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  Edición 635
  Un nuevo continente
 
Esther Quintana Salinas
   
  Primera Parte

Los paradigmas son como mapas que sirven para orientarnos en la vida, sin olvidar que actúan bajo un patrón determinado. Romper con ellos no es tarea fácil, como no lo es mandar de la noche a la mañana a paseo creencias arraigadas, muchas de ellas desde casa, aprendidas cuando somos niños. Son tan fuertes que hasta los utilizamos como cedazos mentales para depurar la información que nos llega, para explicar los eventos que vivimos, para tomar decisiones. Muchas veces si no se alinean con lo que tenemos en mente, preferimos desecharlos.

El escritor norteamericano Stephen Covey expresaba que «Los paradigmas son poderosos porque crean los cristales o los lentes a través de los cuales vemos al mundo». Y esta introducción obedece a que hoy día en nuestro país, no obstante la barbaridad mandada a hacer por López Obrador en materia educativa, tiene que replantearse, o simple y sencillamente las nuevas generaciones que se estarán haciendo cargo del país en los diferentes ámbitos del quehacer humano el día de mañana, no podrán transitar con éxito y a México se lo va cargar el payaso. Así de claro y de llano.

Alex Beard, experto en educación, maestro durante muchos años en una escuela del sur de Londres, publicó el año pasado su libro Otras Formas de Aprender, producto de su experiencia docente y de un viaje por más de 20 países, que le sirvió para encontrarse con escuelas en las que se están desarrollando los principales métodos para enfrentar los desafíos que trae el siglo XXI. No sólo recogió los ejemplos más destacados sino que reflexiona sobre los temas más significativos que va a encarar la educación en las próximas décadas.

De entrada destaca que: «La creatividad, la capacidad de resolver problemas y la importancia de los maestros son los grandes desafíos de las escuelas. Y todo esto, envuelto bajo la gran incógnita de cómo manejar las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial».

Hace hincapié en que uno de los errores más graves que tiene la educación de nuestros días es que se sigue enseñando con los métodos utilizados por Sócrates hace dos milenios a niños que hoy tienen celulares y computadoras. Bajo esta lógica es muy difícil que haya un cambio de ideas respecto a cómo debe ser la escuela en la actualidad. Cambiar esto es el primer desafío. El segundo estriba en que hoy no se sabe con claridad en qué debe enfocarse la educación, teniendo en cuenta el futuro como asunto principalísimo. Se enseña, si acaso, pensando en que el niño pase un examen —aunque sea de panzazo— y pueda estar en el siguiente grado. Con todo respeto, aquí en México ni eso. Parten el alma las deficiencias con las que egresan de primaria, y de ahí para adelante. Es lamentable estar «preparando» para empleos y oficios que en el futuro van a ser realizados por robots. Ah… y que la culpa de esto se la carguen a los maestros.

No sé hasta cuándo se va a entender —o se van a dejar de hacer que la virgen les habla en la SEP— que la primerísima tarea es convertir al maestro o la maestra en la persona más importante de la comunidad, por una razón sustantiva: Son los que van a moldear la creatividad, la cohesión social, los que van a llevar a sentar las bases de una economía sólida y sostenible.

Está en chino mandarín que esto suceda si no se hacen los cambios de raíz que esto demanda. La carrera de maestro tiene, ya, que ser una licenciatura, no más normales, a la que solo ingresen los mejores entre los mejores estudiantes, como sucede verbi gratia en Finlandia y Singapur. El trabajo de maestro debe ser el más importante del presente siglo. En Finlandia, el rigor del ingreso es bien difícil, la carrera es muy dura, el nivel de exigencia es muy alto, aprobar y graduarse no es cualquier cosa.

Beard propone que después de titularse en la universidad debieran de pasar tres años combinando la enseñanza con el aprendizaje de otros maestros más experimentados, quienes los ayudarían a mejorar sus capacidades. El Estado debe esforzarse por darles autonomía y fortalecer su profesionalismo, en vez de culparlos porque las generaciones de egresados no consiguen dar el ancho en el mundo real.

