posible. Existen dos investigaciones interesantes al respecto.

La primera es la de un equipo de científicos liderado por Vladimir P. Skulachev, decano de la Facultad de Bioingeniería y Bioinformática en la Universidad Estatal de Moscú. El doctor Skulachev es considerado uno de los mejores del mundo en su campo y su descubrimiento podría extender la vida humana y curar las enfermedades relacionadas con la edad como cáncer, cataratas y osteoporosis. La droga en la que trabaja, apunta a disminuir la oxidación mitocondrial. El oxígeno, según el doctor Skulachev, es una de las sustancias más peligrosas en el cuerpo humano, y cuando las células se vuelven más saturadas con formas activas de oxígeno que se oxidan, conducen a una muerte temprana.

El cuerpo produce venenos, uno de los venenos más maliciosos se genera en el corazón de cada celda de la mitocondria. Unos suministran energía al cuerpo y otro, poco a poco nos mata. Cuanto más viejos somos, más venenos tenemos en nuestros cuerpos dice Skulachev, cuyo trabajo consiste en detener este proceso y lo que viene junto con la vejez, incluyendo la muerte.

La tarea era encontrar un antioxidante que le pusiera un alto, se trata del «Ion Skulachev», una sustancia que aunque no promete vida eterna, podría prolongar el periodo de vida activo, para concedernos años de vida sana, productiva y feliz.

La segunda, fue publicada hace unos días en la revista Science y es un trabajo que podría ser un hito en la historia de la investigación del envejecimiento; la primera prueba de un medicamento que detiene sensiblemente este proceso.

Encabezada por el doctor Nir Barzilai, director del Instituto de Investigaciones del Colegio de Medicina Albert Einstein en Nueva York, se ha desarrollado un ensayo clínico ambicioso: la creación de una droga llamada metformina, capaz de modificar el envejecimiento en algunos estudios con animales. Las pruebas han podido retrasar el desarrollo de varias enfermedades cuya incidencia aumenta drásticamente con la edad, como son las cardiovasculares, el cáncer y el deterioro cognitivo, junto con la mortalidad.

El equipo de científicos ha analizado a personas que rebasan los 100 años de edad, encontrando variantes en dos genes asociados con aumento de los niveles de lipoproteínas. También descubrieron en sus familias, niveles inusualmente altos de un péptido creado en las mitocondrias, las centrales eléctricas de la célula, llamada «humanina», una proteína que puede proteger contra el envejecimiento. Los estudios han sugerido que la metformina, reduce el riesgo de cáncer y la mortalidad y preserva la función cognitiva. El objetivo, dice Barzilai, es la ampliación del período de vida saludable.

Pero en un ejercicio de sinceridad, hagámonos la siguiente pregunta: ¿Conviene esto al planeta? El filósofo alemán Arthur Schopenhauer dice que «desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error». En lo personal, estoy convencido de que intentar prolongar la vida es uno muy grave y que nos lleva a enfrentarnos a una triste paradoja: Mientras más conocimientos e inteligencia hemos desarrollado, más destructivos e ineptos nos hemos vuelto. Hoy nadie puede poner en duda que somos la principal amenaza para las otras especies, para el planeta y para nosotros mismos.

Esto es difícil de aceptar, pues nuestra arrogancia nos los impide, pero hay un hecho incontrovertible: si en nuestras cortas existencias logramos dañar tanto al planeta y a nuestros semejantes, encontrar un camino para una vida más allá de lo natural resultaría en un gran desastre que ahora mismo no es más grande porque no vivimos más años. Estamos muy cerca de la confirmación de que se ha descubierto «La fuente de la eterna ineptitud».

 
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