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  Edición 637
  Llegó el torbellino
 
Rosa Esther Beltrán
   
  Dentro del clima de malestar, incertidumbre y paranoia que vive el planeta a causa del coronavirus como crisis sanitaria sin precedentes, ocurren acontecimientos que nos permiten vislumbrar en algunas naciones, y aun en la nuestra, una cantidad desmedida de información en la que se cuela la monotemática de esta que muchos llaman guerra política, así la clasificó el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Nos conviene administrar nuestros ánimos, no transmitir el estrés ni el miedo, hagamos sentir a los que conviven con nosotros en el aislamiento, que estamos a salvo, con actitudes de buen ánimo, con actos de bohonomía, afabilidad y honestidad, no permitamos que la inseguridad de los adultos se transmita a los infantes. Hable con ellos de la situación pero induciendo al diálogo franco, hagámoslos parte de la cadena de cuidados ante la pandemia, la sana distancia, el lavado de manos y de esta comunidad solidaria en la que cada uno asume su responsabilidad. Hábleles, hágales saber lo que viene, no espere a que se enteren por las redes sociales, los amigos o los medios de comunicación.

Amabilidad, gentileza, comprensión, démoslas en abundancia. Trate de mantener la rutina normal, hay muchas cosas que se pueden hacer, no les trasmita ansiedad a los suyos, vea a los niños, disminuya su contacto con los medios, no permitamos que nos intoxiquen con la información amarillista porque hay gente dedicada a transmitir verdades a medias o mentiras para crear escenarios macabros.

No se puede ignorar que en México la comunicación política del gobierno federal acerca de la evolución de la pandemia ha sido continua y clara, aunque ante la hecatombe que se está viviendo con casos confirmados en la mayor parte de Asia, Australia, Norteamérica y Europa, que crecen de forma exponencial, nosotros estamos todavía en una dimensión muy controlable de estos momentos críticos de la pandemia.

Hay hechos gratos. Gracias al desarrollo de las tecnologías digitales, los artistas, músicos, teatristas, escritores, bailarines y cantantes, ofrecen su arte, sus obras y su saber en línea a todos aquellos que de alguna manera nos vemos obligados a estar recluidos en el hogar, agrego que algunos de los más famosos museos del mundo también abrieron sus puertas en línea.

Por cierto, destacadísimas universidades de Estados Unidos, la de Yale, Princeton, Stanford, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y en Europa, la Escuela Imperial de Londres, ofrecen cursos gratuitos en línea de 6 u 8 semanas, todos de excelencia, una fabulosa oportunidad para elevar nuestros niveles de conocimiento.

Con el ánimo de compartir con usted la serenidad y la alegría de la vida, le ofrezco una linda poesía de Mario Benedetti.

Por qué cantamos

Si cada hora viene con su muerte

si el tiempo es una cueva de ladrones

los aires ya no son los buenos aires

la vida es nada más que un blanco móvil

usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo

la patria se nos muere de tristeza

y el corazón del hombre se hace añicos

antes aún que explote la vergüenza

usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte

si allá quedaron árboles y cielo

si cada noche es siempre alguna ausencia

y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por qué cantamos

cantamos porque el río está sonando

y cuando suena el río / suena el río

cantamos porque el cruel no tiene nombre

y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por el niño y porque todo

y porque algún futuro y porque el pueblo

cantamos porque los sobrevivientes

y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante

y no es bastante el llanto ni la bronca

cantamos porque creemos en la gente

y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce

y porque el campo huele a primavera

y porque en este tallo en aquel fruto

cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco

y somos militantes de la vida

y porque no podemos ni queremos

dejar que la canción se haga ceniza.

El cuerpo, protección o aversión

Las innumerables creencias con las que nos educaron, las que tenemos y heredamos, sobre el cuerpo humano y nuestro cuerpo, son muy peculiares.En algunas religiones, el cuerpo es una entidad pecaminosa, mala, que nos arrastra hacia pasiones inmorales, obscenas. No me estoy refiriendo a ninguna religión en específico, aunque tenemos la conciencia –en general– de que poseemos un cuerpo, pero en limitadas ocasiones o nunca nos damos la oportunidad de reflexionar con seriedad sobre él, ignoramos qué piensa, siente, crea y vive.

Darle al cuerpo buena dieta, deporte, vida sana y demás recursos, es lo natural, lo que corresponde para la vida. El apóstol Pablo dice en su Carta a los Efesios: “Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida” también es razonable el deseo de lucir elegante, de realzar la belleza física y disimular los defectos.

Pero preguntarnos ¿qué significa para mí tener un cuerpo? ¿es algo pesado? ¿significa trabajo, enfermedad, aburrimiento? ¿es latoso o lo consideras algo gozoso, alegre, dinámico, creativo?

Algunos creen que hay que darle mucha importancia al cuerpo, tienes que cuidarlo y aunque nos dijeron que venimos a esta vida a sufrir es mejor atenderlo, porque después, al irnos, dicen que todo será felicidad, iremos a un lugar ligero, pero muchos no creen que eso sea posible y entonces creamos nuestro infierno.

Es cierto que durante siglos se despreció el cuerpo, se exaltaba lo espiritual a expensas de lo corporal y la actitud ascética de abierta violencia en contra del cuerpo, eso no termina, aún vemos los espectáculos de la crucifixión en el mundo, sangre ofrecida a Dios.

Ante la depredación y los daños que los humanos hemos causado al planeta, el cambio climático, la falta de agua para el consumo humano, la contaminación de los océanos, la precariedad de la biodiversidad, la extinción de la vida animal y ahora el coronavirus, viene la conciencia de que en aras del bienestar de minorías hemos contribuido poco o mucho a destruir la vida y nuestra casa.

El recreo que se ofrecieron grandes multitudes de compatriotas en las playas u otros lugares turísticos muestra el desenfrenado culto al cuerpo a través de la diversión, cuando las autoridades ya habían advertido la necesidad de cuidarse por el avance veloz de la pandemia en el mundo entero, no es que se critique la diversión y el esparcimiento a los que todo el mundo tiene derecho, pero estamos en una amenaza en la que se juega la vida de multitudes.

Vemos a Italia y España devastadas, con miles de muertos por la pandemia, hablando con amigos españoles me describían los horrores que han vivido.

Ahora que entramos en el país a la fase 2 y se han emitido planes y lineamientos para enfrentar la pandemia, por cierto el presentado por el gobierno del estado es un plan preventivo meticuloso que ojalá tenga una difusión amplia que permita la prevención por parte de los comerciantes, las empresas y la ciudadanía.

Revisemos la concepción que tenemos de nuestro cuerpo, lo amamos o lo despreciamos, ahora que estamos en aislamiento cada uno puede determinar en dónde se encuentra en cuanto el amor a su cuerpo, y por ende, a la vida. Atendámoslo desde el cuidado y el cariño porque es la expresión de nuestra individualidad y de nuestra unicidad.

El sedentarismo y la alteración de horarios podrían ocasionar fatiga, lentitud física o mental, cambios en el ciclo de sueño y hasta depresión. Contra ellos, fomenta la comunicación con los tuyos, no te encierres en ti, las crisis son oportunidades, búscalas para fomentar la paz y la tolerancia. Así vas a enriquecerte y también a los tuyos.

 
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