Obviamente esto demanda la generación de la cultura del mérito en el gremio magisterial, a mayor entrega y mejores resultados de sus alumnos, mejor paga. Y esto requiere capacitación y evaluaciones periódicas, grupos de no más de 22 educandos a su cargo, e instalaciones de primera, entre otras modificaciones de fondo, a lo que hoy se tiene.

La enseñanza tiene que ser el trabajo más importante del siglo XXI. Estamos en un mundo en el que día a día nos damos cuenta que los recursos del planeta en el que habitamos se están mermando, nos vamos a ir quedando sin nada. Ah… pero tenemos un recurso que es ilimitado, la inteligencia humana, nuestro ingenio, nuestra capacidad para resolver problemas, y son nada más y nada menos, que los maestros quienes cultivan ese prodigioso potencial. Ergo, hay que tener a lo más selecto al frente de las aulas escolares, y hay que prepararlos para eso.

Hoy día los niños tienen que aprender tres cosas indispensables para responder con creces a los retos del futuro. Lo primero es a pensar de forma crítica sobre el mundo del que son parte, sobre el papel que quieren desempeñar a partir de un conocimiento pleno de ellos mismos. Lo segundo es aprender a actuar partiendo del desarrollo de su creatividad…

¿Por qué? Porque hoy tienen retos por delante que nuestra generación no tuvo, como por ejemplo el cambio climático y sus nefastas consecuencias, el aumento devastador de la desigualdad a pasos agigantados, un muy probable escenario en el que muchos de los trabajos de hoy vayan a ser realizados por máquinas. De modo que el desarrollo de la creatividad es sine qua non en los niños de hoy. Y no bastará con esto, tienen también que aprender a trabajar de la mano con nuevas tecnologías y en conjunto con otras personas. Y el tercer reto, aplicar esa creatividad en la solución de problemas que afectan al mundo de hoy.

Y… aprender a cuidarse ellos mismos y a las personas que los rodean. Estamos hablando del desarrollo del espíritu comunitario, de la erradicación del individualismo egoísta, por una conciencia de pertenencia auténtica al mundo del que somos parte. Es esencial ante una sociedad polarizada, cada vez más polarizada, que los educandos desarrollen su inteligencia emocional para ser capaces de conectar y empatizar con otras personas, sean de su propia comunidad o de la globalizada, de tal suerte que sean capaces de manejar su bienestar en un mundo en el que cada día es más complicado vivir.

También resulta muy importante que la educación que reciban en las aulas los ayude a encontrar sentido a las cosas que se hacen. Es decir, a entender que lo que están aprendiendo les va a servir allá afuera, les va a ser útil en sus actividades cotidianas, en lo que elijan para ser, estar y desarrollar lo mejor de ellos mismos.

Si se mantiene como canon irreversible el que los conocimientos deben aprenderse repitiendo y memorizando, pues sí, se retiene una cierta cantidad de los mismos, se aprende en cierta medida, acorde a la manera tradicional, pero si lo que aprendes te provoca una reacción emocional, que haga que te estremezcas, que te entusiasmes, incluso que te confundan o te hagan dudar, entonces la retención será mayor a la que te lleva la memorización. Cuando comienzas a hacer cosas que amas, que tienen que ver con tu identidad y tu manera de expresarlo, es cuando el aprendizaje, subraya Beard, tiene sentido.

¿Se imagina lo que sucederá si a alguien que le interesa el cambio climático, o le preocupa de verdad la desigualdad que fractura a la sociedad, cuando caiga en cuenta de que lo que está aprendiendo en las aulas le permite encontrar soluciones a problemas vinculados con dos temas tan propios de esta centuria? Eso le dará un significado especial a su aprendizaje. Sirve, sirve, se dirá a sí mismo. Estoy aprendiendo cosas útiles, aplicables a mi realidad, que constituyen caminos para encontrar soluciones viables a los problemas que tenemos los habitantes de este tiempo y de este espacio en el que yo estoy inmerso.

En el libro de Beard se plantea la conexión entre el aprendizaje, la tecnología y la inteligencia artificial… ¿Y cómo es eso? … (Continuará)

 
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