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  Edición 636
  Negación
 
Marcos Durán
   
  Casi en todas partes, primero, ha habido una negación: las autoridades o la población no creen que sea real, a pesar de lo que les dicen los expertos que conocen mejor del tema. El siguiente paso es la negación externa. Bajo regímenes autoritarios, esto viene en forma de censura. En las sociedades abiertas, han atacado a los expertos que dicen que estamos ante algo muy serio. En algunos lugares, es una mezcla de ambos.

Tercero, viene la acción. A veces la sobrerreacción, que puede ser desesperada. Eventualmente, las autoridades se ponen a trabajar para enfrentar el brote. El éxito que tengan, depende de la rapidez con que se superan las dos primeras etapas.

Luego y ya lo verá, vendrá el juego de la culpa. Los gobiernos, los medios de comunicación, las víctimas, los expertos y el público señalando con el dedo. La quinta y última etapa, la autogratificación, glorificar los esfuerzos del gobierno que nos salvó.

Con base en esto, le pido que hagamos un escenario. Ya sabemos que el coronavirus llegó a México hace más de dos semanas. Todos los casos, hasta ahora, han sido importados de naciones europeas, pero a pesar de ello, observo que muchas autoridades siguen atrapadas en el proceso de negación, retrasando la acción.

Y le pongo un ejemplo palpable de que esto sucede en otros países que están atravesando el ciclo de crisis del coronavirus de diferentes maneras. Italia primero entró en negación y luego ante el desastre, puso a la nación entera bajo llave, y a pesar de ello el mayor aumento en las muertes por coronavirus en un día, pasando de 250 a 1 mil 266, y un aumento de 2 mil 116 casos, ahora en 14 mil 955. Italia cada día parece estar rompiendo nuevos récords sombríos.

La situación parece más grave para países como Estados Unidos, que salió de su etapa de negación para pasar Trump a declarar el estado de emergencia nacional.

Ahora hablemos del caso mexicano. Durante las semanas pasadas leí y escuché toda clase de opiniones, la mayoría basadas en la ignorancia. Las clásicas frases de «es más probable morir de diabetes y una larga lista de enfermedades o accidentes», pasando por los que, asumidos como expertos en modelos estadísticos predictivos, dijeron que «todos calmados, que no pasaba nada. Que las probabilidades para infectarse de coronavirus eran casi inexistentes, que si cada persona tiene un 99.994% de posibilidades de estar libre del coronavirus», lo que en términos de apuestas, suena muy bien, pero en el riesgo colectivo es muy diferente.

Pero, ¿qué decisión podríamos tomar? Si tengo suerte y usted está leyendo este artículo, le invito a tomar acción porque el coronavirus viene hacia nosotros a una velocidad exponencial. Es cuestión de días. Quizás una o dos semanas y cuando eso suceda, confirmaremos como nuestro sistema de salud que ya está desbordado, simplemente colapsará. Así como hoy sucede, veremos a la gente tirada en los pasillos de los hospitales y a médicos y enfermeras agotados por sus terribles condiciones laborales. Vamos, un día normal para los hospitales del IMSS, ISSSTE o el general de Saltillo.

Hasta ahora, lo único que ha funcionado para la disminución en el índice de contagios y de muertes, es el distanciamiento social. Eso lo hicieron en China y funcionó. Ahora lo está haciendo Italia y veremos los resultados. Lo están haciendo ya en México la sociedad civil que rebasa a los gobiernos. Lo empezaron a hacer el Tec de Monterrey, la Federación de Fútbol y algunas empresas.

Así que ahora le toca a usted decidir si le cree a AMLO que ya da pena con su actuación en el tema, o a Riquelme que pidió esperar a que se reuniera uno de los miles de consejos o comités estatales de lo que se le ocurra que existe, para decirnos lo que ya sabemos que nos va a decir: Que el coronavirus esta bajo control, que Coahuila está blindado. Mi sugerencia para usted entonces, es que deje de ser inmunológicamente ingenuo, porque aunque eventualmente harán algo, ya que la negación no puede durar tanto tiempo, la pregunta es, ¿qué tan rápido? Mientras tanto, entendamos que de esta no vamos a salir sin una fuerte dosis de responsabilidad colectiva. Que no nos abracemos para evitar el COVID19 y dejemos de creer que en Coahuila está blindado.

 
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