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  Edición 637
  Pobreza y coronavirus
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Durante años, se han hecho esfuerzos por vincular desde diferentes análisis a la pobreza y a la pobreza extrema. Desde el ámbito rural hasta el urbano, se ha tratado de ver a la pobreza, —sobre todo a la de características extremas— como un fenómeno que trae como consecuencia exclusión social y desigualdad.

Definitivamente las condiciones de pobreza, atentan contra la dignidad y la autoestima de las personas, manifiestan la incapacidad de los gobiernos de garantizar por igual el acceso a la alimentación, a los bienes y servicios básicos que se requieren para la propia existencia y que deben ser asegurados por el Estado.

En América Latina, las condiciones de pobreza y privación social persisten en el marco de procesos globales y cambios socioeconómicos ocurridos durante las últimas décadas. Esto en lo general, ha generado incertidumbre en los ciudadanos, y en lo particular, ha afectado las condiciones y expectativas de bienestar que han provocado debilitamiento en los lazos sociales y en las relaciones de pertenencia, alterando identidades y dinámicas familiares.

Con la pandemia de Covid-19 a México no le resulta fácil hoy, ni le resultará fácil el mañana. La pobreza aumentará, disminuirán los niveles de salud humana y en el terreno económico, se interrumpen las cadenas de producción, se perderán ingresos, va ocurrir mayor desempleo y los mexicanos contraeremos más deuda.

Lo dicho, si bien es cierto que el coronavirus tendrá efectos devastadores en la economía mundial, en América Latina (México) afectará de manera más negativa. Por ejemplo: la actividad turística se va contraer, las exportaciones se van a reducir, con la suspensión de la cadena de suministros se afectará principalmente a países como México o Brasil, los precios de productos básicos se comienzan a desplomar y finalmente, se tendrá un temor a invertir.

A los muchos que carecen de un empleo formal y que se encuentran percibiendo algo menor que el salario mínimo, la enfermedad es igual a mayor factor de pobreza. Es por ello, que para muchos mexicanos existe el dilema de trabajar o perder ingresos. Muchas de estas personas para pagar alimentos y otros gastos básicos siguen trabajando hasta que el contagio los obligue a dejar de hacerlo.

En nuestro país, se especula mucho al respecto, la informalidad y la incertidumbre se añade a su #quedateencasa. Una posible solución pudiera ser la implementación de un plan de seguridad social no contributivo o con programas de ayuda de efectivo o asistencia temporal a las empresas informales.

 
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